José Adán Silva
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Esta vez la confesión no viene de las autoridades que combaten al crimen organizado, sino de una voz con experiencia propia dentro de los cárteles de la droga, que relata lo que desde hace años es una verdad inocultable: nuestro país está en la agenda del crimen organizado como plataforma para hacer llegar el producto a México y a Estados Unidos.

Según publicaciones del diario colombiano El Tiempo, del pasado 14 de febrero, uno de los capturados en una maniobra antinarcóticos bautizada “Operación Fronteras”, reveló los viajes de la mafia con la droga y los tentáculos con Centroamérica.

De acuerdo con las publicaciones, la operación logró capturar a 22 narcotraficantes buscados a nivel internacional y ayudó a quebrar al llamado “cártel de los pilotos”, quienes eran acusados de introducir toneladas de cocaína colombiana hacia Centroamérica, México y Estados Unidos.

Sueños blancos

Uno de los pilotos detenidos y procesado en Bogotá, dijo al rotativo que uno de sus primeros vuelos tuvo por destino Nicaragua, donde los contactos de la mafia esperaban el cargamento desde el cielo.

“Esos viajes tienen un nombre en el gremio: los llaman el sueño blanco, porque blanca es la carga, y si tienen éxito regresan a casa hasta con mil millones de pesos. Jerónimo (el seudónimo del piloto) trabajó un tiempo solo, pero un conocido lo contactó con la gente de Wilber Varela, alias Jabón, para llevar una carga a Nicaragua. Allí empezó su ruta internacional y su rol en el cártel desmantelado por la Policía de Colombia”, dijo el diario.

Según el reportaje del rotativo colombiano, el negocio se cerró en un popular local de Bogotá donde acostumbraban reunirse pilotos aficionados.

“Ahí aprendí que para llevar un cargamento se cobraba el 50 por ciento antes de arrancar y el otro 50 con la mercancía puesta en Centroamérica”, dice.

Nicaragua, primer destino

Esto para dejar asegurada a la familia en caso de que el aparato se estrelle o “la vuelta se caiga”. Cada piloto cobra según su pericia, entre 360 mil y 500 mil dólares, dependiendo del riesgo y del destino. Otros del cártel fueron contactados directamente en aeropuertos regionales o recomendados por colegas.

A finales de 2005, dice Jerónimo, salió de la frontera con Venezuela en una Cessna, con dos canecas extra de gasolina, decenas de paquetes de coca forrados con polietileno, un joven de Villavicencio como copiloto y el pasaporte en el bolsillo.

Nicaragua era el primer destino y no había que pilotear de vuelta: “Sonaba muy loco, pero regresaríamos en un vuelo comercial”.

La instrucción del vuelo sólo la recibió cuando subieron la droga a la avioneta: no había dónde aterrizar, así que los paquetes se botarían desde el aire al mar, en Puerto Cabezas, sobre el Atlántico.

Unas millas más adelante, en Honduras, sobre una vieja carretera que parecía salir del océano, tenían que dejar la avioneta abandonada y regresar por tierra hasta Panamá. Ahí podían conseguir los tiquetes de regreso a Colombia.

La ruta del Caribe

Las autoridades nacionales aseguran que el traslado de la droga proveniente de Colombia --vía Nicaragua-- hasta Guatemala o México, es conocido como la Ruta del Caribe.

Los narcos utilizan, además de avionetas, lanchas madres que zarpan desde Cartagena o de la isla de San Andrés, con destino a la Península de Yucatán, México. Para abastecerlas de combustible en su ruta, los narcotraficantes recurren a pequeñas embarcaciones, que provienen de las costas del Atlántico nicaragüense.

Según la PN, Nicaragua no es para los narcotraficantes una pieza importante en el mercado de su producto, pero sí lo es como pasillo hacia el norte, por su privilegiada ubicación geográfica entre Colombia y Estados Unidos.

Nicaragua es una suerte de puente entre la droga que procede de Colombia y el destinatario: Estados Unidos.

Nicaragua no está tipificada, en el nivel internacional, como de interés para los narcos con fines de almacenamiento, pero el fenómeno viene creciendo por el aumento de los cargamentos de droga arrojados al país desde el aire y por agua, que luego es comprada por agentes locales de los narcos que la recuperan para llevarla al destino final.