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En los últimos cinco años, en Nicaragua han sido asesinadas 337 mujeres de diferentes edades a manos de hombres cercanos a su entorno social y afectivo, según datos extraídos de medios nacionales por la Red de Mujeres Contra la Violencia.

La RMCV confirma que sólo en 2009, la mayoría de las 79 mujeres asesinadas tenía entre 31 y 40 años, seguidas del grupo de edad de 21 a 30, y a continuación mujeres de la tercera edad; aunque también hay excepciones, como la de una bebé de tres meses asesinada a golpes.

El panorama se vuelve más doloroso cuando se comprueba que casi la mitad de los agresores eran hombres conocidos: enamorados, compañeros o ex compañeros de trabajo, ex vecinos, delincuentes del barrio, seguidos de los esposos. El escenario del crimen: el hogar, seguido de la calle y centros de recreación.

Casi la mitad de las mujeres fueron asesinadas con armas de fuego y les dispararon a la cabeza y al corazón.

A lo anterior le sigue el uso de la fuerza física y de armas cortopunzantes, como cuchillos, machetes y hachas para cortar y apuñalar. En las circunstancias de los asesinatos primero hubo violencia sexual y luego la muerte, desmembrando sus cuerpos y enterrándolas. También hubo golpes, tortura, envenenamiento y ahorcamiento, reporta la RMCV.

Las razones que dieron los agresores fueron: celos, infidelidad, no aceptar una nueva relación o no volver, negarse a tener relaciones sexuales y por venganza; todas son justificaciones absurdas de los hombres, basadas en la idea equivocada de que los cuerpos y la vida de las mujeres les pertenecen.

Managua, Matagalpa y la Región Autónoma del Atlántico Sur encabezan la lista de feminicidios por departamento. Según el monitoreo de la RMCV, la mitad de los agresores están prófugos de la justicia, y en la otra mitad están los que esperan juicio y los casos en que la Policía ni siquiera tiene sospechosos del crimen.

El problema no sólo es nacional, como bien estima el Informe de Desarrollo Humano de Centroamérica 2009-2010, pues “dos de de cada tres mujeres asesinadas en la región mueren por razón de su género”.

El feminicidio no se sanciona
En un conversatorio sobre femicidio/ feminicidio realizado por la Red de Mujeres Contra la Violencia a finales del año pasado, se juntaron la ex fiscal adjunta María Lourdes Bolaños; Klemen Altamirano, de la Colectiva de Mujeres de Masaya, y Deborah Grandison, Procuradora de la Mujer. A continuación, algunos de los puntos que tocaron:
“Al no sancionar ni prevenir el femicidio, se alienta y anima a que se sigan cometiendo crímenes. Si no le ponemos nombre a la problemática, no vamos a hacer nada. En Nicaragua el Código Penal no reconoce el femicidio como un delito”, dice Klemen Altamirano. Y agrega que otra limitante es que se desmontaron propuestas consensuadas entre el Estado y el movimiento de mujeres, por ejemplo, el Plan Nacional Contra la Violencia. Tampoco hay un registro de los casos ni las circunstancias en que ocurren estos crímenes.

Efectivamente, hay una vinculación directa entre un ambiente de violencia generalizada que obedece a una cultura machista y la muerte de la mujer, expresa Deborah Grandison. “Hasta la delincuencia nos escoge porque circulan esas ideas de que somos débiles, delicadas”, apunta.

Grandison admite que desde el Estado, el femicidio es un tema pendiente, y apoya la propuesta de tipificarlo como delito. También reconoce que se deben hacer cumplir los compromisos asumidos al ratificar la convención Belem Do Pará, los convenios internacionales y leyes nacionales que protejan a las mujeres de la violencia, además de reforzar las instituciones que atienden la problemática.

María Lourdes Bolaños sugiere que se tipifique el femicidio como un delito de lesa humanidad, porque hay que verlo “como un delito continuo donde el factor de riesgo es ser mujer, y la impunidad comienza no con la muerte, sino desde que nacemos. Hay que proteger el bien jurídico que es la vida, en este caso del género humano femenino”, enfatiza.

Protestas públicas
La Red de Mujeres del Norte ha utilizado una estrategia efectiva, dice Geni Gómez. “Hay que presionar a la Policía para que se mueva y capture en primer lugar, que sepan que hay gente detrás de ese caso. Además, hay que hacer presencia visible con marchas o con plantones en audiencias y en juicios. Es muy importante que la gente más cercana a la víctima se movilice y busque apoyo en su comunidad, localidad y centros de mujeres”, recomienda.

“Con estas movilizaciones, la gente va tomando más conciencia y piensa que esto no puede seguir sucediendo y algo hay que hacer. Es una responsabilidad compartida. Nosotras cuestionamos la impunidad de las instituciones, pero también la impunidad social por cómo se justifica la violencia contra las mujeres”, añade Geni indignada.

En realidad, es un hecho que la presión popular da resultados en algunos casos. Lo demostró la familia de Julissa Blandón en alianza con organizaciones como la Fundación Entre Mujeres de Estelí, consiguiendo con sus airosas protestas públicas que se hiciera justicia. Por eso es importante alzar la voz: ¡No queremos ni una mujer menos, no merecemos ni una muerte más!

Rompiendo el silencio
Si una mujer vive violencia, buscar ayuda puede ser el primer paso para salir de esa situación. Acudir a un centro de mujeres es una buena salida para encontrar apoyo y asesoría, antes de ir a las instituciones que deben atender esta problemática. En Nicaragua existe la Red de Mujeres contra la Violencia y una alianza de centros especializados que apoyan a mujeres que quieren salir de la violencia. En La Boletina 76 se entregó un directorio con centros de mujeres y comisarías por departamento y ya está disponible para descargar el archivo desde Internet: www.puntos.org.ni/boletina/articulos/donde_buscar_ayuda.pdf

*Este reportaje fue publicado en la revista feminista La Boletina en la edición 77 que circula en marzo de 2010. www.puntos.org.ni/boletina/ediciones.php * labolenica@gmail.com