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Su contacto con el campo, en Jinotega, trabajando al lado de su padre, un agricultor, fue suficiente para convencerse de que nació para ingeniero agrónomo. Con el tiempo, llegó a ser rector de la universidad donde se preparó académicamente, y, al final, conquistó la silla titular del órgano rector de las universidades en Nicaragua, el Consejo Nacional de Universidades, CNU.

Este personaje es el ingeniero Francisco Telémaco Talavera Siles, rector también durante varios períodos consecutivos de la Universidad Nacional Agraria, UNA, y actual presidente del CNU por segunda vez.

Es un jinotegano que proviene de una familia numerosa. Es uno de 12 hermanos. Creció en el campo y trabajó la tierra desde los siete años. “Me levantaba a las 2 ó 3 de la mañana a ordeñar las vacas”, recuerda. Durante el día, hacía faenas en las huertas. Sembraba café, zanahorias, repollo y remolacha.

“Fui un apasionado al trabajo del campo desde mi niñez, trabajé siempre con mis hermanos. Estudié mi primer año en la escuela en el Llano de la Cruz, en la parte de Apanás, a unos cinco kilómetros de Jinotega, en la escuela “Alfredo Alegría”, donde aprendí a leer y a escribir en un mes”, compartió.

Luego su familia se trasladó del campo a las afueras de la cabecera departamental de Jinotega, donde estudió en las escuelas “Domingo Faustino Sarmiento” y “Rubén Darío”, y siempre se mantuvo como mejor alumno. La secundaria la hizo en el “Instituto Benjamín Zeledón”, y dos años los estudió por la noche en el “Instituto Augusto C. Sandino”.

Siempre combinó el trabajo con el estudio

“Siempre combiné el trabajo con los estudios”, dice Telémaco, quien recuerda que en la casa donde vivía con sus padres no había energía eléctrica, “por lo que teníamos que estudiar con candil y candelas”.

También contribuyó en la formación de Telémaco la manera de ser de su padre, Francisco Edmundo Talavera Zelaya, un hombre que nuestro personaje recuerda como muy estricto. “Es que si uno iba a trabajar, no aceptaba que uno hiciera la mueca, como decimos en buen nicaragüense, él exigía hacer las cosas bien”, confirma.

De su madre, Aída Delis Siles Chavarría, Telémaco tiene el recuerdo de una mujer “abnegada que trabajaba sin límites con sus manos llagadas para darnos de comer y lavar nuestra ropa”. “Aprendí con mis padres y hermanos que las cosas en la vida hay que ganárselas. También agradezco a los profesores que tuve en los primeros grados, ellos también me enseñaron mucho”, dice el titular del CNU.

Telémaco y su lado artístico

Aunque muy pocos lo saben, Telémaco incursionó en el mundo artístico. Recuerda que estaba en quinto año de secundaria cuando escribió y dirigió la obra teatral “La reivindicación social”. Con la obra, teniendo como elenco a sus propios compañeros de clases y sin ningún apoyo técnico, logró ganar el tercer lugar de un concurso de teatro a nivel nacional.

La obra hacía referencia a cómo rescatar a jóvenes que se han perdido en la prostitución, alcoholismo y otros vicios. “Yo no actué, solo la escribí y la dirigí. Fue un éxito y significó mucho para mi en esos años”, recuerda.

La salida de Jinotega y los primeros pasos en el magisterio

Al año siguiente de su bachillerato salió de Jinotega para dirigirse a la Universidad Nacional Agraria, UNA, y estudiar Agronomía. Durante sus primeros días en esta casa de estudios, se levantaba a las tres de la madrugada debido a la costumbre que trajo del campo. Muchos de sus compañeros se burlaban de él por ello.

También en la UNA se dedicó de lleno a los estudios superiores para hacer honor al esfuerzo de sus padres y de sus hermanos. Además de estudiante, fue electo “alumno monitor”, ya que ayudaba a sus compañeros a estudiar sobre todo las clases más difíciles como matemáticas, química y física entre otras.

“Siempre rechacé dar ningún tipo de ayuda durante los exámenes”, dijo Telémaco, quien dedicaba cualquier cantidad de tiempo para explicar a sus compañeros de estudios lo que no entendían. “Yo aprendí mucho de mis compañeros y de mis profesores. Eso me ayudó a ser mejor alumno”, dice.

Cuando se formó en la universidad el movimiento Alumnos-Ayudantes (estudiantes que impartían formalmente una clase) por la falta de profesores, a Telémaco le asignaron un grupo de estudiantes. “Gracias a Dios he sido un docente de vocación y he tenido la paciencia para enseñar”, comentó.

Recuerda que había clases --de las que impartió-- que eran una especie de mito en esos tiempos como la Topografía, donde todo el mundo salía reprobado. “Pero yo asumí el reto, y con mucha práctica de campo y mucha teoría, tuve excelentes resultados de los estudiantes que estaban a mi cargo”, agregó.

Los años de la revolución

Estando en la universidad participó en los cortes de café. No hizo el Servicio Militar exigido en los años 80, porque era parte de un grupo que impartía clases, y entonces se consideró que no podía ser movilizado, igual que ocurrió con varios médicos. “Pero fui parte de la reserva y de las milicias. Ahí cumplimos con nuestras tareas asignadas”, contó.

También le tocó alfabetizar donde, según él, adquirió una experiencia extraordinaria. Fue enviado a una comunidad de San José de Bocay, en la comarca Santa Marieta Pascun. Le tocó convivir con una familia muy pobre, a quienes no sólo alfabetizó, sino que ayudó a la reconstrucción de su vivienda. “Con esa familia comí los mejores frijoles y guineos cocidos que jamás probé. La señora a la que primero le enseñé a leer, tenía 82 años, y luego al resto de la familia”, rememoró Telémaco.

Perdió un hermano y siempre fue un hombre valiente

Telémaco perdió un hermano durante la Cruzada de Alfabetización en 1984. Murió cuando la guerra estaba en “lo más fino”, cuando prestaba su servicio militar. Recuerda que su hermano, Edmundo Talavera, falleció en una emboscada cuando acompañaba a los padres de un joven que había muerto en combate. Telémaco recuerda que todos murieron en el ataque y que su cuerpo fue enterrado junto a quienes acompañaba.

Telémaco Talavera es ingeniero agrónomo desde 1986, título que obtuvo en la UNA, cuando también se desempeñaba como líder estudiantil. Fue un alumno ejemplar, y recuerda que su título lo recibió en presencia del comandante Jaime Wheelock Román, quien entonces era titular del Ministerio de Reforma Agraria, Midinra.

La promoción se llevó a cabo en el Cine Dorado, sin aire acondicionado. En la promoción le tocó hablar en nombre de los estudiantes, y su discurso puso nerviosos a muchos asistentes, pues hizo varias críticas a la forma en que se estaban dañando bienes del Estado que estaban dirigidos a la producción. “Yo lo que dije es que había que contribuir a la producción, no afectarla, eso era porque muchos vehículos destinados para el campo habían sido mal utilizados”, explicó Telémaco.

Los asistentes esperaban un discurso a favor del gobierno y no una crítica. “Pero es que yo consideré que era mi responsabilidad como representante de los estudiantes reconocer lo bueno y señalar lo que no estaba bien”, se justifica.

El día que conoció la nieve
Después de graduarse pensó regresar a Jinotega, pero lo detuvo su trabajo en la universidad. “Decidí continuar impartiendo clases en el área de suelos, e incluso llegué a ser jefe de departamento, antes de graduarme. Aprendí de maestros nicaragüenses, y de educadores cubanos, soviéticos y suecos”, relató.

El 11 de enero de 1988 viajó a Suecia junto a varios compañeros universitarios. Ahí bajo una temperatura de 25 grados bajo cero conoció la nieve. En el país nórdico hizo lo que en esa época se llamó “un modelo sándwich”, que consistía en hacer la parte teórica en Suecia y la parte de investigación en Nicaragua.

“Aquí investigamos sobre temas que tenían que ver con el frijol y con el maíz que estaba vinculado al tema de seguridad alimentaria. Hice allá trabajos de laboratorio, y los cursos, los trabajos de campo, en Nicaragua, y afortunadamente también fui alumno monitor en Suecia”, recordó Talavera.

También hizo investigaciones en la UNA con la Agencia Internacional de Energía Atómica. “Era el uso de la energía atómica para asuntos agrícolas”, explica. En Austria, la agencia le otorgó un premio a la par de investigadores de más de 20 países.

“El día que dijo ‘no a un soborno’”

Telémaco recuerda que una vez hubo una licitación en la UNA para una adquisición por 140 mil dólares. Había dos empresas fuertes que competían e iba a ser su decisión a quién se la adjudicaba. El dinero lo había puesto Noruega, y la decisión era técnica.

Recuerda nuestro personaje que él decidió por la empresa que más le convenía a Nicaragua, ya que ofrecían mejor servicio y contaban con un proveedor más cercano. En una ocasión, el representante de la empresa que no ganó la licitación, sin saber que hablaba con un pariente de Telémaco, le comentó que “el rector era un tonto”, pues le había ofrecido 5 mil dólares para que le adjudicara el proyecto. Pero el rector, que era Telémaco, los despreció con su decisión.

“Hablamos de una época en que el salario nuestro era de 20 dólares, cinco mil dólares era mucha plata, pero yo pensaba que no podía sacrificar al país por mis intereses personales, yo tenía la obligación moral y profesional de recomendar lo que yo consideraba mejor para el país”, explicó Telémaco.

“Me calificaron como tonto, pero bueno, soy de esos tontos que se sienten orgullosos de ser profesionales éticos”.

Telémaco también fue coordinador de la cooperación sueca en la UNA. Después, los estudiantes de la Facultad de Educación a Distancia y Desarrollo Rural lo propusieron como candidato a Decano y asumió la candidatura. “Esa Facultad, no gracias a mí, sino al trabajo de los estudiantes y profesores, al tiempo pasó a ser una Facultad que dio envidia a otras”, señaló.

Como Decano de la Facultad de Educación a Distancia y Desarrollo Rural, surge la posibilidad de ser propuesto a rector de la UNA, aceptó el reto y se postuló en 1997. “Debo decir que me siento orgulloso, pues tenía el respaldo de casi el 100 por ciento de los estudiantes, así como de los trabajadores administrativos y docentes, a pesar de que se produjeron tensiones y aparecieron personas visceralmente opuestas a mí”, recordó.

Asumió la presidencia del CNU, cargo al que lo han reelecto los rectores universitarios en dos ocasiones. Telémaco vive de su salario como rector de la UNA, porque no recibe salario por la silla en el CNU. “Tampoco he recibido ni dietas ni salario por los cargos que he ocupado en organismos internacionales y nunca he permitido nepotismo en la UNA, a pesar de que he tenido familiares desempleados”, finalizó.

ebarberena@elnuevodiario.com.ni