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“¡Que pase la artillería!”, dijo el jefe desde una roca sembrada de helechos y bajo un frondoso árbol de guaba. “¡Periodista, vea, allá van los hediondos!”, dijo el jefe de compañía del Batallón de Lucha Irregular, BLI. Había que dispararle a aquel grupo de contras que recién había destazado una vaca en una casa próxima.

La “Mascota” llega, cansado, con un nuevo mensaje. Dice “El político” que los artilleros están en información y que ya vienen. “Dígale que ya no vengan… mierda” exclamó el jefe que observó cómo aquel grupo de hombres armados se internó en una montaña y la operación no se realizó. El caso provocó agrias discusiones y reprimendas. Pero es apenas un ejemplo muy sencillo, hubo otros de los cuales no puedo dar fe.

El jefe político de compañía tenía tanto poder como el jefe militar, y según el coronel Francisco José Barbosa, autor del libro “Historia Militar de Nicaragua”, eso no podía seguir así hasta que los mandos, por órdenes del general de Ejército en retiro, Humberto Ortega, iniciaron un proceso de transición que significaría la desaparición de prácticas de proselitismo político del Frente Sandinista en las filas castrenses.

Barbosa Miranda es fundador del Ejército, jefe del Centro de Historia Militar, historiador y maestro, con estudios de posgrados y maestrías en Rusia, Cuba y Nicaragua. Imparte clases en el Centro Superior de Estudios Militares, y es coautor del actual Himno del Ejército de Nicaragua.

No fue fácil
Este proceso fue duro y controversial. Según el coronel Barbosa, el trabajo partidario se hacía pesado para los miembros del Ejército, “había una duplicidad de funciones, de las misiones, tanto del jefe como de los organismos partidarios dentro del Ejército”. La Dirección Política del EPS llegó a ser unas de las más poderosas en los años 80, recuerda el autor del libro.

Y es que a través de la Sección Política se extendía la línea metodológica partidista y de la Juventud Sandinista en el Ejército. “A finales de los años 80 comienzan a conocerse ciertos cuestionamientos sobre el funcionamiento de los organismos de base del Frente Sandinista dentro el Ejército, en algunos casos se hacían sesiones de críticas y autocríticas y había cuestionamientos a algunas decisiones”.

La despartidización del Ejército coincidió con la pérdida electoral, y el Ejército “entra a un proceso real de la profundización de la profesionalización y el apartidismo, y ese mérito lo asume en la historia, Violeta Chamorrro”, recuerda Barbosa.

Nada táctico

Barbosa también recuerda que “hubo quienes pensaron que el cambio era algo táctico, de maquillaje, pero la verdad es que dentro del Ejército se llegó a la convicción de que eso era estratégico, lo único que podía hacer que el Ejército tuviera vigencia o permanencia en la sociedad, en un Ejército del Estado, nacional”.

El historiador y militar se remite a Sandino, para él, “el más grande héroe y el más grande estratega de todos los tiempos en Nicaragua”. El general Sandino “soñó con un Ejército nacional, apartado de todos los partidos, y yo creo que el Ejército actual cumple con ese sueño”.

A diferencia de los ejércitos de naturaleza más cercana al Ejército de Nicaragua, el actual, según el historiador, establece una carrera militar, una academia, un código, en donde los oficiales tendrán un tiempo de su carrera militar, ingresarán jóvenes a formarse en las ciencias militares sin restricciones de género, religión o partido; recibirán una educación patriótica.

Por lo anterior es que el coronel Barbosa afirma que “el profesionalismo del Ejército no es reversible, los mandos definieron una línea, y el tiempo ha dado la razón de que el Ejército es de todos los nicaragüenses, no debe tener partido, acude a las emergencias sin preguntar de qué signos son las personas que socorre.

“El Ejército se rige bajo leyes y los presidentes también se rigen por esas leyes; es un Ejército que respeta las leyes y los derechos humanos, eso le da una fortaleza, no vamos a hacer una acción genocida, no está en nuestra doctrina, somos un Ejército del pueblo, no hay elites ni castas, los cadetes vienen de las clases populares y de todos los departamentos del país”, sostiene Barbosa.

Antecedentes de la profesionalización del Ejército
En su libro, “Historia Militar de Nicaragua”, el coronel Barbosa describe que durante el período de la anarquía hubo caos y desorden en Nicaragua; los partidos formaban sus ejércitos, creaban sus propias charreteras, los patronos de las fincas se convertían en generales y coroneles, cada cual luchaba por conquistar el poder.

El libro también recoge el momento en que William Walker es llamado por algunos nicaragüenses a pelear en Nicaragua, tiempo en el que existían dos ejércitos: uno liberal y uno conservador, incluso que peleaban entre sí, y Walker viene a tomar partido cuando ve la oportunidad de tomar el poder, se proclama presidente y forma un Ejército que se llamó Ejército de Nicaragua, compuesto por norteamericanos.

Tras la derrota y expulsión de Walker, se instaura un gobierno y un ejército binario de liberales y conservadores, pero dominan los conservadores, y “queda un pequeño ejército que permanece durante el período de los 30 años conservadores pero no alcanza el estatus profesional e institucional”, sostiene Barbosa.

Zelaya se acerca a lo ideal

Con la llegada del general José Santos Zelaya al poder, a través de una revolución, el Ejército conservador es derrotado y comienzan a formar un Ejército académico, la primera academia militar, se establece el código militar, la ordenanza militar, trae instructores extranjeros, se incorpora el Caribe y se va conformando un Estado nacional, lo cual permite que el Ejército tenga influencia en todo el territorio nacional, el caso más cercano al actual Ejército.

Sin embargo, prosigue Barbosa, “lamentablemente tiene un carácter partidista; obedece al Estado, pero también al partido, un profesionalismo limitado durante los 16 años que gobernó Zelaya, pero que a Estados Unidos no le gusta porque, para ellos, se convierte en un elemento desestabilizador, porque apoya a los movimientos liberales de otros países.

El caso de la Guardia Nacional

Los norteamericanos que hasta hace poco tiempo reconocieron la derrota propinada por Sandino tenían dos pensamientos: formar una guardia política y una profesional, pero al final deciden aplicar una ecuación: que bipartidismo es igual a apartidismo en el Ejército, “y eso no es cierto, que entregarían el mando a coroneles y generales liberales y conservadores, al final entregan los mandos a liberales, y ese Ejército velará por los intereses norteamericanos y se va caracterizando por un partidismo con sesgo al segmento liberal, hasta que Somoza lo convierte en un instrumento de la dictadura”.

Tras el triunfo de la Revolución Popular Sandinista surge el Ejército Popular Sandinista, de corte partidista, cuya raíz es una organización político militar; sus mandos son guerrilleros y se forma bajo una concepción partidista.

Mitos, personajes e historia

La primera revelación del libro “Historia Militar de Nicaragua” es que el país no cuenta con los documentos, partes de guerra, mucho menos gráficas de las grandes batallas que han estado en el espíritu, y características de nicaragüense desde que los antepasados poblaron los primeros territorios y se desafiaban por alimentos o por prisioneros que luego eran sacrificados en honor a sus dioses.

El autor del libro, coronel Francisco Barbosa, habla de su obra y de las complejidades que le significaron tener que buscar archivos en las bibliotecas de los Estados Unidos, entrevistas y libros escritos por historiadores, pero que han tenido la debilidad del sesgo partidista.

¿Hay alguna diferencia entre el nicaragüense guerrero y el guerrerista?
El nicaragüense es guerrero por naturaleza, es indómito, pero también es amante de la paz porque ha vivido la guerra. Eso nada tiene que ver con el guerrerista.

¿Existe algún antecedente de la historia militar en Nicaragua?
La historia militar se ha limitado a algunas descripciones de batallas. “Historia Militar de Nicaragua” comprende desde los ejércitos, las guerrillas, grupos irregulares, ejércitos indígenas, el pensamiento militar, el armamento, las comunicaciones. La historia militar se nutre de la historia económica, social, cultural y política, cuando se analizan períodos históricos. No existe una obra que sintetice de manera organizada la historia militar nicaragüense. Eso me motivó a investigar desde los antepasados indígenas para acabar con los mitos que se han presentado como verdades, incluso extranjeros que han hecho tesis y doctorados con conceptos que aquí repiten hasta intelectuales e investigadores y quizá son falsos.

En Nicaragua, los documentos están mal cuidados, en avanzado estado de deterioro.

Para elaborar este libro investigué siete años, exhaustivo, con la ética de poner ahí lo que yo podía comprobar mediante las fuentes primarias, ya sea por documentos, entrevistas o por otras fuentes.

¿Cómo hizo para separar los hechos reales de los mitos?

Si uno lee a los historiadores tradicionales, observa la repetición de conceptos de los cronistas europeos que, lógicamente, tenían una posición a favor del imperialismo español.

La conquista fue violenta, fue asesinada una gran cantidad de indígenas, aquí se hablaba de 500 mil indígenas, pero si tomamos en cuenta el tiempo entre 1490 a 1500 ó 1700, si había 300 mil indígenas, en 1700 había 60 mil, entonces, el faltante de indígenas, o los mataron o los vendieron como esclavos, fue una masacre, no hay tal que fue un encuentro de dos mundos, sino la imposición de una cultura. Esta parte fue ocultada en la historiografía nacional por mucho tiempo.

Otro mito, según Richard Miller, es que la historia militar nicaragüense comienza en el combate entre Nicaragua, Diriangén y Gil González, pero la verdad es que no es así, la historia militar nicaragüense comienza desde antes desde que se asientan los primeros indígenas en el territorio.

También existen mitos acerca de los personajes que han hecho las guerras…
Este libro es todavía una pequeña síntesis porque hay que seguir investigando. Hay personajes como Bernabé Somoza, a quien algunos tildan de sanguinario, de un villano, pero la historia lo ubica como un luchador campesino.

Se debe estudiar a los hombres en el contexto histórico en que se desarrollan; es cierto que las biografías tienen importancia, la historia la van haciendo los pueblos, pero también en este país hay dirigentes, caudillos que tienen cosas buenas y cosas malas.

Sobre el sargento Ramón Montoya, descubrimos que su familia se movilizaba en el Ejército de los liberales, el de Zelaya, el primer Ejército institucional.

Ramón Montoya Acevedo fue un joven que dio muestras de valor en la batalla de Namasigüe, donde también se destaca Benjamín Zeledón, un abogado, civil, pero que por su destacada defensa el gobierno le otorga el grado de coronel.

El general Juan Gregorio Colindres, conocido como “El Gato Colindres”, un hacendado que dejó sus tierras para luchar con Sandino, llegó a ser jefe de columna.

Andrés Castro, un héroe nacional de la Batalla de San Jacinto, llegó a ser sargento en esa batalla, después se va a una finca de Managua y lleva su vida normal, incluso José Dolores Estrada lo visitaba, pero tuvo problemas con una pareja y el hombre de la mujer asesinó a Andrés Castro por celos. No por eso se desvirtúa su gesta.

En el caso de Cleto Ordóñez, fue el primer artillero nicaragüense; primero estuvo en las fuerzas españolas y después se hizo eco del deseo independentista de los nicaragüenses y jugó un papel determinante en las luchas por la independencia, llegó ser inspector general del Ejército centroamericano y hoy se ve como un héroe olvidado.

Luis Manuel Toruño, “Charrasca”, el guerrillero leonés que jugó su papel en la guerra contra la dictadura somocista, independiente de sus asuntos personales y los problemas en que se involucró después.

Igual el caso de Denis Ortega Flores (Macondo), y otros guerrilleros que después cayeron en debilidades, pero que se destacaron en la guerra.