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La alerta es de tal dimensión que ninguna prospección de petróleo submarina será autorizada hasta que no se aclaren las causas del accidente que acabó con el hundimiento de una plataforma petrolífera en el Golfo de México y con el mar cubierto de crudo.

Los planes de Barack Obama anunciados a fines de marzo de abrir las costas del Atlántico y de Alaska a las perforaciones quedan congelados, según anunció la Casa Blanca, a través de uno de los asesores del presidente, David Axelrod.

Pero fue el propio Obama quien compareció el viernes en los jardines de la Casa Blanca --aunque el motivo de la rueda de prensa era la economía-- y recurrió a una de sus frases favoritas para empezar diciendo: “Déjenme que sea claro: sigo creyendo que la producción nacional de crudo es parte importante de nuestra estrategia para tener seguridad energética, aunque siempre he mantenido que (las prospecciones) deben realizarse de forma segura y responsable”.

Esa, junto la insistencia de que BP debe hacerse cargo “por ley” del coste de la limpieza del vertido, fue la manera en que  la Casa Blanca decidió el viernes manejar un asunto que puede tener serias consecuencias.

Porque la temida pregunta ya se propaga --tan rápido o más que la marea negra que amenaza las costas de Luisiana, Alabama, Misisipi, Tejas y Florida--: ¿Es éste el Katrina de Obama? Los críticos del presidente apuntan que la Administración demócrata ha tardado demasiado en reaccionar, y que ya es demasiado tarde, por mucho que en las últimas horas la Casa Blanca quiera aparentar control de la situación y ponga sus efectivos a trabajar a toda máquina.

Tres filtraciones en lo profundo

La secretaria de Seguridad Nacional, Janet Napolitano, viajó el viernes a la zona junto a un equipo de máximo nivel: el secretario de Interior, Ken Salazar, y la administradora de la Agencia de Protección Ambiental, Lisa Jackson. Obama no ha anunciado si lo hará. El presidente ya abandonaba su comparecencia cuando se le preguntó por ello. No hubo respuesta, lo que no significa que no vaya a hacerlo. La tragedia que puede estar siendo anunciada tiene su origen en la explosión y hundimiento el pasado 20 de abril de la plataforma petrolera gestionada por BP, y cuyo dueño es Transocean. En el accidente desaparecieron 11 trabajadores, que se dan por muertos, de una plantilla de más de 125. El pozo submarino de donde se extrae el crudo tiene tres filtraciones que están provocando la expulsión de unos 5,000 barriles de petróleo al día, lo que podría convertir este suceso en mayor que el provocado con el hundimiento en 1989 del petrolero Exxon Valdez frente a las costas de Alaska.

El Golfo de México ya ha vivido antes otras tragedias, como el azote de los huracanes Gustav, Ivan o Katrina.

“Se hace todo lo necesario”

Obama insistió el viernes en que “se está haciendo todo lo necesario” para responder al accidente provocado por el colapso de la plataforma. “Se trabaja en cinco áreas, con 1,900 efectivos federales desplegados, 300 barcos y aviones implicados en las labores de ayuda y 6.4 kilómetros de barrera artificial dispuestos para ser desplegados”. Dos aviones de carga C-130 estaban listos para actuar y lanzar químicos para prender el crudo. Así que sólo queda mirar y esperar. Esperar que llegue o esperar que pase de largo la enorme mancha de petróleo que ayer seguía su avance hacia la costa de Estados Unidos. Desde la NOAA (National Oceanic Atmospheric Administration) se aportaba información al minuto sobre el sentido de los vientos y lo que tardaría en llegar el chapapote a tierra.

“Es imposible predecir cuándo y en qué medida llegará”, declaraba el meteorólogo Bob Marciano en CNN. “Pero llegará”, informaba pesimista. El avance es errático y depende de las mareas y de los vientos, que el viernes parecían calmados, pero amenazaban con dar un nuevo empujón al manto de petróleo el sábado. Luisiana era el destino inmediato de desembarco de la marea. Pero Misisipi, Alabama y Florida no parecen que vayan a quedar limpios. El gobernador de Florida, Charlie Crist --que acaba de anunciar que dejará el Partido Republicano para presentarse como independiente a un puesto en el Senado de EU--, declaraba el viernes la situación de emergencia en la costa oeste de su Estado.

El día anterior, Bobby Jindal, Gobernador de Luisiana, cuyo Estado aún está recuperándose de la destrucción provocada Katrina, advirtió que la mancha “amenaza a los recursos naturales del Estado”. Jindal declaró también la situación de emergencia, y pidió fondos a Defensa para desplegar a 6,000 agentes de la Guardia Nacional para ayudar en la limpieza.

Los medios locales decían que la creciente mancha de crudo estaba muy cerca de la delicada reserva de vida salvaje de los pantanos del borde del delta del río Misisipi, que según expertos podría dañar gravemente la ecología del área y sería muy difícil de limpiar. Los guardacostas no lo han confirmado todavía. Los expertos medioambientales hablan de la gran diversidad de vida marina de la costa estadounidense del Golfo de México. Además, una gran parte de la producción pesquera de EU se produce en esa zona. No sólo se trata de un área de descanso para más de un 70% de las aves acuáticas, sino que en ella se pesca el 50% de la producción de gambas salvajes, el 35% de los cangrejos azules y el 40% de las ostras de Estados Unidos. El Departamento de Fauna, Flora y Vida Marina de Luisiana alerta de que la marea negra de crudo amenaza a más de 400 especies de Luisiana que dependen de un ecosistema costero limpio de petróleo.
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