Fermín López
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Puerto Cabezas
Dos patrullas pertenecientes a la Fuerza Naval y un helicóptero norteamericano con base en la fragata norteamericana ubicada en el Mar Caribe, fueron los medios con los que por más de dos horas se le dio persecución a una lancha de narcotraficantes, la cual terminaron varando sus ocupantes en la playa del balneario La Bocana, frente al barrio El Cocal de esta ciudad.

Según el teniente de Corbeta, José Castillo, jefe de la Base Naval en Puerto Cabezas, los presuntos narcotraficantes echaron la droga al mar durante la persecución, y dejaron abandonada la lancha vacía en la playa.

Durante un rápido operativo lograron la captura de Andrés Atila Zapata, originario de la ciudad de Medellín; de Jorge Olmedo Valencia de la ciudad de Tulúa, Cali, y de Nick Alejandro Vilicio Echavarría, originario de la isla de San Andrés.

Agregó que de los cinco ocupantes de la lancha, dos lograron escapar con rumbo al barrio El Cocal, donde se presume podrían estar escondidos. Mientras tanto, la Policía Nacional estableció vigilancia alrededor del barrio donde se cree que se encuentran escondidos los dos narcotraficantes.

Se esperaba que peritos especialistas realizaran la prueba de Ioscan para constatar que, efectivamente, la lancha transportaba droga, y para que esta prueba sirva durante el proceso judicial que enfrentarán los detenidos.

Mucha droga en el Caribe

Hilario Clarens, un anciano de la comunidad de Ninayari, en el territorio de Sandy Bay, dijo en una ocasión: “El culpable de que la droga llegue a las comunidades indígenas ubicadas a orillas del mar es el gobierno de los Estados Unidos, porque persiguen a los narcos, y eso es bueno, pero no se encargan de recoger la droga que estos echan al mar, la que llega a nuestros pueblos empobrecidos y necesitados, que al encontrarla ven (en ella) una oportunidad”.

Lo manifestado por este anciano cobra relevancia en momentos como éste, cuando entre dos mil quinientos y tres mil kilos de cocaína se encuentran flotando en el litoral caribeño, y en pocos días esta droga estará llegando a la zona costera de las comunidades azotadas por la extrema pobreza y el hambre, donde los indígenas, a pesar de que saben que es un delito comercializarla, lo hacen, pues lo único que buscan es calmar el hambre de sus hijos.

En la actualidad, un kilo de cocaína en el mercado local tiene un precio de entre cinco y ocho mil dólares.

La libertad de un narcotraficante, dependiendo de si es nacional o extranjero, se cotiza entre 50 mil y 200 mil dólares. Considerando que no sólo una persona debe quedarse con el dinero, al final, al defensor del caso le queda una mínima parte.