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PUERTO PRÍNCIPE / AFP

Las tareas de socorro se intensificaron este lunes en un Haití acechado por la violencia a medida que la ONU y varios países dan los primeros pasos para planear su reconstrucción, tras el terremoto de hace seis días que dejó unos 70,000 muertos.

Brigadas de todo el mundo luchan para atender a cientos de miles sin techo, heridos y desesperados por comida, agua y medicina. La situación es caótica por cuenta de los saqueos y brotes de violencia, ante lo cual el gobierno haitiano decretó el estado de emergencia.

"Los precios de la comida y los transportes se dispararon desde el martes pasado, y los incidentes violentos y los saqueos están en aumento, al tiempo que la desesperación crece", advirtió el Comité Internacional de la Cruz Roja en un comunicado.

La violencia alcanzó a los socorristas. Ayer lunes, un estadounidense murió durante una operación de ayuda internacional, en circunstancias aún no aclaradas, mientras que otros tres fueron tratados por heridas menores.

El barrio comercial del centro de Puerto Príncipe estaba prácticamente en poder de los saqueadores, que escarbaban entre ruinas a veces arriesgando hasta sus vidas, observó un periodista de la AFP.

Por su parte, el ex presidente estadounidense Bill Clinton, enviado especial de la ONU a Haití, llegó a Puerto Príncipe para coordinar la entrega de asistencia.

A la par con los esfuerzos en el terreno, se realizó en Santo Domingo una reunión sobre la reconstrucción, presidida por el mandatario haitiano, René Preval, que estuvo acompañado por su par dominicano, Leonel Fernández, y de varios jefes de Estado del Caribe.

10 mil millones para reconstruir

"Necesitamos en Haití la estabilidad política, económica, tenemos que reforzar las instituciones democráticas", subrayó el mandatario, mientras Fernández estimaba en 10,000 millones de dólares el coste de la reconstrucción y de la estabilización del país.

Esta reunión precede a otras, la siguiente en Montreal, el 25 de enero a nivel ministerial.

Desde Nueva York, el Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, pidió al Consejo de Seguridad aumentar en 3,500 efectivos las fuerzas de paz en Haití. Antes del terremoto, el organismo tenía 9,000 hombres, incluidos 7,000 militares de 18 nacionalidades, de los cuales varias decenas perecieron en la catástrofe.

"Las cosas desgarradoras que vi ayer (domingo) nos obligan a actuar rápida y generosamente", dijo Ban, que visitó Haití el domingo y regresó a Nueva York con los restos de algunos de los funcionarios fallecidos. Al menos 46 funcionarios de la ONU murieron y más de 500 están desaparecidos.

El gobierno haitiano anunció que unos 70,000 muertos habían sido enterrados hasta el momento en fosas comunes. Las fuerzas estadounidenses desplegadas en el país caribeño avanzaron, por su parte, la cifra no confirmada de 200,000 fallecidos.

El terremoto dejó, asimismo, al menos 250,000 heridos y millón y medio de personas sin hogar. Unas 75 personas fueron rescatadas vivas hasta el domingo, según una vocera de la ONU.

Ayuda trabada

La ayuda sigue obstaculizada por dificultades logísticas. El aeropuerto está congestionado y su torre de control inutilizable, el puerto quedó destruido y las de por sí precarias carreteras están cortadas por montañas de escombros.

Y cada día siguen llegando nuevos heridos a los hospitales instalados en la ciudad. Piernas y brazos aplastados por paredes y vigas de cemento, heridas infectadas o gangrenas hacen inevitable la amputación de los miembros, explican los médicos.

"Nunca vi nada igual, heridas infectadas y llenas de larvas", afirma el médico francés Jacques Lorblanches, de la organización humanitaria Médicos del Mundo, que perdió la cuenta de las amputaciones que realizó en las últimas 48 horas en Puerto Príncipe.

A pocos metros, Marie-Françoise lanza aullidos de dolor tras la amputación de su brazo izquierdo. Sus padres fallecieron sepultados en la casa familiar, y ella permaneció horas atrapada antes de que los vecinos la rescataran, provocándole una amputación natural de la extremidad.

"Me siento feliz porque estoy viva, pero no quiero pensar en mi futuro. He perdido todo y no podré trabajar", afirma entre sollozos.