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Luego de pasar su primera noche en familia, de comer su plato favorito y de echarles los cuentos de su travesía por Nicaragua a su esposa, nietos e hijos, Antonio Burbano, el capitán de la embarcación Laura Any, manifiesta sentirse listo para volver a navegar, pero eso no será por ahora. La intención en el corto plazo es demandar a Nicaragua por afectarlos económicamente ya que cuando fueron retenidos les faltaban 10 días de pesca.

La licencia de capitán le fue retenida por el gobierno del país centroamericano, razón por la que solicitará un duplicado a la Dirección General Marítima para retomar las faenas de pesca que realiza desde los 13 años, cuando en su natal Tumaco empezó a conocer el mar a bordo de una embarcación.

Para Burbano, la noche del miércoles fue la más feliz de los últimos días. Por fin pudo dormir en su cama y junto a su amada esposa Gladis Cortés, quien durante el tiempo de su retención, estuvo informando activamente a los medios de comunicación lo que les pasaba a los pescadores en el puerto nicaragüense de Bluefields.

“Cuando él cruzó la puerta de la casa yo no lo podía creer, salí corriendo a abrazarlo y luego empecé a tocarlo para ver si era verdad que estaba enterito. No pude ir al aeropuerto ya que me quedé cuidando a las suegra que tiene 90 años y está delicada de salud”, comenta Cortés.

Burbano cuenta que apenas ingresó a su casa se encontró con medio centenar de personas que lo esperaban, desde familiares hasta viejos compañeros de pesca. “Todo mundo era llorando y yo feliz de estar en casa con los míos. Mi mujer me preparó mi pollito asado con arroz de pasas, ensalada y jugo de maracuyá. Hasta las 11 de la noche estuvimos echando cuentos”, cuenta el capitán.

Reencuentro en el Rincón
13 de los pescadores que fueron retenidos por una semana en Nicaragua regresaron a su pueblo, Rincón del Mar, en San Onofre (Sucre), para reencontrarse con sus familias. Su llegada alborotó al pueblo de unos 2 mil habitantes a orilla del mar, tanto como el día en que Horacio Ocón un niño de 9 años, fue encontrado a más de 200 millas náuticas, sobre la canoa y al lado el cuerpo de su padre muerto de tres días.

“Sigo tocando los árboles para ver si es verdad que volví a El Rincón” dice Alfridis Barrios Carrillo, uno de los pescadores quien ahora no sabe qué hacer para sostener a su familia, pues ve muy remoto volver a bucear en aguas lejanas.

Su compañero Jaime Meléndez confiesa que estuvo a punto de lanzarse al mar en el momento en que llegó la guardia nicaragüense y los tomó por asalto en el barco Laura Any, “no lo hice porque me acordé de mi familia y de El Rincón”.

En medio de abrazos de sus compañeras, hijos y amigos, los pescadores se reunieron ayer frente a la playa para expresar su alegría de estar en su terruño compartiendo su libertad.

A las 7 de la mañana de ayer, Antonio Burbano sostuvo una reunión con miembros de la Armada Nacional en la Base Naval de Bocagrande, lugar hasta donde llegó con su bitácora de navegación para contarle los detalles del punto exacto donde estaba el barco al mando de él, cuando, en sus propias palabras, fueron asaltados por la armada nicaragüense. “Existe lo que todos los navegantes llamamos el circulo, cerca de la isla de Serranilla, Colombia. Ahí se puede pescar porque estamos en nuestras aguas”, expresó.
 
Presagio gitano
La retención de los pescadores fue relacionada con el presagio que una gitana le hizo en marzo de 1987 a una de las pobladoras, Reineria Prieto. Según la mujer, los pescadores del pueblo pasarían momentos difíciles. Nueve años después uno de ellos, Julian Ocon, murió de infartó en su canoa cuando realizaba su faena de pesca con su hijo Horacio (ver nota). Tres hijos de Reineria murieron mientras buceaban. Hace apenas dos semanas uno de los pescadores perdió una mano y una pierna cuando alistaba un taco de dinamita para pescar.