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El ciudadano Mario José Borge Castillo aseguró que por la condición cristiana, por el alto grado de humanismo demostrado en sus quehaceres sociales, las monjas “no tienen para quién robar”, haciendo mención de la magnífica labor desarrollada en asilos y hospitales.

Don Mario recuerda que el 31 de agosto de 1990, un cable fechado en República Dominicana dio a conocer algo muy importante para los Servicios Hospitalarios, en cuanto a la escogencia del personal administrativo.

Expresa que en Nicaragua la experiencia “nos enseña que los hospitales administrados por religiosas de cualquier comunidad, siempre su trabajo es y ha sido de lo mejor”. Subraya que en el caso de las monjas josefinas, que por años han administrado la mayoría de los hospitales del país, su labor ha sido reconocida como eficiente y de primera calidad.

“Ellas siempre han trabajado con gran espíritu cristiano y sensibilidad social: allí ha habido mucho orden, disciplina, moralidad y ética profesional, que son reconocidos por las Juntas”, que no son compuestas precisamente por religiosas, indicó.

Señala que las ventajas de las religiosas, en comparación con las seglares --que las hay muy buenas para estos servicios--, es que las monjas no tienen para quién robar, están sometidas a una rigurosa disciplina, no pueden tener nada propio, y el ojo de la superiora siempre las está vigilando y exigiendo el máximo rendimiento.

También hay muchas monjas extranjeras que por no tener familia en el país donde trabajan, no tienen la tentación de apropiarse de los bienes que son propiedad de los hospitales, indicó.

Subraya que estas afirmaciones sobre su recta gestión “son testimonios veraces de médicos y de enfermeras que han laborado por muchos años en estrecha cooperación con monjas, cuyos nombres han sobresalido y son del conocimiento público y justo agradecimiento de todos los nicaragüenses, que han recibido de ellas sus mejores cuidos y atenciones personales en los momentos difíciles que vivieron en algún hospital”.

Las religiosas demuestran “verdadera caridad cristiana y mucho amor al prójimo”. Don Mario concluye que estas “cualidades y condiciones propias y necesarias para el servicio hospitalario son una realidad que no podemos ignorar ni despreciar, porque nuestros hospitales y asilos necesitan de un personal calificado para su mejor funcionamiento”.