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Cuando sólo le faltaban pocas horas para cumplir un siglo de vida, el martes amaneció plácidamente muerto sobre su cama el ciudadano nandaimeño Adrián Zavala Barbosa, progenitor de una estimable familia local, y testigo presencial de casi toda la historia nacional y universal del siglo XX.

Irónicamente, las Zavala Noguera, hijas del finado, así como sus descendientes de Nicaragua y Estados Unidos, se habían congregado aquí para celebrarle a don Adrián, hoy 30 de enero, su primer siglo de vida con un alegre encuentro familiar, que al final se convirtió en la triste despedida de la tarde de ayer en el cementerio de Nandaime, donde tuvo lugar el sepelio después de una misa de cuerpo presente.

Don Adrián enviudó hace algunos años de la señora Berta Noguera Rueda, abnegada educadora de varias generaciones de ciudadanos nandaimeños, con quien procreó a sus hijas Lila Argentina, Irma, Jesús Adrián --que falleció a los tres meses de nacido-- y Jacqueline, que igualmente abrazaron durante muchos años el apostolado del magisterio.

Nacido en Nandaime el 30 de enero de 1908, como tercer hijo de don José Antonio Zavala Lugo y Dolores Barbosa Rayo, la infancia de don Adrián transcurrió apaciblemente en la hacienda El Pital, propiedad de su familia, a pocos kilómetros del pueblo, donde aprendió las primeras letras de parte de su tía Lolita Navarro de Zavala. De niño solía pasar Semana Santa en casa de su abuela Filomena Lugo de Zavala, quien prohibía que los niños se bañaran en los días “santos” porque podrían convertirse en sirenas.

Luego estudio Primaria en el Salesiano de Granada, y secundaria hasta tercer año en el Pedagógico de Managua. Al fallecer, don Adrián deja además de sus tres hijas, 12 nietos y 33 bisnietos, que lo llamaban “papacito”, y lo recordarán para siempre.