José Adán Silva
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La reserva de biosfera de Bosawás, que en 20 años ha perdido casi el 60 por ciento de su masa boscosa, podría desaparecer en un corto lapso si continúa el ritmo de deforestación al que ha sido sometida desde 1990.

Éstas son las estimaciones del sociólogo Cirilo Otero, director del Centro de Iniciativas de Políticas Ambientales (CIPA), organización no gubernamental que viene denunciando la degradación de la reserva desde 1999.

“Las denuncias sobre el despale en Bosawás son viejas. Es un problema que ha estado vinculado a intereses económicos de grupos vinculados a la clase política y empresarial, ha sido un proceso de deforestación bastante acelerado y no ha habido manera de detenerlo”, denunció.

Queja antigua

“CIPA hace diez años denunció que en todo el país se estaban cortando aproximadamente 100 mil hectáreas de bosques al año, y que Bosawás estaba siendo sometida a un ritmo de explotación alucinante, pero nadie hizo caso”, se quejó, agregando que las denuncias abarcaron la explotación y caza ilegal de animales exóticos en las reservas naturales de Indio Maíz y Los Guatusos, al sur del país.

“Ninguno de los últimos cuatro gobierno ha tomado con seriedad el asunto. Con las denuncias convocan a reuniones, dictan medidas temporales, sacan a militares a retenes, pero al mes, cuando se calman las aguas, la destrucción regresa”, denunció.

Cirilo llamó la atención al gobierno central, a las instituciones y a las organizaciones de la sociedad civil, a apoyar la lucha de las comunidades indígenas que luchan por salvar sus ecosistemas.

Ritmo infernal

“A lo que menos atención se la ha puesto, es a la resistencia solitaria de las comunidades indígenas que tratan de preservar sus ecosistemas, frente a organizaciones poderosas y grupos de personas sin escrúpulos, que incluyen alcaldías, autoridades regionales y funcionarios estatales”, denunció.

Otero planteó que si en 20 años, transcurridos desde 1990, la reserva ha perdido el 60 por ciento de su capacidad, el restante 40 por ciento podría desaparecer en 20 años o menos, si la tala continúa a ese mismo ritmo.

“Las hectáreas de bosques que se van cortando no se vuelven a recuperar, son perdidas para siempre, a menos que se logre alejar a la población de esas zonas durante 20 años consecutivos, y eso es imposible con las condiciones de pobreza de este país”, advirtió.

Otero recordó que a la degradación del bosque no sólo se han sumado factores humanos vinculados a situaciones de pobreza y explotación comercial, sino también desastres naturales.

Más ganado que árboles

“El huracán Félix destruyó miles de hectáreas de bosques y luego los incendios forestales han hecho otro tanto. Todo influye en la degradación del medioambiente”, señaló.

Las estimaciones del sociólogo coinciden con un estudio aparte, dado a conocer el año pasado por el gobierno de Nicaragua, realizado por el Ministerio Agropecuario y Forestal, el Instituto Nacional Forestal y la FAO, denominado Inventario Nacional Forestal, Nicaragua 2007-2008.

Dicha investigación reveló que la superficie boscosa del país se ha reducido al ritmo que van creciendo las hectáreas dedicadas a la ganadería extensiva.

Al año pasado se registraba una superficie boscosa de 3.2 millones de hectáreas, mientras que las áreas dedicadas a la ganadería alcanzaron las 3.6 millones de hectáreas. Es decir, ahora hay más pastizales que bosques.

Además, el estudio reveló que en 60 años la masa de bosques del país se ha reducido a la mitad. En 1950 se calculaban 6.4 millones de hectáreas de bosques, reducidas a 3.2 millones de hectáreas desde entonces, a un ritmo de tala de 55.100 hectáreas de superficie boscosa por año desde la fecha meta.

Este ritmo de deforestación alcanzó su mayor nivel de depredación en los años 90, al subir la tala de árboles a 77.000 hectáreas de selvas por año.