•   OCOTAL, NUEVA SEGOVIA  |
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Con un año más de severa sequía, el río Dipilto podría desaparecer totalmente, y por ser la principal fuente abastecedora de agua potable, podría sumir en la desesperación a los más de 40 mil habitantes de esta cabecera departamental.

Al igual que todos los ríos de la región, gradualmente, cada año, esta arteria hídrica muestra un caudal menor, y en sentido inverso, la población aumenta con rapidez.

La degradación de este río se puede sentir más en el período de verano, pues no tributa nada al gran río Coco o Segovia, que pasa al sur del área urbana. Lo poco que baja de las montañas del norte es tragado por la ciudad.

Norberto Fajardo, delegado de la Empresa Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillados, Enacal, reveló que durante la época seca, la fuente provee sólo los 108 litros por segundo que abarca la capacidad de las dos plantas potabilizadoras.

“Con eso se procesan 8 millones y medio de litros por día, pero en la Semana Santa, la producción mermó en 2 millones y medio, por falta de capacidad de la fuente”, detalló.

Es decir, la producción se fijó en 6 millones de litros al día. En la década pasada, hubo dos veranos en que el abastecimiento del río llegó a 70 litros por segundo, por lo que se paró una planta.

Degradación acelerada
Con la cifra pico, significan más de 200 litros por habitante, aunque su distribución no es equitativa, por las condiciones topográficas de la ciudad. Los usuarios que viven en los barrios altos se quejan del deficiente servicio, mientras en el área baja, la empresa resiente el desperdicio.

La subcuenca del río Dipilto, de unos 26 kilómetros de longitud, presenta varias características en su vegetación y suelo. La mitad de su recorrido, sobre un lecho rocoso, corresponde a la parte alta y montañosa del municipio del mismo nombre, cubierta de cafetales y pinares. El resto del cauce pertenece al municipio de Ocotal, deforestado, sin bosque de galería, expuesto a la evaporización por los rayos solares.

Entre los factores negativos que degradan la subcuenca están: extracción de leña que familias pobres de Ocotal realizan sobre su ribera, botaderos de basura a orillas de la Carretera Panamericana que está paralela al cauce, fecalización al aire libre en la zona cafetalera, contaminación por el uso de agroquímicos y mieles del café. Todo se agrega a las secuelas ambientales dejadas por el huracán Mitch hace 11 años, y que arrasó con los bosques ribereños del río.

“Los organismos y la alcaldía dipilteña han suplido a las comunidades de letrinas mejoradas para disminuir la contaminación con materia fecal”, dijo Fajardo.

Explicó que la planta potabilizadora de Ocotal tiene la tecnología para descontaminarla de estos elementos, a excepción de la alteración del sabor que le imprime el mucílago que suelta el café, al ser despulpado con agua de la misma subcuenca.

Sólo en verano “se desempolvan ideas”
A todo este problema se agregan los incendios forestales en la época seca, actividad ganadera en la ribera que impide el crecimiento de plantas para bosque de galería y la extracción de materiales para la construcción, como arena y piedra bolón, que además de acelerar la corriente, causa daños a la fauna acuática y la regeneración vegetal.

Fajardo dijo que han formado un comité intermunicipal --Dipilto y Ocotal-- en el que participan los alcaldes, delegados de instituciones estatales y representantes de gremios civiles. No obstante, esta instancia ya existía en administraciones edilicias pasadas y su contenido de trabajo parece ser abstracto frente a los factores degradantes de la subcuenca, y una vez que las lluvias vuelven a recuperar el nivel del río, las preocupaciones se disiparán.

Cada verano que asoma la crisis, “se desempolva” la idea de una represa en el sitio El Quebrantadero, un cauce natural seco, al noreste de la ciudad, como alternativa para aumentar la disponibilidad de agua. La excavación de pozos está descartada, porque no existen aquí mantos acuíferos.

Según Fajardo, es una idea para embalsar unos 5 millones de metros cúbicos del vital líquido captado de las lluvias, como reserva para la época seca. Indicó que hace 15 ó 20 años, el costo estimado para construirla era de unos 11 millones de dólares “y si lo traducimos al tiempo actual (el costo) puede andar por los 18 millones”, calculó.

El funcionario dijo que Enacal no tiene ese dinero, por lo que tendrá que acudirse a la cooperación internacional, pero deben involucrarse con vehemencia las autoridades municipales en la formulación del proyecto y en la gestión de los recursos, mientras tanto el río Dipilto continuará lanzando un S.O.S, grito que también pronto será de todos los habitantes de Ocotal.