•  |
  •  |
  • END

Mientras en Managua y en muchos partes del mundo se celebra el día de la mujer, la vida sigue igual para las vendedoras del mercado “Roberto Huembes”. Desde hace cuatro décadas, Doris Salmerón, de 52 años, puede ser encontrada sentada en una silla cuidando su puesto de artesanías.

Lo mismo sucede con Victoria Ramírez, de 54 años, quien mientras palmea tortillas comenta: “Escuché del Día Internacional de la Mujer, pero aunque uno quiere participar o guardar un día libre, nosotras tenemos que seguir trabajando. Tengo que mantener a mi familia”.

Según las mujeres entrevistadas, tener un trabajo estable es lo primordial para obtener la felicidad. Es una bendición y una maldición al mismo tiempo. Ramírez tiene tres hijos y es soltera, dice que es feliz porque sobreviven, “con la venta de las tortillas en el mercado sacamos realitos”.

A sus 53 años, la viuda Cándida Rodríguez, que se dedica a la venta de rosquillas, contesta que para una mujer soltera el trabajo es el principal aliciente, generador de la estabilidad económica, “mientras no hay trabajo, hay muchos problemas”.

Si no hay trabajo, no hay dinero

Con 41 años a cuestas, Irma López recorre el mercado en busca de trabajo. “Estaría mintiendo si dijera que el dinero no hace feliz a la gente. Hay muchos que dicen que el dinero no importa, pero sin dinero ni podemos tomar un vaso de agua, no podemos montarnos en la ruta. Es parte de la felicidad, no es todo y no es la cantidad, pero por lo menos se necesita algo”.

López dice que a veces consigue trabajos temporales en limpieza. “Gano suficiente para el día de hoy. Me mantengo con el pan de cada día”, explica. Añade que es madre y padre al mismo tiempo. Su marido está en una silla de ruedas, después que un accidente causara la amputación de su pie. “La situación de mi marido y de mi hijo me da tristeza, por falta de dinero ni puedo comprar lo que mi niño necesita, como medicinas, por ejemplo”.

También necesitan amor para ser felices

Mayra Sandino, que vende piñatas diariamente, sufre porque sólo ve a su hijo de cinco años al volver del trabajo. “Me pone triste casi no verlo, pero tengo que seguir trabajando para mantener a mi hijo”. La madre de 27 años no vive con su pareja, y lamenta que no recibe ningún apoyo de él. “Por eso no soy feliz. Para ser feliz necesitaría amor, sobre todo. Amor, comprensión y fidelidad”, dice, mientras intenta dibujar una sonrisa en su rostro.

Feliz con su matrimonio es Jamileth García, de 34 años, quien tiene un puesto de frutas en el populoso centro de compras. “Estoy feliz con mi marido porque desde el tiempo que estoy con él no me ha dado ningún problema con otra mujer o que se emborrache. La verdad es que hasta ayuda en la casa”.

La armonía en el hogar es un factor importante para todas. Sea con pareja o sin ella. “Me siento feliz porque tengo a mis hijos, y ya son adultos y sanos”, responde Cándida Rodríguez, en su puesto de cosa de horno.

Victoria Ramírez, quien no tiene una pareja desde hace un par de años, reconoce que le hace falta amor y apoyo. “Claro que sí. Sería más feliz si tuviera un buen hombre que en realidad me apoye, pero si voy a estar en problemas, prefiero estar sola”, dice sonriente, con sus manos entre la masa de sus tortillas.