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El mapa geológico de Managua tiene una datación muy corta hacia años atrás, lo que permite espacios para la especulación, el empirismo, y hasta embrujos para pronosticar un terremoto, hecho que científicamente no ha podido comprobarse en ninguna parte del mundo hasta hoy.

Lo anterior no exime de una tesis realista: la capital de Nicaragua está basada en lo que geológicamente se denomina “el graben de Managua”, espacio delimitado por dos grandes fallas ubicadas en los extremos más planos de la ciudad. Por el oeste, está la falla Mateare que viene desde el municipio del mismo nombre hasta Las Nubes y mide más de 70 kilómetros. En el este, está el sistema de fallas de Cofradía, que desde va el Lago de Managua hasta el conjunto volcánico Masaya, y que mide unos 30 kilómetros.

El graben, según el geólogo Dionisio Rodríguez, Director del Centro de Investigaciones Geocientíficas de la UNAN-Managua, define el graben como una estructura geológica integrada por fallas secundarias y limitada por dos principales, pero que en el centro, fluyen fallas paralelas o verticales a las dos grandes.

El graben es un área que está afectada por fallas en sus extremos, y en su parte interna. “Es como si cortamos un queque en dos pedazos en los extremos y lo hacemos con todo y tablita, y la parte que queda en el centro la hundimos. Después vinieron los productos volcánicos, la erosión, los sedimentos que rellenaron la parte hundida hasta colmatarla, como se dice Geología”, explica Rodríguez.

Pocas fallas estudiadas

Según Rodríguez, el Cigeo, que el próximo año será instituto, el primero de su naturaleza en Nicaragua, ha descubierto la existencia de unas 20 ó 22 fallas estudiadas, pero debe haber muchas más, a las cuales les hace falta estudios de microzonificación.

El Cigeo, según el geólogo Rodríguez, ha venido estudiando las fallas de Mateare y de Nejapa, a las que antes le llamaban lineamientos, basados en que eran estructuras alineadas de las cuales no se tiene información sobre si se mueven o no.

En los últimos cinco años, a través de tesis de maestrías y doctorados realizadas en el centro, se ha determinado que es una falla muy activa, muy reciente y de alta peligrosidad por las construcciones que se están haciendo cercanas al trazo principal de la misma, sobre todo en la parte de Ticomo y el sur de Managua.Según los estudios, la falla de Nejapa viene desde la península de Chiltepe, cruzando Apoyeque y Xiloá, continúa por la Refinería, Asososca y Nejapa hasta los Planes de Nejapa.

Esta falla se puede apreciar desde la carretera Sur, al bajar por los Planes de Nejapa, exactamente donde juegan golf, respecto de la altura de la carretera. Ahí se observa el bloque levantado y la diferencia denota el desplazamiento vertical.

Las más peligrosas

La falla de Cofradía, la de Nejapa y la de Mateare revisten una característica especial, y es que están al margen este del graben de Managua, pero, además, están constituidas por varios segmentos. A la de Cofradía se le adjudican por lo menos tres terremotos antiguos, aproximadamente en 1620, 1720 y 1820, sin embargo, no hubo catástrofes porque no estaban pobladas sus áreas de afectación.

La falla de Mateare es la más grande, tiene 72 kilómetros de longitud, posee un escarpe (inclinación) de falla muy visible; se observa desde la carretera nueva a León, desde Ciudad Sandino cuando se avista el cerro que está al fondo alineado en dirección noroeste-sureste. Tiene varios segmentos y no se tiene un récord, porque su sismicidad es muy reciente en Nicaragua, un record muy corto en el tiempo hacia atrás.Se conoce morfológicamente que esta falla, al moverse, liberará una energía potente con capacidad de destruir el área de Managua y más allá, con sólo observar el escarpe. Es probable que no se mueva toda, pero un segmento que lo haga puede ser dimensiones catastróficas para Managua, estiman los estudiosos.

Las fallas internas datan de la era cuaternaria

La falla de Nejapa está en la parte occidental y representa mucho peligro también, según Rodríguez, que se refiere a la de Tiscapa como la causante del terremoto de 1972; la del Estadio que originó el terremoto de 1931; las otras conocidas como “Chico Pelón”, casi paralela a la de Tiscapa; la de “Los Bancos”, paralela a la de Tiscapa y la del Estadio. La de la Centroamérica que provocó el terremoto en esa colonia en 1968.

Todas las fallas se adjudican a la edad del cuaternario (último período de la era cenozoica, con la presencia del hombre sobre la tierra), y la historia geológica más reciente se remonta a hasta los dos millones de años.

Las investigaciones del Cigeo han determinado, por ejemplo, que la falla Nejapa ha tenido actividad hasta dos mil años atrás, poco tiempo en términos geológicos, y que podría reactivarse en cualquier momento.

La falla de Nejapa conecta una serie de conos volcánicos, algunos de ellos ya están extintos, y se han convertido en lagunas como Xiloá, Apoyeque, Tiscapa, Asososca y Nejapa, pero hay otra serie de conos, alineados, que estuvieron muy activos hasta 8 mil años atrás. Es un sistema vivo.

Managua necesita microzonificación
Ante la situación de Managua y el poco estudio realizado en sus sistemas de fallas, el geólogo Dionisio Rodríguez recomienda que en el caso del centro de la ciudad, debe hacerse una microzonificación cuya información serviría de soporte para saber dónde se puede construir y dónde no.

Hasta ahora se han hecho estudios puntuales de riesgos geológicos de dónde se podrá construir, pero al tener una microzonificación habría un avance significativo, sumado a la calidad de la construcción, sostiene el director del Cigeo.

El mito

Según Rodríguez, existe un mito alrededor de construir en las zonas falladas. Si Managua está muy fallada, hay quienes afirman que no se puede vivir o construir ahí, lo cual es falso. “Tampoco se podría vivir en California o en Japón”, sostiene el académico.

Lo que sí recomienda Rodríguez es respetar los resultados de los estudios, y hay que seguir haciéndolos a escalas más precisas para lograr un ordenamiento que determine dónde se puede construir parques y dónde casas. Managua sigue creciendo en dirección a Masaya y hacia el sur, por Las Sierritas, en territorios fuera del graben donde no se tiene idea si existen fallas o no. Para el geólogo, el desarrollo de proyectos habitacionales es una responsabilidad del Estado, es decir, de los gobiernos y de las alcaldías; los gremios profesionales, la sociedad, una responsabilidad en conjunto.

El pecado es construir sobre fallas

Aclara Rodríguez que si bien es cierto Managua es una ciudad con muchas fallas, no significa que esté fallada milímetro a milímetro. La única recomendación es no construir sobre fallas.

De acuerdo con las normas, producto de estudios de fallamientos superficiales de Ineter, la construcción debe alejarse de la falla, de 20 a 30 metros cuando son construcciones normales, pero sin son escuelas u hospitales, debe alejarse más de 30 metros, recuerda Rodríguez.

Una microzonificación geológica, sísmica y geotécnica del área de Managua permitiría construir sobre áreas no falladas. Muchos hablan de falta de presupuesto, y otros colegas que no son estudiosos creen que se con un buen diseño se puede construir sobre fallas, lo cual no es posible, sostiene Rodríguez.