Róger Olivas
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Una publicación del periodista Lucio Salis, de la ciudad de Parma, Italia, aseguró que el decreto emitido por el sumo pontífice redujo para siempre al “estado laical” a Dessi, quien actualmente cumple condena de ocho años en la prisión de Saluzzo (Torino), donde la mayoría de los reos están por crímenes sexuales.

En su publicación, Salis aseguró que la orden dice que Marco Dessi “automáticamente pierde todos los derechos del estado clerical, su dignidad y cualquier actividad eclesiástica; ya no está obligado a hacer ningún tipo de actividad que tenga que ver con su estado de sacerdote; tiene prohibido celebrar cualquier rito religioso católico, y no puede tener ningún tipo de cargo que tenga que ver con el estado clerical”.

El mandato estipula la prohibición absoluta a Dessi de celebrar misa y cualquier otro sacramento, no puede vestir sotana o enseñar ningún tipo de disciplina teológica, no puede ni siquiera ejercer en los institutos que dependen de la autoridad eclesiástica.

El periodista Salis afirmó que es una medida inapelable, emitida por la más alta autoridad de la Santa Iglesia Romana. “Se pensó que el veredicto del Vaticano llegase después de haber concluido todos los grados de juicio de los tribunales italianos, pero la justicia de la Santa Sede acortó los tiempos. Una acreditada fuente del Vaticano explica que la intervención del Papa estaba conectada a hechos que no dejaban ninguna duda sobre la culpabilidad de Marco Dessi. Una certeza unida a todas las investigaciones ya concluidas directamente por los inspectores de la Congregación por la doctrina de la fe”.

Los hechos

El escrito del colega Lucio Salis expresó que todo inició a comienzos de 2005, cuando un grupo de voluntarios de la ciudad de Cagliaritani y Emilia Romagan, quienes trabajaban en Nicaragua (Solidando y Rock No Wark), habían solicitado la intervención de la Santa Sede para poner fin a los abusos sexuales de Dessi en contra de los niños, en su mayoría huérfanos, quienes eran huéspedes en la misión Betania.

A renglón seguido, afirmó que la respuesta fue inmediata y decidida. Con una actitud de rotura respecto al pasado, cuando las autoridades eclesiásticas a menudo preferían esquivar los casos de pedofilia.

“Esta vez fue diferente. Frente a esta denuncia, la Iglesia quiso ver más claro, investigó, y frente al descubrimiento de esta terrible realidad, aconsejó a los voluntarios denunciarlo ante las autoridades italianas. Pero la Iglesia hizo mucho más, los ayudó y no sólo moralmente durante la investigación judicial. Un cambio sin precedentes, que coincide, en buena parte, con la llegada al pontificado del cardenal Joseph Ratzinger. No fue una coincidencia mientras la ley italiana procede a un ritmo lentísimo, lo que podría terminar con una reducción enorme de la pena, el Papa tomó distancia, personalmente, y marcó un límite neto entre el misionero condenado por pedofilia y la Santa Romana Iglesia.

La autodefensa

Salis expresó que a la Iglesia no le gustan las acciones bruscas e intentó ayudar a su oveja negra a pesar los hechos gravísimos, con persuasión para que renunciase a su estado de sacerdote, pero no hubo resultado.

“No quiso ponerse a disposición de las autoridades vaticanas, quienes abrieron un proceso administrativo penal canónico en su contra”, dijo Salis. Según el periodista, el decreto de dimisión de Marco Dessi, fue enviado directamente al Nuncio Apostólico en Nicaragua, para que informe a la población nicaragüense que el fundador de la Misión de Betania, fue expulsado de la Iglesia Católica.

Se ha sentado un precedente
Marlon Rivas, quien junto a Luis David López Guido, Oscar Santos, Ricardo Núñez e Irving Estrada, ex miembros del Coro Getsemaní, interpusieron la denuncia por abusos sexuales contra Marco Dessi, dijo que la decisión del Vaticano “fue inesperada y una bendición para todos nosotros. Necesitábamos el apoyo incondicional de la Santa Sede ante la opinión pública”.