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Camina entre los cerros de basura con los pies descalzos. Lleva puesto un pantalón oscuro y tan desteñido como su camiseta crema. “Nunca he ido a la escuela porque tengo que ayudar a mis padres en la recolección de plástico”, dice Javier, en medio de una columna de humo que lo envuelve debido a la quema de basura. Tiene 12 años, y el mismo tiempo de vivir esa realidad en el asentamiento La Chureca.

Se levanta a las siete de la mañana todos los días. Selecciona plástico para luego lavarlo. “Mis padres viven del reciclaje”, cuenta Javier, con la cara sucia y maltratada por el sol. Ya son las cuatro de la tarde, y la recolecta de materiales está que empieza para este niño, que se alista para recibir un camión que entra cargado al basurero. Revisa su saco, lo cuelga del hombro y toma su gancho en busca de algo.

Si bien han sido logros significativos que Nicaragua ratificara la Convención sobre los Derechos del Niño en 1990, y luego haber creado la Ley 287, Código de la Niñez y la Adolescencia en 1998, todavía la niñez se observa desfavorecida por consecuencia de incumplimientos. En el tercer capítulo, artículo 33 del Código, se menciona el derecho que tienen todos los niños y adolescentes al disfrute de salud física y mental, educación, tiempo libre, medio ambiente sano y recreación.

Al menos sirve

Comparando con la realidad de La Chureca, todo lo que estipula cada hoja de papel de todo este Código, se observan muchos vacíos, pero no cabe duda de que sería un material de provecho en aquel lugar, pues sería reciclado por los niños a cambio de unos cuantos centavos.

El trabajo infantil, según el Convenio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), expone al niño a que sea abusado de manera física, psicológica o sexual; especialmente en las labores que realizan bajo tierra, agua, en alturas peligrosas o en espacios cerrados.

Un estudio realizado por los miembros del organismo Dos Generaciones, entidad que trabaja con los niños del barrio Acahualinca, destaca que el 20 por ciento de los niños trabaja en este basurero durante más de 40 horas semanales. Fueron censados 110 niños en este lugar, es decir, 22 niños realizan esta labor casi seis horas diarias en un ambiente contaminado, donde están expuestos a contraer enfermedades.

Tres de cada 10 niños que viven y trabajan en el basurero padecen altos niveles de plomo, según otro estudio realizado por la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN- Managua). “Poseer plomo trae como resultado anemia, debilidad, estreñimiento y parálisis en muñecas y tobillos”, según la enciclopedia virtual Encarta 2009.

Por tanto, todas las personas que conviven en este vertedero situado en la parte noroeste de Managua, vecino del Lago Xolotlán, se encuentran en extremo riesgo de salud, y sólo tienen un puesto asistencial para atenderse, el cual pertenece al organismo Funjofudess.

Contraste

La Convención sobre los Derechos del Niño y la Niña subraya que los estados partes reconocen el derecho del niño a la educación, pero en este asentamiento no se lleva a la práctica. Sólo existen dos centros educativos, el preescolar Ositos de Oro y el colegio de primaria La Esperanza.

“La mayoría de niños que asiste al colegio se caracterizan por ser reprimidos y callados, unos, e hiperactivos, otros”, dice Josefina Briceño, profesora del segundo grado de La Esperanza.

La Chureca ahora se encuentra en un contexto de cambio a través de un proyecto de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid). En el sitio web oficial de este organismo (www.cooperacionespañola.com) aparece un artículo acerca del surgimiento de este proyecto. La vicepresidenta primera del gobierno español, María Teresa Fernández de la Vega, en su visita “prometió el cambio para ellos”, se cita este artículo.

Después de ese encuentro, en abril de 2008, el equipo de consultores españoles Tragsa visitó el basurero, el asentamiento y sus alrededores, para crear el Programa de Desarrollo Integral del Barrio de Acahualinca, con tres fases.

La promesa

La primera fase es un análisis diagnóstico de los problemas, después el desarrollo de las áreas de trabajo, y, la última, la formulación del proyecto. Tiene previsto mejorar las condiciones habitacionales del barrio, fortalecer la integración comunitaria a través de los servicios urbanos del barrio, promover la gestión adecuada de los residuos sólidos urbanos, integrar la gestión en la economía formal, facilitar el acceso de la población más desfavorecida a los servicios sociales y mejorar las condiciones económicas.

El presupuesto para ejecutarlo por parte de la Decid es de 29 millones 995 mil 306 euros, más 3 millones 112 mil doscientos euros por parte de las contrapartes como la Alcaldía de Managua y el Instituto de la Vivienda Urbana y Rural (Invur), según el proyecto elaborado por Tragsa.

La situación socioeconómica de La Chureca debe ser expuesta dentro de los parámetros generales de Nicaragua. Según el Informe sobre Pobreza en Nicaragua, publicado en 2007 por el Instituto Nacional de Información de Desarrollo (Inide), la incidencia de la pobreza es elevada. Las tres cuartas partes de la población (75.8%) sobrevive con menos de dos dólares al día.

Uno de los servicios básicos con que deben contar las familias son los alcantarillados. En La Chureca, las viviendas no cuentan con alcantarillado. Sumado a eso, el camino que lleva por todo asentamiento se muestra con pequeñas lagunas producto de las lluvias y de la carencia de desagües.

No hay visión

En las escuelas de esta zona, muchos de los niños tienen como metas ser los mejores “churequeros” del sitio, y existen muy pocos padres que les inculquen que deben salir adelante y buscar una profesión. La profesora Briceño comenta que el año pasado, en La Esperanza, iniciaron 50 niños en segundo grado y culminaron 48, pero esto no refleja la verdadera retención escolar, sino la verdadera necesidad del desayuno y del almuerzo que se les brinda.

Además, se les ofrecen útiles escolares y uniformes mediante un programa de ayuda internacional llamado Corazones Abiertos. El asistir a clases no se visualiza desde un punto de vista integral, sino de buscar recursos.

Briceño también comenta el desinterés que muestran la mayoría de los padres por el rendimiento académico de sus hijos. “Dos o tres padres son los que vienen a preguntar, los que están atentos a sus hijos”, agrega la educadora.

Ella recuerda que el colegio se fundó hace 11 años con el nombre Ositos de Oro. Dos años después adoptó el nombre que hoy todavía prevalece. Fija su mirada en las nubes y empieza a relatar aquel momento. “Venían descalzos, despeinados y sucios. Ahora la mayoría viene con zapatos, bañados, y con su camisa y su pantalón limpios”, comentó Josefina entre risas.

En la ejecución del proyecto de la Cooperación Española en La Chureca, durante los cuatro años que tienen previstos para su realización, ¿qué pasará con las personas en medio de esta transformación? Es importante señalar este aspecto, porque es una inquietud que tienen muchos habitantes del asentamiento.

¿De qué vamos a vivir?

En el proceso de transformación del basurero, cuando las personas sean reubicadas en condiciones que les brinden seguridad, se crearán más escuelas, centros de salud, espacios para recrearse, y, sobre todo, educación para los niños y no trabajo. Pero mientras eso ocurre y se consuma, ¿qué pasará con nosotros? ¿De qué vamos a vivir?, se preguntan.

Otro aspecto es el de posponer el inicio del proyecto, debido a la poca coordinación de las instituciones de Nicaragua con la cooperación española. Según la formulación original del proyecto, estaba previsto a iniciar en mayo de 2008.

Que se realice el proyecto de la Cooperación Española crearía una base más sólida para el cumplimiento de la Convención de los Derechos del Niño. Esto viene a afianzar el derecho de la niñez y la adolescencia de La Chureca a crecer en un medio ambiente sano, educación para todos y recreación.

“Yo sólo pienso en ver a mis hijos en una casa bonita”, comenta Francys Rodríguez, habitante del asentamiento La Chureca. Ella tiene la ilusión de dejar su casa hecha de zinc viejo, donde sólo hay un cuarto que también sirve de sala. Sueña con perder el olor a basura descompuesta, dejar de respirar el humo que contamina y dejar de observar los zopilotes cerca de su vivienda.

Esperan cambio

A partir de la visita que hizo la señora Fernández de la Vega al basurero, muchas personas esperan el cambio radical en sus vidas y en la de sus familias, especialmente en el futuro de sus hijos. Manejan el tema de manera general, que se ejecutarán proyectos socioeconómicos en beneficios de los habitantes que viven en el vertedero en extrema pobreza.

No ha habido información completa debido a la distancia que ha tenido la cooperación y el silencio de la Alcaldía de Managua, el Instituto de la Vivienda Urbana y Rural (Invur) y otros implicados.

Mientras inicia y avanza la ejecución del proyecto, Javier seguirá caminando descalzo entre la basura, esperando el siguiente camión en busca de material para reciclar. Doña Francys seguirá soñando, mientras los zopilotes y el humo le adornan la vivienda. En tanto, las leyes, códigos y reglamentos serán cada vez más extensos, como las necesidades y los esfuerzos diarios que la profesora Bonilla hace por cambiar esta realidad.

Colaboración