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James Sensenbrenner, congresista republicano del quinto distrito de Wisconsin (Estados Unidos), está de buen humor. La cumbre de Copenhague parece que va a fracasar. “Eso son buenas noticias”, dice a este diario. Junto a Sensenbrenner, otros cinco políticos republicanos han viajado a Copenhague para llevar un mensaje en el que debía ser el último día de la cumbre: “La ley de reducción de emisiones que el presidente, Barack Obama, envió al Congreso está muerta”.

Sensenbrenner considera que “el asunto del cambio climático se rige por el fascismo científico”. “Hay científicos que intentan callar hallazgos contrarios a los suyos y eso es fascismo científico, y por eso debemos tener una investigación independiente sobre el Climagate”.

El congresista se refiere a los correos electrónicos pirateados de la Universidad de East Anglia, en el Reino Unido, en el que, según los escépticos, éstos exageran el calentamiento. “Usaban la palabra truco, decían que los datos no apoyaban sus conclusiones”.

Según este congresista republicano, esta “ciencia política” ha llevado “a peores niveles de vida en Estados Unidos y Europa”.
“El fracaso de esta cumbre es una buena noticia, porque toda la arquitectura de Kioto ha llevado a naciones como China e India a creer que habrá una enorme transferencia de riqueza hacia sus países desde Estados Unidos y Europa. Sus peticiones apoyan esto”.

El congresista procede de un Estado con carbón y los republicanos presentes en Copenhague son de Estados petroleros, como Joe Barton, de Tejas, y John Sullivan, de Oklahoma; o con una poderosa industria del automóvil, como Fred Upton, de Michigan. Éste afirmó, sencillamente, que “la comunidad científica está corrompida”.

Su argumento es que no está probado que el cambio climático tenga origen en las emisiones de gases de efecto invernadero por la quema de combustibles fósiles, pese a los miles de científicos que lo han probado. Sensenbrenner resumió su postura de esta manera: “La ciencia del calentamiento global no está probada. Pero la economía del calentamiento global sí: es un exportador de empleos”.