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El conocido y apreciado artista plástico nicaragüense Genaro Lugo, se rindió la muerte ayer jueves 21 de enero a las 3: 05 de la tarde. Fueron 76 años los que vivió este creador, cuya obra le valió reconocimientos más allá de Nicaragua.

Lugo fue unos de los más destacados pintores del famoso grupo de artistas e intelectuales que causó época en los años sesenta, bajo el nombre de “Praxis”, y en el que destacaron brillantes exponentes de las artes plásticas, como Alejandro Aróstegui, Leonel Vanegas, Leoncio Sáenz y Arnoldo Guillén, entre otros.

De 1959 a 1963, Genaro estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes; en 1963 formó parte del Grupo “Praxis”; del 67 al 69 estudió en la Academia de Bellas Artes de Florencia, Italia.

Genaro falleció víctima de cirrosis hepática, y según informó su esposa, doña Erayda Baca, comenzó a sentir los efectos de la enfermedad en noviembre del año pasado, después de que una hija suya lo llevó donde el médico, para luego ser atendido varias veces en el Hospital “Manolo Morales”.

El talentoso pintor nicaragüense fue enviado luego al Hospital de la Policía Nacional “Carlos Roberto Huembes”, donde estuvo hospitalizado hasta su deceso, según informó su esposa, con la cual el pintor convivió en su casa de la Colonia Centroamérica durante 42 años.

Genaro Lugo nació en El Salvador, en 1933, después que sus padres emigraron a ese país debido al conflicto armado producido por la sublevación de los generales Luis Mena y Marcelo Castañeda, contra el gobierno conservador de Adolfo Díaz, apoyado por Estados Unidos.

Fama y bohemia

Según Erayda, la bohemia de los pintores, la fama, los viajes a Europa, los premios que recibió, le hicieron probar vinos, güisquis y tequilas, aunque no bebía ron. “Finalmente terminaron por hacerle daño”, lamentó. La esposa del artista nos mostró más de cien obras de su esposo, en cuadros que permanecen distribuidos en todas las paredes de su casa de habitación.

El pintor procreó cuatro hijos con Erayda, el menor de ellos falleció a los quince años en El Salvador, después de que su madre lo sacó del país durante la guerra contra la dictadura somocista. Los otros son dos varones, Genaro y Danilo, y una mujer, Cristian, que también es artista plástica.

Una fiesta y ahí comenzó todo

Cuando tenía catorce años y vivía por la iglesia San Antonio, de la vieja Managua, a través de unas amigas, Erayda conoció a Genaro. Entonces a ella no le gustaban los hombres de baja estatura, pero el destino la llevó a unirse al pintor.

Fue por un bautizo que hubo en su casa que conoció a Genaro, quien antes había sido novio de varias de sus amigas. Entonces Lugo vivía en el barrio San Sebastián. Erayda esperó a un amigo que saliera de clases y le habló de la fiesta, y lo invitó a que llevara a otros muchachos… “y ahí iba quien iba a ser mi marido”, dice.

“Era guapísimo, y hasta le llegué a decir muñeco”, dice Erayda, quien recuerda que, en cierta ocasión, luego de una decepción amorosa con una de sus amigas, Genaro le dijo: “Viéndolo bien, estoy enamorada de vos”. Erayda le dijo: “Ah, no. Yo no voy a ser plato de séptima mesa”. “Es que a mí me enamoraban en esa época unos ocho hombres”, recordó.

“Yo era coqueta y media, y bueno, él comenzó a enamorarme. Yo le dije que no, porque no era mi tipo, pero él comenzó a investigar con mis amigas sobre las cosas que me gustaban”, recuerda Erayda, quien confiesa que Genaro le encontró “su lado flaco” cuando le obsequió música de Lucho Gatica, de Antonio Prieto y de Bievenido Granda, entre otros.

Lugo le llegó al corazón a Erayda poniéndole una serenata en la que él mismo cantó, “y claro, ahí vino el flechamiento terrible”, confiesa. Erayda también recordó que en muchas ocasiones Genaro cantaba junto a otros amigos en los cumpleaños del doctor Danilo Aguirre.

Recuerda que Genaro tenía un gusto exquisito para vestirse “y para regalarme y para comer; él era de aceite de olivas, le gustaban tenedores de plata, se vestía con combinaciones entre la faja y los zapatos y el pantalón con la camisa. Con eso le cayó bien a toda mi familia, y nos casamos en 1957, cuando yo tenía 17 años”.

Antes de comenzar su noviazgo con Genaro, Erayda le puso condiciones que el pintor aceptó de antemano. Primero, pedir permiso a su mamá, también tenía que llegar a las siete de la noche en punto a hacer la visita, “porque si llegás cinco minutos más tarde ya no me vas a encontrar. Yo no te voy a estar esperando, y si alguien me dice que andás con una mujer en la calle, hasta ahí nomás llegamos”, le dijo.

“Pasó tres días esperando para poderme dar el primer beso; la luna de miel fue otra tragedia, porque tenía que ser con calma todo”, dice la esposa del pintor, de quien da cuenta que siempre tuvo un carácter muy recto.

La Feria Mundial de Nueva York

En 1963, las obras de Lugo fueron seleccionadas por el crítico cubano José Gómez Sicre para ser exhibidas en la Feria Mundial de Nueva York. Expuso sus pinturas en Alemania, Costa Rica, Japón, Bulgaria, Puerto Rico, San Salvador, México y otros países. En 1990 fue distinguido con la orden de la Independencia Cultural “Rubén Darío”.

El poeta Álvaro Urtecho describió a Lugo como “un pintor obsesionado con la redondez, con las redondeces mórbidas, carnosas, que nos remontan, a través de una ejecución eminentemente rítmica, al mundo y trasmundo fetal: el nacimiento como muerte, la muerte como nacimiento, el génesis como fin, el fin como génesis. Semilla y resurrección. Semilla para florecer y dar vida. Semilla bien ceñida dentro de su piel, lista para explotar, para ofrecernos sus pulpas y vulvas recónditas en un canto cósmico al universo que siempre nace y muere, muere y nace…”