•  |
  •  |
  • END

María Samira Montiel fue nombrada en el puesto el 30 de noviembre de 2009. En el local hay media docena de sillas plásticas, dos escritorios, un teléfono y una secretaria. Organizaciones de derechos humanos nacionales consideran esto un avance en la búsqueda de la restitución de derechos para el sector con opciones sexuales diferentes, altamente expuesto a la discriminación, y desde ese ámbito es un paso importante que ningún país ha tomado de manera abierta.

En el marco del Día Internacional contra la Homofobia, ella nos dice que es la primera funcionaria abiertamente lesbiana en Nicaragua. Que si bien puede haber otros y otras funcionarias en altos cargos del Estado, con opciones sexuales diferentes, hasta el momento es la única con el valor de expresarlo.

“Primero quiero decirte que el 17 de mayo fue escogido como el Día Internacional contra la Homofobia, por ser el día en que la Organización Mundial para la Salud saca de la lista de enfermedades mentales la homosexualidad. Eso fue en 1990, y es un hito histórico, porque antes se consideraba la homosexualidad como un trastorno mental”, nos comenta la licenciada Montiel, abogada de profesión, y durante 12 años activista por los derechos lésbicos y coordinadora de la organización Safo.

“Esto te demuestra que la lucha reivindicatoria por los derechos de la diversidad sexual no es de hoy, no es de hace diez años, ni es una lucha posmodernista”, expresa.

Nos comenta que la homofobia está basada en la discriminación, y por la vulnerabilidad de estos sectores poblacionales, por ser una población minoritaria, lo que sufre es la segmentación y estigmatización en sus vidas. La mayor prueba es que en 80 países del mundo la homosexualidad está penalizada, y en nueve países en el mundo, ser lesbiana, gay o transgénero está penado hasta con la muerte.

Nicaragua, hasta julio de 2008, era uno de los países de América Latina que sostenían la homosexualidad como delito, el mismo estaba bajo el concepto de “sodomía”, penalizado con uno a tres años de cárcel.

¿Qué significa la despenalización de la homosexualidad en Nicaragua?
Aunque ha habido avances a nivel latinoamericano, socialmente se tiende a ver la no penalización contra la homosexualidad como un favor que se le hace a la sociedad. Sin embargo, no basta sólo con no penalizar la homosexualidad; para hablar de democracia se necesita un cambio de pensamiento y respeto a los derechos humanos de todos por igual. Cuando se despenalizó, la actitud de algunos diputados fue que se estaba promoviendo la homosexualidad y promoviendo el matrimonio entre personas del mismo sexo.

“No fomentamos nada”

¿Cree que sería posible que la aceptación social de homosexualidad fomentara esa práctica en las nuevas generaciones?
La sociedad tiene que aprender a ver que el hecho de respetar derechos de la diversidad sexual no significa fomentar la homosexualidad y el lesbianismo. Lo que se busca es la restitución de derechos de esta parte de la población vulnerable, lo que se está buscando es que, en realidad, sean ciudadanos y ciudadanas de sus países, porque nos damos cuenta de que estamos en una sociedad donde no existe la equidad social. Por ser de la diversidad sexual no se me respeta el derecho a una salud integral, no se me respeta el derecho a una educación, a un trabajo digno. Principalmente, el problema ocurre entre la población que es más visible entre la diversidad sexual: la población ‘trans’. El hecho de que ellos sean tan visiblemente diferentes de lo que la normativa social establece, eso les hace más vulnerables cuando quieren ingresar a un centro de estudio, pues no se les respeta su identidad de género.

¿Cree que en Nicaragua se pueda gozar de una sexualidad diferente y mantener nuestros derechos ciudadanos?
Respondamos con un ejemplo: en Nicaragua todavía tenemos muchas compañeras transgéneras que viven su transgeneridad las 24 horas al día, pero cuando le pedís su documento de identificación, ves la foto de un hombre, y vienen los problemas a la hora de cambiar un cheque o hacer una gestión donde necesitan su carné de identidad ciudadana. A pesar de que se despenalizó la homosexualidad, no se puede decir que la comunidad diversamente sexual goza de plenos derechos. Tampoco se puede decir que no existe la homofobia en Nicaragua, porque eso no es cierto. Tampoco podemos decir que no hay avances. Los hay, y se debe reconocer que tienen que ver una voluntad política. El hecho del nombramiento de la procuradora especial para la diversidad sexual, lo es. Pero ¿de dónde nace este avance? En primer lugar, de la comunidad de la diversidad sexual, y, por otra parte, de la voluntad del Estado por reconocer derechos, pero esto tiene que ir más allá de eso.

En sí, ¿dónde radica el problema?

Se necesita un cambio de percepciones y de comportamientos. Aquí el funcionario y el servidor público tienen que entender que existen poblaciones minoritarias y que son ciudadanos y ciudadanas. La discriminación no puede verse sólo porque se es lesbiana, gay o trans, el problema es que hay discriminación en todos los estratos sociales y todos los estamentos y las personas. Como sociedad, no hemos logrado desterrar ese sentimiento contra las personas diferentes. ¿Cuánto les ha constado a los compañeros y compañeras con discapacidad para avanzar y lograr que en las instituciones haya rampas para quienes tienen problemas de movilidad? ¿Cuántos años tomó eso? ¿Cuánto tardó la gente ocultando a los niños con síndrome de Down o parálisis cerebral, para que no los miraran y no sufrir la discriminación porque en esa casa vivía un “enfermito”.

Igual. Cuando se habla de homosexuales, gays o lesbianas, ¿de qué se habla? De VIH-Sida, se nos mezcla con consumo de drogas, con alcohol, con delincuentes. La imagen de la Policía sobre las transgéneras que ejercen el trabajo sexual: que son delincuentes que asaltan al cliente, aunque ellos sean los asaltados, tal como ocurre con un caso que estamos viendo en Matagalpa. Asaltan al trans, pero la Policía en su esquema mental a quien acusa es a la trans”.

En esto, los medios de comunicación son importantes como generadores de opinión. Sin embargo, hay mucho amarillismo en la información, desde los titulares y la culpabilización. Me remito al caso de las compañeras feministas a las que detuvieron en León, y lo que dijeron fue que ‘amanecieron empiernadas’, y la Policía las detuvo ‘después de una orgía’, haciendo alusión a que eran lesbianas. No podemos seguir en el moralismo social y absurdo que, de paso, es un enorme doblemoralismo, porque la diversidad sexual está en todos los lugares. Así hay de la diversidad sexual en los medios de comunicación hablados, escritos y de televisión, aquí tenemos políticos y políticas que son parte de la diversidad sexual, ahora tenemos servidores públicos abiertamente miembros de la diversidad sexual, como es mi caso, que nunca he ocultado mi preferencia y mi identidad sexual, y es parte del reconocimiento que se debe hacer. El hecho de que sea lesbiana, gay o trans no limita mis capacidades profesionales para tener un trabajo digno que nos permita vivir con dignidad y que respete mi derecho como persona.

¿Cómo está la situación de derechos de estos grupos a nivel regional?
A nivel centroamericano es muy preocupante. Por ejemplo, en Honduras, en el marco del golpe de Estado, hubo 19 muertos. De éstos, la mayoría eran compañeras trangénera, asesinadas por su identidad sexual. En Guatemala existe un nivel de muchísima violencia en contra de la diversidad sexual, a pesar de que la Procuraduría de Derechos Humanos de Guatemala está haciendo esfuerzos por lograr que los aparatos del Estado respeten a esta población vulnerable. Nuevamente, el asunto no es de establecer leyes, sino el cambio de mentalidades y de percepciones, mientras sigamos pensando con prejuicio, que la diversidad sexual está aunada a enfermedades y a acciones delincuenciales, no le vamos a cambiara nada aunque seamos parte de ella misma.

La homofobia es un pensamiento muy profundo en nuestro país. El año pasado aquí fueron asesinadas tres transgéneras, y este año también despuntamos con las transgéneras, con el caso del joven de Cuapa. La noticia fue que lo asesinaron porque propuso una relación homosexual, y si realmente fue así, eso fue un crimen de odio homofóbico. Lo mataron por su opción sexual, y lo más sorprendente para mí fue encontrarme en las páginas electrónicas de los medios de comunicación comentarios de la población que están de acuerdo porque el joven fue asesinado por su opción sexual.

¿Cuál es su recomendación al respecto?

Debemos sentar las bases para que haya una sociedad donde no se discrimine por opciones sexuales ni por identidades de género. La solidaridad y la beligerancia que ha tenido el movimiento de la diversidad sexual fuera y dentro del país han sido muy importantes. Nicaragua ha sentado precedentes en este tema, y tanto Venezuela como Guatemala están proponiendo en sus países la necesidad de que los grupos tengan acceso a un defensor especial. Aquí tiene que haber un cambio de mentalidad que debe pasar por toda la estructura del Estado, los servidores públicos y la población, incluyendo los sectores fundamentalistas, que ven a la diversidad sexual como un pecado. Pero no estamos hablando ni de buenas costumbres ni de moral. Aquí estamos hablando de una cuestión de derechos. Del respeto a un sector poblacional vulnerable ante la violencia, ante la discriminación, vulnerable económica, social y políticamente”.