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La requisa vaginal denunciada hace un mes y ocho días en el Sistema Penitenciario para Mujeres “La Esperanza”, fue confirmada este fin de semana por la madre que recuperó el viernes pasado su libertad, después de ser condena injustamente a 12 años de prisión, por acompañar a su hija a denunciar a su violador.

Fue una acción indiscriminada, sin respetar origen del encarcelamiento, conducta de vida de la interna, edad o cualquier otro parámetro para no actuar con semejante desprecio por la dignidad de las mujeres.

Esta mujer de 43 años narró cada momento, desde que inició la requisa en los dormitorios donde permanecen, mientras las conducían a un cuarto donde las obligaron a desnudarse y hacer sentadillas, hasta ser trasladadas al consultorio donde finalmente se les haría la requisa vaginal con espéculo (instrumento para examinar cavidades corporales. Es utilizado en las mujeres cuando se les practica un examen de papanicolau, entre otros procedimientos), para ver que escondían dentro de sus úteros.

Se levantaron y pararon vejámenes
La requisa vaginal, según la denunciante, sólo se les practicó a las seis primeras mujeres de la fila, pues el levantamiento de la mayoría de las privadas de libertad impidió continuar con semejante violación a sus derechos humanos.

El acto degradante sucedió el Lunes Santo, 29 de marzo de 2010, recuerda con dolor e indignación la ex privada de libertad. Se anunció una requisa general autorizada por la alcaide Alma Iris Sobalvarro. “Yo les pregunté a mis compañeras que cómo era eso. Ellas al inicio dijeron: ‘es normal, se hace cada tres o seis meses, te sacan, te revisan el cuarto, maletas y listo’”.

“La sorpresa para todas fue cuando nos dijeron: ‘hagan una fila y se dirigen a este cuarto’. En la fila iba preguntando qué pasaría, y ellas me respondieron: ‘sólo nos van a quitar los zapatos y nos van a tocar’. No fue así, nos obligaron a quitarnos la ropa, y una vez desnudas nos ordenaron hacer sentadillas. Eso fue vergonzoso, humillante”, relató la madre excarcelada.

Todas las mujeres estaban asustadas, pues aseguraban que ese tipo de requisa no era usual, la última que recordaban había sido en 2005. “Los comentarios se hacían en murmullos, pues las oficiales nos decían: todo mundo guarde silencio”, relató la señora.

Al consultorio
Cuando las privadas de libertad ya venían saliendo del cuarto donde las desnudaron, las oficiales nuevamente les dijeron: “Hagan una nueva fila porque van para el consultorio”, relató la denunciante, quien afirma que a lo que fueron sometidas ese día santo aún le produce escalofríos.

“Soy mandada”, se excusó la doctora
“Yo iba nerviosa. No sabíamos por qué estaban haciendo eso. La fila estaba hecha, y las demás muchachas estaban entrando al consultorio. ‘Bueno’, dijo la doctora, ‘a mí me han mandado a hacer una requisa vaginal. Para mí es muy doloroso hacerlo, pero yo soy mandada y tengo que hacerlo’”, recuerda la denunciante.

“Las que venían saliendo venían llorando, y todas empezamos a reclamar y a advertirles que si continuaban les íbamos a decir a nuestros familiares y a las asociaciones de derechos humanos”, contó.

Recuerda que una funcionaria que participaba en la requisa les gritó: “Ustedes están donde están y se las dan de perras. Aquí ya perdieron todos sus derechos porque son unas privadas de libertad, tienen que hacer todo lo que nosotras decimos”.

En busca de dinero
Al ver el levantamiento de las reclusas, una tenienta aparentemente juiciosa le dijo a la alcaide que las reclusas se estaban “levantando y podía haber problemas. La alcaide mandó a suspender la requisa. Sólo lograron hacerla a seis mujeres”, afirmó la denunciante.

Algunas oficiales confesaron a las mujeres que también andaban en busca de dinero.

“En ese momento, como ser humano me sentí humillada, triste. Nos sentíamos abandonadas, pensábamos en los organismos que defienden los derechos humanos, pero temíamos que les creyeran a ellas (a las funcionarias). Allá perdimos nuestros derechos. Estábamos en manos de ellas”, dijo llorando la señora.

Sólo desnudarlas es violatorio
Para Juana Jiménez del Movimiento Autónomo de Mujeres, sólo el hecho de obligar a las privadas de libertad a desnudarse ya es una violación a sus derechos humanos. Las ofensas y las frases humillantes también los son.

“No sólo en La Esperanza se presentan ese tipo de situaciones, también en otros sistemas penitenciarios, donde hay abuso de autoridad. Desnudarse es denigrante, inhumano. Hay un sometimiento total, creen que tienen suspendidos todos sus derechos por estar privadas de libertad. Encima se ensañan con nosotras por nuestra condición de mujeres, hacer una requisa vaginal porque humanamente tenemos esa cavidad”, acusó Jiménez.

“Antes, los movimientos de mujeres podíamos entrar a los sistemas penitenciarios, pero con este gobierno se nos prohibió la entrada”, denunció la feminista, quien asegura que iniciarán una campaña contra las violaciones de derechos humanos dentro de los sistemas penitenciarios que hasta se rehúsan a cumplir con las órdenes de libertad.

Otras vejaciones
La violación a los derechos humanos de la mujer dentro de la cárcel no sólo se quedan en esa experiencia humillante, relata la denunciante, sino también en la atención tardía a la salud de las reclusas.

“Antes de la revisión vaginal pasé ocho días diciéndole a las oficiales que me sentía mal, que andaba sangrando y con dolores fuertes en el vientre, pero no me llevaron al hospital. Pasé tres noches grave, con fiebre, con dolor en el cuerpo y hemorragia”.

“Mis compañeras de cuarto gritaban que me vinieran a ver, que me estaba muriendo, y al tanto insistir llegó la médico y dijo: ‘enséñenme la sangre’, y fue hasta entonces que las muchachas le enseñaron las camisetas empapadas en sangre que me quitaban. A las cinco de la tarde del siguiente día fui llevada al Hospital “Bertha Calderón”, donde me pusieron de inmediato sangre y suero”.

“Cuando estuve hospitalizada, la oficial que tenía de custodia le dijo a las demás pacientes que cuidadito me prestaban algún celular para comunicarme con mi familia y hacerles saber que estaba internada, porque yo era una privada de libertad peligrosa”, dijo la denunciante.

Según el diagnóstico, la privada de libertad tenía quistes. y le practicaron biopsia para ver si eran malignos o no. El 15 de abril debía ir a ultrasonido, pero la oficial no llevó los documentos.

“Ahora volver a venir. Cuidadito vas a contar lo que pasó. Ya se les ha dicho que ustedes no tienen que contradecir al funcionario”, fue la respuesta por la falta del ultrasonido.

Hablan Procuradora y Ministra
La Procuradora Especial de Cárceles, María Auxiliadora Urbina, confirmó la denuncia, ya que las reclusas hicieron llegar una carta a diferentes organizaciones de derechos humanos y a movimientos de mujeres, pero aseguró que ella realizó la investigación el Martes Santo, y la requisa vaginal fue negada por las autoridades.

“Se hizo una investigación, se entrevistó a la médico, a la enfermera, y quedó claro que no usaron espéculo. Sólo se les practicó a tres mujeres, y no se hizo al resto de mujeres. La requisa se hizo por denuncia de introducir droga. Sin embargo, se les recordó que esa práctica es tortura y está prohibida por la ministra Ana Isabel Morales, desde un incidente que se dio en Tipitapa con las mujeres que llegaban a visitar a los reos”, expresó Urbina.

EL NUEVO DIARIO llamó a la ministra Morales a su celular, y le explicó el porqué de la llamada, y ésta respondió amablemente: “Llame el día lunes a través de Relaciones Públicas”. Eso fue lo único que dijo.

El artículo 2 de la Declaración sobre la Protección de Todas las Personas contra la Tortura y otros Tratos o Penas Crueles, Inhumanos o Degradantes dice: “Todo acto de tortura u otro trato o pena cruel, inhumano o degradante constituye una ofensa a la dignidad humana, y será condenado como violación de los propósitos de la Carta de las Naciones Unidas y de los derechos humanos y libertades fundamentales proclamados en la Declaración Universal de Derechos Humanos”.

Mientras que el artículo 3 dice que “ningún Estado permitirá o tolerará la tortura u otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes”.