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Hijo de un ebanista del municipio de El Viejo (Chinandega), aprendió a leer antes de entrar a la escuela, se bachilleró en León, viajo a México por tierra, agua y tren, y se graduó de cirujano dentista en 1951, en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Nos referimos al doctor Gilberto Martínez González, uno de los médicos fundadores de la Escuela de Odontología en la UNAN de León, quien durante los años 40 conoció y llegó a ser amigo, en México, del doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, cuando el mártir de las libertades públicas estudiaba Derecho en la misma universidad.

El dentista, Cirujano Oral y Maxilofacial, a los 83 años de edad continúa ejerciendo su profesión, impartiendo clases en una universidad y participando en el exterior en seminarios y talleres que lo mantienen al día sobre el avance de la tecnología que utiliza para atender a sus pacientes.

Nació el 25 de marzo de 1927. Hijo de Gilberto Martínez Caballero, un ebanista de profesión que se volvió empresario del cine, y de Elsa González Cordero.

Hacia México tras una profesión

El primer centro educacional que visitó (cuando ya sabía leer) fue la Escuela de Varones de El Viejo, donde solamente impartían los tres primeros grados de Primaria. El cuarto, quinto y sexto grado los hizo en Chinandega, hasta donde se desplazaba a pie, acompañado de otros estudiantes de los que poco sobreviven en la actualidad.

A veces se iba en una carreta que le llamaban “La Chinga” y si no, recorría los cinco kilómetros a pie, con Carlos Canales, Roberto Navas y otros. La mayoría de esos compañeros ya no viven. “Los únicos que están son Orlando Trejos Somarriba y Chale Baca, en Chinandega”, relata don Gilberto.

Al terminar la Primaria, sus padres lo enviaron a León al Seminario de San Ramón, donde estudió los primeros tres años de la Secundaria. Cuarto y quinto año los cursó en el Instituto Nacional de Occidente, bachillerándose en 1945.

El mismo año en que termina la Secundaria y cuando tenía 16 años de edad emprendió su camino hacia México, sin ningún tipo de beca, solo con la ayuda de su padre, que le procuraba 50 dólares mensuales.

Como sus padres no tenían dinero para comprarle un boleto para viajar por avión, lo mandaron por tren desde el municipio de El Viejo a Puerto Morazán. De ese puerto tomó un barco para la Unión (en El Salvador) donde abordó un tren y 15 días después llegó al Distrito Federal (México), para ingresar a la Facultad de Odontología de la UNAM.

En su época de estudiante de educación media obtuvo buenas calificaciones en matemáticas. Eso casi “lo arrastra” a estudiar ingeniería, aunque su padre intentó persuadirlo de tomar la medicina como profesión. Al final, él se decidió por la odontología.

Lo primero que hizo en México

Al llegar a México, la primera advertencia fue sobre la comida mexicana. “Llegó a preocuparme más que el ingreso a la universidad”, cuenta nuestro personaje, quien agregó que en más de una ocasión sufrió algunos trastornos debido a ello.

Cuenta, por ejemplo, que nunca llegó a dominar el inventario de los ingredientes de la cocina mexicana y esas equivocaciones lo pusieron en aprietos. “Yo pedía un plato y terminaban llevándome otro porque ellos tienen una forma muy distinta de llamar las cosas y nunca pude acostumbrarme”, relata el odontólogo.

Estando ya en la UNAM ingresó también a estudiar mecánica dental, “porque necesitaba habilidad manual”. Además consiguió un empleo para ayudarse, pues sus padres solamente le podían enviar mensualmente 50 dólares. El dinero que recibía desde Nicaragua, apenas le alcanzaba para pagar la renta y debía cubrir los costos de la universidad.

Dice que en los primeros años de la universidad huyó siempre de los vicios, especialmente del cigarro y del licor. “Sólo me di algunas libertades cuando estaba en los últimos años”, relata.

Don Gilberto terminó su carrera de Odontólogo en 1950 y un año después, en 1951, le extendieron el título. Seis meses antes habían aprobado una ley que ponía “trabas” para que graduados extranjeros ejercieran su profesión en ese país. “Para poder ejercer teníamos que ir a pagar una cantidad de dinero, algo así como 600 dólares. Era muy alto en esa época”, contó.

Una familia preparada

Uno de sus hermanos, Gonzalo Martínez, fue militar de Somoza y llegó a ser Coronel de la Guardia Nacional. Otro fue ingeniero del Tecnológico de Monterrey (México). Un tercero es administrador de empresas, graduado de la Universidad de Sao Paulo, Brasil, y otro estudió medicina veterinaria, que comenzó en Guadalajara y terminó en Nicaragua.

Sus hermanos se prepararon con el mismo sistema de ayuda que le brindaban sus padres. “El que iba saliendo, le debía ayudar al que seguía. Eran reglas que había que cumplir en la familia”, anota.

La pandilla de México

Cuenta que en México tenían su “pandilla” en la que participaba el doctor Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, Enrique Belli Cortés y Fernando Convela, entre otros. “Éramos como 36 los nicas que en México caminábamos juntos”, recuerda.

De Pedro Joaquín Chamorro, don Gilberto guarda recuerdos gratos. “Él (Pedro Joaquín) siempre caminaba con su política, era una excelente persona, lo mismo que el doctor Báez Díaz, el doctor Martínez Urtecho, el papá de Alejandro Martínez Cuenca. Anterior a nosotros –en la misma universidad mexicana- estudió el ex presidente de Nicaragua Francisco Urcuyo Maliaño”, recordó.

“Cuando nosotros estábamos en primer año, ya él (Urcuyo Maliaño) era médico. También había nicaragüenses que estudiaron para ingeniero químico como el doctor Ramírez, de Masatepe, el creador de la Flor de Caña. Estaba también Ángel Mayona, entre otros”, agregó.

Todas esas vivencias con esos personajes, motivó al doctor Martínez a prometerse que un día escribiría un libro. “También se trata de contar la vida de un nica en el Distrito Federal. Mis ocupaciones me lo han impedido, pero es un proyecto al que no he renunciado”, anunció.

Fundador de la Facultad de Odontología de León
Tras su retorno a Nicaragua, después de graduarse en México, junto a otros médicos, fundó en 1954 la Facultad de Odontología de la UNAN de León. Después fundó la Facultad de la UAM.

En la fundación de la Facultad en la UNAN de León participaron los doctores Noel Reyes, Julio César Vanegas, Héctor Vigil y Jorge Espinoza.

Para esa época el rector de la UNAN era el doctor Mariano Fiallos Gil. El doctor Pedro J. Quintanilla, su concuño, era el Viceministro de Educación. El titular de la institución rectora de la educación era el papá del doctor Ramiro Sacasa Guerrero.

“Entonces la universidad de León no era autónoma. Su rector venía a Managua y el contacto con los demás fundadores que habíamos estudiado en México hizo posible hacer la propuesta al rector y conseguir su visto bueno”, relató.

Actualmente, el doctor Martínez está trabajando con la Universidad de Ciencias Médicas, en el hospital Salud Integral y en el Hospital Bautista. En este último ha prestado servicios profesionales desde 1956.

El doctor Martínez tiene un concepto distinto de la Odontología. Aunque para muchos es una artesanía para la estética, para este especialista es una ciencia médica. “Es medicina, es un asunto de salud más que de estética”, adelantó. Incluso, esa forma de ver su profesión la ha difundido durante las cátedras que imparte ante decenas de estudiantes universitarios y otros especialistas de su mismo ramo.

Sus ángeles y sus primeros trabajos como médico

En 1957, después de hacer un curso de Cirugía Oral en México, al regresar al municipio de El Viejo, decide con su esposa trasladarse a Managua a trabajar en el hospital. Entonces solo odontólogos de renombre hacían cirugías.

“Ahí me encontré dos ángeles: los doctores Luis Navas Arana y Rodolfo Bolaños Vargas, quienes también habían estudiado en el extranjero y sabían lo que es un Cirujano Oral. Ellos me llamaron y me dieron la oportunidad. Comencé a trabajar adscrito al departamento de Otorrinología del hospital”, contó.

Martínez ahí conoce al primer otorrinólogo de Nicaragua que era un doctor de apellido Montiel. “Después le siguió el doctor Eduardo Aragón y otros especialistas. Yo estaba en ese grupo”, recuerda hoy con mucho orgullo este personaje.

Lo que Martínez sabía en Cirugía Oral, lo llevó a conocer otras técnicas médicas que atienden los otorrinólogos y después regresó al Instituto Nacional de Oncología de México donde hizo la parte final de su carrera médica.

También se presentó a Estados Unidos para especializarse en Cirugía Oral y fue aceptado después de participar en una serie de talleres y seminarios en varios estados de la nación americana. Martínez es miembro retirado, tiene el número 3,806 de la Sociedad Americana de Cirujanos Orales y Maxilofacial y del cual recibe su pensión. Es miembro de ese organismo desde 1967.

Se mantiene actualizado

Martínez se mantiene actualizado sobre la tecnología médica que utiliza en sus especialidades. Está suscrito a cuatro revistas especializadas para los médicos y como miembro retirado de la Sociedad Americana de Cirujanos Orales y Maxilofacial tiene derecho a entrar a la página de Internet de ese organismo sin pagar un solo centavo.

También tiene derecho –en el mismo sitio web- a escoger el libro que el quiera –sobre medicina- y “así vivo en contacto directo”. Hace pocas semanas estuvo en Miami con profesores médicos de una universidad.

Amante del tango

Además del instrumental médico con el que atiende a sus pacientes en su clínica privada, el doctor Martínez se siente dichoso de tener en su computadora Apple Macintosh, más de 2 mil temas de tangos. Quizás algunos de sus pacientes amantes de ese género musical fueron atendidos con temas de Carlos Gardel.

Muchos no conocen que en la misma clínica del doctor Martínez también recibe pacientes un hijo suyo que es especialista en cabeza y cuello y el hijo de éste (nieto de nuestro personaje) es dentista especializado en Cirugía Maxilofacial. A él también le encantan los tangos, pues estudió en Argentina.

Otra hija de Martínez es dentista y entrenada en Cirugía Maxilofacial. Dos hijas de ella (nietas de Martínez) son dentistas, una de ella es ortodoncista y labora en República Dominicana. Otra hija de su hijo Gilberto estudia oftalmología en Guatemala.

Martínez es considerado como el primer médico que llegó graduado al país en los años 50 como especialista en Cirugía Maxilofacial. Martínez, quien lleva 60 años ejerciendo la profesión, confirmó que en la silla que tiene en su clínica han desfilado muchas personalidades del país.

“Creo que un profesional no es bueno si no tiene una buena mujer a su lado que le ayude a sufrir o compartir la felicidad. En mi caso mi esposa, Luz Amanda Martínez Núñez, ha sido esa mujer”, finalizó.