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El hijo de doña Viola Rebeca Archibold Rodríguez, Federico Wilson Archibold, de 41 años, se confesó con EL NUEVO DIARIO y negó estar vinculado con la muerte de su madre, por lo que aseguró que las amenazas que han realizado públicamente los supuestos asesinos de su progenitora no le preocupan, debido a que no podrán implicarlo.

Michael Ángelo Pérez, quien aceptó de manera tácita en los juzgados de Managua haber participado en el crimen, amenazó con revelar cosas que supuestamente sólo Federico y su esposa Karla Montiel Velásquez, de 38 años, conocen.

“Puede señalarme de lo que él quiera, pero nada de lo que diga tiene base, porque yo no tengo ninguna participación en esta cuestión, yo a él no lo conozco y no sé lo que puedan hablar o inventar”, afirmó Wilson.

Otro de los detenidos es Ramón Bency Thomas, señalado por el Ministerio Público como coautor del crimen. También la acusación señala al hondureño y prófugo de la justicia, Ignacio Godoy Thomas. Wilson relató que cuando vio a los detenidos en la Dirección de Auxilio Judicial, DAJ, aseguró que Thomas y Pérez negaron frente a las autoridades policiales conocerlo.

La esposa de Federico se mostró molesta por los señalamientos, que según ella, sin base ha realizado en su contra uno de los detenidos, pero dijo no temer a los mismos.

“Ellos (los detenidos) no tienen nada que comprobarnos, nunca los he visto en mi vida, yo nada tengo que ver con eso, yo paso trabajando, y han querido envolver mi nombre en esto; yo quiero que los policías hagan aclaración y limpien mi nombre, por el contrario, mis hijas y yo cuidábamos a la señora”, expresó Montiel.

El subcomisionado Félix Villarreal, jefe del Departamento de Delitos Especiales de la DAJ, dijo que no descartan que se pueda involucrar en el caso a Federico Wilson, si acaso los detenidos aportan pruebas fehacientes que lo impliquen.

“Yo quería a mi mamá”

Wilson dijo que él quería a su madre y que no tenía resentimientos hacia ella, por lo que nunca hubiera mandado a matarla.

“Yo no tuve que ver nada con la muerte de mi mamá, más bien yo la cuidaba en la casa, pagaba todos los gastos de la casa: agua, luz, teléfono, cable, la llevaba a su mercado, la llevaba a pasear”.

Señala a su cuñado

Federico aseveró que cuando confrontó en la DAJ a los detenidos, Pérez le dijo que el yerno de doña Viola y esposo de Julissa, Erick Luna, es la persona quien les había ofrecido 500 dólares para realizar el robo a lo interno de la vivienda.

“En la cárcel, Miguel Ángelo creo que se llama, me dijo de que el yerno le iba a pagar 500 pesos, no sé si eran pesos o dólares, porque supuestamente hay un robo planeado internamente, supuestamente yo estoy involucrado a hacer el robo de manera interna, y cuando él me dice eso, el investigador me saca del cuarto y no me dejaron preguntarle más”, señaló Federico.

Hirió a su mamá

Wilson relató que su mamá, en 1993, compró una casa en el barrio Waspam Sur, y que ella le pidió que se la cuidara, pero que su hermana Julissa sin argumentos llegó exigiendo habitar en la propiedad. Después de un tiempo, doña Viola vendió dicha vivienda y compró otra en la colonia “Christian Pérez”, donde fue asesinada.

Aseveró que, en 2000, su hermana menor enojada por una decisión de su mamá, le hirió uno de los brazos a su progenitora con un cuchillo, por lo que él fue a interponer la denuncia en la Policía del Distrito Seis, pero en el lugar le dijeron que la acusación debía de interponerla la afectada.

“Tuvo un problema allí por una discusión por la casa, porque mi hermana se tenía que ir de la casa (de la mamá), pero quien vio todo fue mi tía Norvel; yo creo que mi hermana tenía un resentimiento hacia mi mamá, porque después de esa agresión, mi mamá me dejó cuidando la casa y la sacó a ella”, manifestó.

¿Todo por una casa?

La casa que dejó doña Viola la habitan actualmente Julissa y su esposo, pero Wilson asegura que su hermana Martha Lucía Cerna Archibold, quien reside en Estados Unidos, le comunicó que la propiedad está bajo su control.

“Los vecinos de la casa me dijeron que mi hermana estuvo sacando bolsas y bolsas de la casa, y nada de lo que había allí le pertenecía, es lo que no entiendo, ella se quedó en la casa, no sé quién le autorizó, pero eso no me importa”, indicó.

“Antes, ella (Julissa) y yo nos llevábamos muy bien. Ella me dejó de hablar el día que la mamá le dijo que nosotros nos íbamos a pasar a vivir allí en esa casa y la corrida era ella; jamás me volvió a dirigir la palabra. Ella llegaba a esa casa, y si mis hijas estaban viendo en la televisión de afuera, ella se los cambiaba”, contó la esposa de Federico.