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A 20 años de la derrota electoral del Frente Sandinista (FSLN) ante la coalición de partidos que encabezaba Violeta Barrios, el ex comandante en jefe del antiguo Ejército Popular Sandinista, Humberto Ortega, resaltó que la gran lección de aquel episodio fue que un proceso electoral transparente, aun en el peor de los escenarios, como aquel de 1990, puede transformar la historia.

En entrevista a EL NUEVO DIARIO por medio de correo electrónico, el general retirado recuerda el contexto en que ocurrió el proceso histórico que puso fin a la guerra civil, y reflexiona sobre la situación vigente en el país a la luz de los acontecimientos históricos.

El ex jefe militar recordó que el 19 de junio de 1990, ante dos mil oficiales del aún Ejército Popular Sandinista, hizo una valoración de las elecciones en el marco del proceso de paz que enterró la guerra.

Fin de la guerra
En principio, recuerda Ortega, la estrategia sandinista consistía en “precipitar el fin de la guerra y salvar al país del colapso”.

“Asegurar el desarme y desmovilización del escalón contrarrevolucionario, independientemente del resultado electoral, era el objetivo cardinal que la revolución se había trazado en sus planes estratégicos para 1989”, rememora.

El 20 de enero de ese año Ronald Reagan dejó la Casa Blanca y se inició la Administración del presidente George Bush.

“En ese entonces la revolución atravesaba momentos muy críticos y muy complejos, como consecuencia de la guerra de agresión y del bloqueo económico”, cita.

“Ante esta situación tan difícil y complicada se hizo necesario trabajar en una estrategia que a partir de enero de 1989 estaba encaminada a precipitar el fin de la guerra, es decir, a colapsar el escalón mercenario, a acelerar su derrota total, y, como consecuencia, incidir en la modificación del rumbo político de la Administración Bush para dejar atrás las políticas agresivas del gobierno de Ronald Reagan”, cuenta.

No había más juventud “dispuesta al sacrificio”

“Se trataba, pues, de abrir espacio a un nuevo tipo de relación con el gobierno norteamericano, que permitiese la convivencia, la coexistencia de la revolución sandinista con los Estados Unidos. Ese fue el nervio central de la estrategia que formulamos”, dice.

Desde 1988, la Contra había entrado en un proceso de declive y deterioro que el gobierno sandinista conceptuaba como “la derrota estratégica de la contrarrevolución”.

“No obstante, la presencia de la Contra operando desde Honduras provocaba una enorme tensión en el EPS, sobre todo por el serio problema del agotamiento de las canteras del Servicio Militar Patriótico”, recuerda Ortega.

El ex jefe militar recuerda que fue por todo ello que en enero de 1989 buscaron de forma más expedita una estrategia para poner fin al enfrentamiento armado, “entendiendo que el desenlace de este tipo de guerra solamente puede lograrse con la combinación de factores políticos, militares, diplomáticos”.

Suministros agotados

De acuerdo con su memoria, la situación del país entonces, y su futuro inmediato, era incierta.

Los países socialistas, que eran el apoyo sustantivo y decisivo para la revolución, habían empezado a transformarse a partir de 1987 con el proceso de la Perestroika.

En enero de 1989 Nicaragua no contaba con la seguridad del suministro petrolero y menos para 1990.

“El panorama del apoyo de los socialistas era extremadamente difícil y limitado. Esto nos hacía sentir aún más la premura para ponerle fin a la guerra. En el año 89, el país requería 700 mil toneladas de petróleo, y solamente estaban aseguradas 200 mil que proporcionaba la Unión Soviética”, cita
“Nuestra estrategia señalaba que el período de los primeros meses de la Administración Bush era fundamental para poder impulsar la solución negociada. Deberían hacerse todos los esfuerzos para introducir en la agenda política del nuevo gobierno norteamericano el proceso negociador; el tiempo comprendido de agosto a setiembre de 1989, es el límite posible del período referido”, recuerda.

Elecciones o morir
“Debíamos sustituir el marco de Sapoá por el marco de la contienda electoral. Encauzar en la dinámica electoral todo el esfuerzo de negociación anterior, sin negar la negociación con sectores desprendidos de la Contra”.

“Debíamos realizar una concertación política para las elecciones, con la participación de todos los partidos políticos, medios de comunicación y un Plan de Distensión Política con la Iglesia Católica para mejorar el clima de la concertación mencionada”, recuerda.

Además, a partir del 15 de enero de este año, debían autorizar manifestaciones públicas apegadas a la ley, suspender el cierre de los espacios noticiosos de las radiodifusoras, pedir a los partidos políticos en la Asamblea Nacional que enviaran sus ternas para el nombramiento de los miembros del Tribunal Supremo Electoral, y se informara que las elecciones tendrían lugar en 1990.

“La estrategia que se trazó fue para alcanzar la Paz, y las elecciones eran un elemento vital, independientemente —y esto era muy importante— del resultado de las elecciones”.

“Con los votos se desarmaban las políticas agresivas que pretendían recuperar terreno en los Estados Unidos y regresar a los postulados de Reagan. Las elecciones aislarían totalmente a las fuerzas Contra. Era imprescindible que las elecciones se realizaran.

Elecciones vitales ayer y hoy
“Los sandinistas desarrollamos la contienda electoral con la intención de ganar, y la pérdida fue una sorpresa, tanto para la UNO y los sandinistas, como para los Estados Unidos”.

“Así se abrió la oportunidad para que en paz, y en plena libertad, fuéramos decididamente forjando nuestro proceso democrático, ese que con hombres de la talla de Carlos Fonseca Amador y Pedro Joaquín Chamorro hicieron posible nuestra libertad, al asegurarnos con sus ideales el fin de la dictadura somocista, la revolución, la paz y el camino irreversible de nuestra democracia en el presente”, dijo.

“Hoy, 20 años después de esos dramáticos momentos, son las elecciones de nuevo el nervio central para potenciar los logros de todos los gobiernos, desde doña Violeta Barrios, el doctor Arnoldo Alemán, don Enrique Bolaños, y el presente del comandante Daniel Ortega”, dice ahora Ortega, en el nuevo contexto de crisis política que vive el país por los resultados de las denuncias de fraude electoral en noviembre de 2008.

“Ayer las elecciones fueron decisivas para vencer la guerra y alcanzar la paz. Hoy las elecciones son decisivas para vencer la inestabilidad política e institucional, la anarquía que en medio de las dificultades económicas y materiales podría surgir por la polarización tan aguda en la reyerta política de todos los días, por la falta de integración de todas las esferas del poder del país en una visión estratégica consensuada con un alto espíritu patriótico”, observó.