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El cierre de portones de la UNAN-Managua cumplió ya su quinto día, como parte de las protestas de la dirigencia estudiantil contra las autoridades del centro de estudios.

La suspensión de la actividad escolar ha afectado el período de evaluación para la comunidad universitaria en sus recintos. Los exámenes comenzaron desde hace dos semanas, pero las evaluaciones del primer parcial aún no concluyen.

A los dirigentes universitarios que mantienen paralizadas las clases, no parece importarles la distancia que tienen que recorrer decenas de estudiantes a diario, o los muchos internos que esperan el fin de semana para visitar a sus familiares. Arturo Mercado, estudiante de Educación Comercial, se queja, porque no puede estar viajando innecesariamente. “Es gasto y esfuerzo físico, sin tomar en cuenta las veces que he pasado horas preparándome para un examen que no será posible hacer por la huelga”, se lamenta.

Y es que cada mañana de sábado, Mercado llega hasta la UNAN-Managua con la esperanza de avanzar y culminar en tiempo adecuado su carrera. Ayer esperaba hacer su último examen parcial, pero las largas horas de estudio de toda la semana, quizá sean útiles solo hasta el próximo sábado.

En vano saltan portones
Son varios los que al escalar las mallas y saltar los extremos del portón, cual hábiles alpinistas, han roto sus pantalones y hasta se han provocado heridas. Más adelante, sus cicatrices contarán la historia.

“Cuando esto se solucione vamos a tener que trabajar tiempo extra para ponernos al día, habrá mucha presión y mucho trabajo arduo para todos. Vamos a gastar más en todo, en pasaje, comidas y tiempo”, se quejó un académico que pidió protección a su identidad para no ser blanco de la dirigencia estudiantil.

¿Y la economía?
Cuando menos un estudiante que vive en la capital invierte entre cinco y quince córdobas en transporte, gasto que durante toda la semana hicieron muchos alumnos para llegar a estudiar y otros que, aparte de estudiar, luego se dirigen a sus centros de labor. El universitario Julio Hernández, por ejemplo, dice que por día gasta 13 córdobas para llegar a su recinto. “Me he gastado en vano ese dinero durante una semana. ¿Quién me lo repone?”, se preguntó en tono molesto.

Por su lado, Alexander Castillo, estudiante de Lengua y Literatura, y parte del movimiento estudiantil, dijo que “seguirán luchando para que destituyan a todos los que pretenden eternizarse en los puestos. Vamos a llegar hasta las últimas consecuencias si no se van, tienen que dejarle lugar a otros”, dijo categóricamente Castillo.