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El Centro Nicaragüense de Escritores (CNE) dio a conocer oficialmente ayer a los ganadores del Certamen para Publicación de Obras Literarias 2010, entre los que figura un libro del escritor y periodista Edwin Sánchez, editor de EL NUEVO DIARIO, quien a través de su sobresaliente trabajo como narrador ha demostrado una extraordinaria destreza en el manejo del lenguaje y las técnicas narrativas.

Tras haber evaluado un total de 24 originales, las Comisiones de Lectores en los géneros de Poesía y Narrativa seleccionaron un total de ocho obras en ambos géneros: cinco en Narrativa y tres en Poesía.

Entre las obras seleccionadas en Narrativa decidieron por unanimidad enviar a publicación el libro de cuentos de Sánchez titulado “Un Fauno en El Oriental”. También se escogieron tres obras más en prosa, pertenecientes a los autores José Adiak Montoya, Ángela Saballos y Pío Eugenio Martínez.

Sánchez ha publicado la novela “Al Sur del Siglo”, y los libros de relatos “Sueño en Relieve”, “La Deuda Pendiente con Rubén Darío” (ganador del Premio Nacional de Literatura “Rubén Darío” 2000) y “Los ojos del Enigma”.

Desde hace rato la obra de Sánchez venía revelando la existencia entre nosotros de un temperamento literario particularmente dotado para la narración corta, aunque luego revelaría también sus facultades para la novela, pues se trata de un narrador nato que ha logrado encontrar la suficiente mesura estilística como para no sucumbir, ni en la retórica vacía ni en el alarde técnico en su obra.

Sus historias, cortas y largas, están escritas con una mezcla perfectamente equilibrada de sobriedad y sensualidad; son historias expuestas con la suficiente capacidad narrativa como para lograr hacer cómplice al lector de sus extraordinarias verosimilitudes. Fantasías creíbles y realidades inverosímiles; esta nueva obra de Sánchez seguramente vendrá a ratificar la plenitud de un estilo particular en la narrativa nicaragüense.

A continuación el fragmento inicial de uno de los relatos del libro galardonado, hábilmente basado en los versos de Darío, como una muestra de la vigencia de la obra prosística y poética del “paisano inevitable”. Se trata del cuento “El Aleph de Rubén Darío”:
Se notaba triste. Apartó la silla con la pata derecha. Su enorme cuerpo apenas cabía en la sala. Yo le contemplé, admirado de poder ver semejante criatura, cuando todo el mundo ni siquiera les tomaba en serio, incluso los más entusiasmados darianos de baptisterio.

El ser levantó una de las patas, en señal de saludo, pero no me tendió la mano. No sé cómo había llegado hasta mi casa, ni sé tampoco las peripecias que pasó para presentarse sin llamar la surreal atención de la gente.

Sé de estudiosos del hijo de Metapa que han disertado sobre el mágico encanto del Príncipe de las Letras Castellanas, pero que al leer este escrito, arderán de malestar. En el fondo, son una maniática secta de dariófobos, cuya logia se ha apoderado de las principales efemérides del grande nicaragüense. Son, y permítanme esta digresión, los guardianes del templo. Encargados de la pureza del culto alrededor de este santo patrono de la literatura nacional, no permiten que el bardo sea conocido por el resto del mundo, a no ser a través de unos cuantos poemas y unos versos mal aprendidos: Si la patria es pequeña...