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Dos señales indican que bajo esa pila de escombros ya no hay vida humana: el intenso olor de la muerte y el cese repentino de los ya débiles quejidos y voces que pedían ayuda. Han pasado seis días desde el desastre, y las esperanzas de encontrar a alguien con vida se vienen desvaneciendo.

Así lo informó a END el general Mario Perezcassar, jefe de la Brigada Humanitaria de Rescate que Defensa Civil del Ejército de Nicaragua envió a ayudar a Puerto Príncipe, la derruida capital de Haití.

Por ello las autoridades centrales de Haití y la Organización de Naciones Unidas, ONU, que organizan las labores de rescate y de atención humanitaria en las ciudades devastadas por el terremoto del pasado martes, analizan la pronta suspensión de las misiones de búsqueda de sobrevivientes en las ruinas, y sepultar para siempre los escombros del desastre.

La decisión es estrictamente sanitaria: la descomposición de los muertos, sumado a las difíciles condiciones sanitarias del país, pueden generar una epidemia tan destructiva como el terremoto mismo que el martes de la semana pasada azotó Haití.

4 rescates exitosos

“La realidad aquí es superior a todo lo que puedan informar los medios”, dijo el general Perezcassar, para explicar las duras condiciones de sobrevivencia que hoy imperan en ese país caribeño.

La brigada humanitaria llegó al país el pasado 14, y en intensas jornadas de búsqueda, salvamento y rescate, han logrado rescatar a cuatro personas en más de 50 barrios que han recorrido buscando vidas.

“Ha sido una labor muy ardua, muy pesada, las condiciones en Puerto Príncipe, no es sólo lo que refleja el drama humano, hay una destrucción del 80 por ciento, de cada 10 casas 8 están destruidas”, informó a este medio desde Puerto Príncipe el militar nicaragüense.

Explicó las causas de por qué la misión es difícil: la capital tiene unas elevaciones de terreno que caen luego en una hondonada y suben, hay cuatro ciudades que se unen en una sola en esas mismas condiciones del terreno.

Unos sobre otros

Los edificios de las zonas más altas, cayeron sobre las zonas más bajas y las enterraron.

“Eso hace muy complejo el trabajo de búsqueda, salvamento y rescate, porque hay subidas, bajadas, rincones…”, detalló Perezcassar a END.

Aun con la participación de equipos especializados de más de 45 países, los datos de rescatados con vida son bajísimos: la ONU reportaba, hasta ayer a 60 personas rescatadas con vida, incluyendo las cuatro que rescató el equipo nicaragüense junto a colegas peruanos en extenuantes jornadas de hasta 16 horas.

El reporte del jefe militar nicaragüense desde la zona de desastre indica que el componente de rescatistas ha logrado trasladar a más de 100 heridos, y el equipo médico se multiplica para atender a una población urgida de todo, desde medicinas hasta agua y pastillas para enfermedades comunes.

80 por ciento destruido

“El puesto médico atiende en un centro de albergue gigantesco, han encontrado casos de fracturas, heridos, y más de 700 atenciones médicas de todo tipo”, dijo Perezcassar sobre el equipo que integran una doctora especialista en traumatología, un cirujano y dos médicos generales apoyados en cuatro enfermeros.

Las evaluaciones de daños realizadas por los expertos en Defensa Civil, revelan que en casi 50 barrios que han atendido, más del 80 por ciento de las infraestructuras verticales están destruidas.

“Hay barrios enteros destruidos, todavía no hay agua, falta medicina, hay mucho caos en la calle por la falta de alimentos”, dijo a EL NUEVO DIARIO.

Explicó que en algunos sectores, a partir de las 6 de la tarde, comienza el caos, la desesperación de la gente por encontrar algo de alimento y medicina.

Las fuerzas multinacionales de la ONU han recomendado no operar después de las 6 de la tarde, pero ellos aseguran que han operado hasta altas horas de la noche y por la madrugada con ayuda de intérpretes y de voluntarios haitianos.

Más que los actos vandálicos, dijo el jefe de la misión, lo que está dificultando el trabajo es el hedor de los cuerpos descompuestos y atrapados en los escombros.

Ayuda lenta y ambiente hostil

“No hemos podido ver un centro de albergue del tamaño que pensábamos por la magnitud del evento, a pesar de la inmensa ayuda que está llegando, pero esa respuesta, cuando uno sale, todavía no se siente”, dijo, y comentó la experiencia del colectivo en ese sentido.

“El ambiente es hostil, cuando lo ven a uno creen que uno lleva comida, agua, mascarillas, alguna solución inmediata; nosotros explicamos que andamos buscando vidas, y son ellos quienes nos han llevado a sitios donde se oyen quejidos”, comentó Perezcassar.

El jefe militar narró un poco la visión apocalíptica del drama que demuestran las imágenes enviadas desde la zona: calles atascadas de escombros, población desorientada deambulando por las ruinas, gente llorando e implorando ayuda, personas saqueando negocios, edificios modernos y hoteles de lujo destruidos igual que barriadas enteras.

Desastre del 72 se quedó corto

El general de Brigada dijo que en comparación al terremoto que destruyó la ciudad de Managua en 1972, el último referente grave de un sismo en Nicaragua, el de Haití era de proporciones colosales.

“Esta tragedia es superior al terremoto de Managua de 1972. Es una zona con dos tipos de morfología, montañas altas, casas juntas con tipos de construcción muy deficientes y sin control de urbanismo, zonas planas y zonas pobres, y zonas de clase media, todas están por igual arrasadas”, dijo ante preguntas de este Diario, y explicó otras causales de la tragedia vinculadas a la pobreza y a la falta de preparación de ese pueblo ante los sismos.

“Managua fue un sismo de 6.2 en una zona plana donde vivían alrededor de unas 300 mil personas, aquí la extensión es de cuatro ciudades, habitan tres millones de personas y quizá dos millones viven en casas de extrema pobreza, para que uno se dé idea de la debilidad de las construcciones destruidas”, dijo.

Reveló que en las inspecciones que ellos han hecho para evaluar el daño, han encontrado que las paredes de bloques no llevan varillas, y que las casas no tienen soportes antisísmicos.

“Y como no habían vivido un terremoto en más de 200 años, y la amenaza eran los huracanes, nadie estaba preparado para esa amenaza, por eso muchas de las casas, la mayoría, tienen grandes losetas, no son techos con formaletas o tejas, eran planchas de cemento (para evitar que volaran por los aires con los huracanes), y creo que eso ha sido una trampa mortal, porque esos techos cayeron sobre la gente”, analizó Perezcassar.

Una gran tumba

“Hoy nos decían que el gobierno va tomar una decisión, que es lo que está normado después de seis días de desastre, no se espera encontrar sobrevivientes y tendrán que comenzar lo que se llama escombreo y limpieza, si no lo hacen viene un nuevo desastre”, por las epidemias por la exposición de los cadáveres al aire libre y por los otros atrapados en las ruinas.

Ayer mismo, según agencias de prensa desde Haití, el ministro haitiano de Salud, Alex Larsen, hablaba que unas 50 mil personas han muerto y 250 mil resultaron heridas por el terremoto, así como entre 750 mil y un millón de habitantes se quedaron sin vivienda.

Cerca de 25 mil cadáveres habían sido recuperados y enterrados en fosas comunes, pero el resto se encontraban atrapados en las ruinas. Se ha dado la orden a brigadas médicas de incinerar entre las ruinas a nuevos cuerpos en avanzado estado de descomposición, mientras se inician las labores finales de demolición de las ruinas, con lo cual pronto Puerto Príncipe será una gran tumba a cielo abierto para más de 25 mil personas cuyos cuerpos siguen bajo los escombros.