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Entre 1973 y1974 hizo los arreglos musicales de los 10 temas de la Misa Popular Nicaragüense, que nació en la Parroquia San Pablo Apóstol, pero hace 38 años, cuando registraron la misa en el diario oficial La Gaceta, lo dejaron por fuera.

Ese guitarrista a quien el sacerdote español José de la Jara le solicitó los arreglos es don Manuel Salvador Dávila, ahora de 79 años, y quien reside en una humilde casa ubicada en la parte sur de la Colonia Nicarao.

Aunque sus amigos, entre ellos Denis Bolaños, son del criterio de que hay que rescatar esos derechos para el arreglista, don Manuel confió a EL NUEVO DIARIO que él no pide nada más que el crédito a sus composiciones.

La Misa Popular fue legalizada en 1971 (a través de una publicación en el diario oficial La Gaceta, número 234, del 16 de octubre de ese año) a nombre de las comunidades eclesiales, pero se cometió un error, al dejar por fuera al padre español que hizo la letra, y a don Manuel, compositor de los arreglos musicales. La inscripción la llevó a cabo el padre Mariano Velásquez, quien sucedió al padre De la Jara.

Historia de don Manuel

Don Manuel nació en Granada. Su madre se llamó Rosa Amelia Dávila. Desde muy niño comenzó a visitar al padre Romero, de la iglesia La Merced, y el sacristán le descubrió el talento que trajo de nacimiento: componer música. A la edad de 9 años le compuso cantos a las Hijas de María, de la Gran Sultana.

Cuenta que le enseñó a tocar la guitarra un señor de apellido Ceprena --quien fue un gran guitarrista granadino--, incluso las radioemisoras Sport y Mombacho se interesaron en proyectar a ese niño que, en poco tiempo, llegó a integrar un conjunto musical. A finales de los años 40, su madre lo trajo a vivir a Managua en busca de mejor fortuna.

“Cuando vine aquí (a Managua), en 1947, conocí una comunidad que se llamaba San Pablo Apóstol, y el guía espiritual era el sacerdote español José de la Jara. Ya se había formado la comunidad cristiana de base. Crecimos en la comunidad arreglando cantos cristianos que levantaron la participación de los colonos de la 14 de Septiembre”, recuerda don Manuel.

Las letras del padre De la Jara

Un día, el padre De la Jara, quien había conocido la capacidad de Manuel, le propuso hacer los arreglos para la Misa Campesina. “Manuelito, has hecho varias canciones. ¿Por qué no hacemos la misa?”, le preguntó. “Usted manda, padre”, le respondió aquel joven guitarra en mano.

Y así fue. El cura trabajó en las letras y don Manuel le puso la música. “A mí se me hace fácil hacer un canto con la ayuda de Dios, y aún lo puedo hacer con la edad que tengo”, dijo durante esta entrevista.

El primer canto que le escribió el padre De la Jara fue “El canto de entrada”, y luego vinieron los otros. Anduvo por toda Centroamérica cantando la Misa Popular Nicaragüense con el grupo que el músico constituyó en la comunidad San Pablo Apóstol.

Dijo que la misa que él compuso a veces la cantan en las iglesias de la 14 de Septiembre y de la Nicarao. “Lo hacen cuando quieren, pero también cantan la misa de Carlos Mejía Godoy”, agrega.

Las amarguras

También aclaró que los derechos que tiene sobre los arreglos de la misa se los cedió recientemente a través de escritura pública a Denis Bolaños, Presidente del Centro Cultural “Camilo Zapata”, al que la comunidad eclesial de base amenazó con demandarlo si se atrevía a grabar nuevamente esa misa, que dejó para la comunidad el sacerdote español de la Jara. Igual cosa la comunidad eclesial le negó a Elizabeth Galo.

“Yo no pido nada, solamente que se me reconozca mi autoría en la música de la Misa Popular Nicaragüense, no me da miedo enfrentarme a la realidad, y estoy feliz al estar con usted diciendo la verdad”, dijo don Manuel, quien también es autor de un canto que se llama “Solentiname”, ya que tuvo la oportunidad de conocer al padre Ernesto Cardenal.

Nos dice que ha compuesto unos 200 cantos y una buena parte de los mismos (sus letras y acordes) los mostró a EL NUEVO DIARIO, que lo visitó en su casa en la víspera de Navidad. Dijo que al sitio de Nicaragua donde iba llegando “yo le hacía una canción”.

Ahora es evangélico

Hace 22 años, don Manuel se convirtió al evangelio y ahora forma parte de la Iglesia Mi Redentor, del pastor Rodolfo Gómez. Hace muchos años también transmitió sus conocimientos en la guitarra a Flavio Galo (ya fallecido), el que posteriormente formó un grupo con su esposa, su hermana Elizabeth y la mamá de los Galo.

A Elizabeth, directora de la Escuela de Marimba “Flavio Galo”, don Manuel le acaba de componer una canción que lleva su nombre. También hizo cantos alusivos al Día de las Madres.

El compositor también aprendió el oficio de zapatero con su padre de crianza (un campesino), quien en una ocasión le dijo: “Mire, quiero decirle que a partir de hoy usted ya sabe trabajar, cuidado se me va a casar”.

“Cuando usted se lleve la primera mujer”, me dijo, “usted vaya haciendo rayitas en su mente”, y me puse a hacer rayitas en Granada, y por eso ahora mis hijos son muchos. Ahora me arrepiento, pero ya están las rayitas hechas. Mis hijos de aquí --en mi casa-- son ocho. Ahora vivo con mi esposa Socorro Acosta”, relató.

Don Manuel ha estado afectado de salud, después que pesaba 135 libras ahora pesa 70. Hace ocho años sufrió un derrame cerebral, “si me recupero, el Señor dirá la última palabra”, señala.

Hay que recuperar los derechos de don Manuel

Denis Bolaños, Director del Centro Cultural “Camilo Zapata”, de la Colonia Nicarao, dijo a END que se está en un proceso (lucha legal) por recuperar los derechos de autoría de don Manuel sobre la misa popular, y así después hacer una solicitud ante la Asamblea Nacional para que ese Poder del Estado le apruebe una pensión vitalicia.

Confirmó que desde 1971, cuando legalizaron los cantos de la misa, excluyeron al padre José de la Jara y a don Manuel, “por lo que ahora hay que restituirle ese derecho al guitarrista”.

“Las comunidades eclesiales de base deben devolverle a Manuelito ese derecho legal”, dijo Bolaños, quien afirmó que el guitarrista necesita de un abogado que le ayude a iniciar los pasos legales para recuperar sus derechos, y a los familiares del padre De la Jara, por lo consiguiente.

El padre De la Jara murió en Nueva York, después de haberse enamorado de una ciudadana filipina, quien había sido parte de la orden Maricknoll.

El sacerdote, antes de morir, pidió que su cuerpo fuera cremado, y que la mitad de sus cenizas fueran lanzadas en Masachapa y la otra mitad en España. Eso se hizo.