Tania Sirias
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En la Iglesia hay dos tipos de sacerdocios, resumió el jesuita Juan Ramiro Martínez Mejía, el que está al lado preferencial de los pobres, y aquel que se acomoda al poder y a la opulencia. Mañana miércoles 24 de marzo se cumplirán 30 años del asesinato de monseñor Óscar Arnulfo Romero, a quien la historia ha colocado a lado del pueblo salvadoreño, dijo el clérigo.

Tres décadas después de su muerte, el gobierno del presidente de El Salvador, Mauricio Funes, pidió perdón por el asesinato de monseñor Romero, y de 17 sacerdotes, laicos y religiosas, que perecieron luchando a la par de miles de mujeres, niños y campesinos.

Relató que la muerte del sacerdote Rutilio Grande, en 1977, lo hace ver la fe desde otro punto de vista. “Él se dio cuenta de que en El Salvador había una tremenda injusticia, y que la Iglesia tenía que optar por los pobres. Esto fue una segunda conversión, ya que ser cristiano en ese país significaba un gran riesgo”, refirió el padre Juan Ramiro, de la pastoral de la Universidad Centroamericana, UCA.

Comentó que los jesuitas siempre estuvieron al lado de monseñor Romero, y uno de sus grandes apoyos fue el sacerdote Ignacio Ellacuría.

“Monseñor Romero se reunía con expertos antes de la misa, para que lo aconsejaran, entre ellos había politólogos, economistas, teólogos, y sobre todo campesinos”, dijo el padre Juan Ramiro.

Tiempo de transformaciones
El jesuita refirió que tanto en Nicaragua, como en El Salvador y en Guatemala eran tiempos de grandes transformaciones.

¿Qué experiencia deja ese tiempo a la Iglesia?
Que la Iglesia debe mantenerse al lado del pueblo, de la gente que sufre, en este caso la gente que sufría por la guerra y la represión. Hoy en este tiempo no existe este tipo de violencia para los pobres, pero sí siguen sufriendo por la falta de trabajo, por la falta de oportunidades.

En Nicaragua hay muchas necesidades, y la Iglesia --cada vez-- se da cuenta de que debe acercarse más a los pobres. Monseñor Romero nos enseñó a ser pastores de un pueblo pobre y creyente.

Hoy en estos tiempos de crisis buscamos quién nos inspire, y nadie mejor que monseñor Romero, un símbolo y una luz en medio de la oscuridad.

¿La Iglesia puede y debe participar en la política?
Los sacerdotes siempre hacemos actividades políticas, en el sentido de que si uno favorece al orden establecido y no hace nada, o por el contrario, hacemos críticas a ese orden establecido.

Aunque un sacerdote diga que no se mete en política, en sus acciones se verá si favorece al sector que está en el poder, o está al lado del pueblo.

Para la Iglesia el sacerdote debe estar al lado de quienes están sufriendo, los que están con hambre, los que no tienen casas, tierras, de los que están desesperados. Sin embargo, otros pueden estar al lado del poder, de quienes están disfrutando los favores que dan ese poder y las riquezas.

Estamos en política sí, pero no en el sentido de los partidos, sino en el sentido de por qué seres humanos nos estamos jugando la vida, y el ejemplo de monseñor Romero fue jugársela por los más pobres, los perseguidos y los sufridos.

Gobierno pide perdón
Evangelina Sol, la encargada de negocios de la Embajada de El Salvador en Nicaragua, comentó que por primera vez en la historia de esta nación, un gobierno pide perdón por la muerte de monseñor Romero.

La funcionaria expresó que “el gobierno de Funes está pidiendo perdón por el magnicidio cometido contra los sacerdotes, pues el mismo cielo exclama justicia por ellos”.

Añadió que el 24 de marzo será declarado como el Día de Monseñor Óscar Romero, pues es una figura de paz y conciliatoria. “Ya la Iglesia salvadoreña está promoviendo su beatificación, y por eso vamos a promover nuestro San Romero”, dijo la encargada de negocios de la embajada de El Salvador.

Ese día en nuestro país se realizará una conferencia en la pastoral de la UCA, a cargo de María López Vigil, a las cinco se oficiará una homilía, y luego una feria salvadoreña para conmemorar los 30 años del asesinato de monseñor Romero.