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El sacerdote jesuita Álvaro Argüello Hurtado falleció ayer, a las cuatro de la madrugada, después de haber estado padeciendo el mal de Parkinson. En una entrevista que le hicimos en mayo de 2008, dijo que esa enfermedad era una bendición de Dios, “porque ahora siento más directa la presencia del Creador”.

Ésa fue la última entrevista que el religioso ofreció a un medio de comunicación estando recluido en un área del Colegio Centroamérica, donde narró para la sección de Personajes de END, su vida.

Nació en Granada, el 18 de agosto de 1933. Sus padres fueron Gustavo Adolfo Argüello Bolaños y su madre Carmen Hurtado Cárdenas. Su familia fue conservadora por tradición.

Tuvo como abuelo al doctor Adán Cárdenas, uno de los presidentes de los 30 años de los conservadores en el poder. Su progenitora fue nieta de don Fruto Chamorro, otro que fue titular del Poder Ejecutivo de Nicaragua.

Sus primeras letras las aprendió en el Colegio Francés, para pasar posteriormente al de los jesuitas, en Granada; el Centroamérica, institución que marcó el inicio de una etapa en su vida, como fue la formación religiosa que recibió y el haberse relacionado con varios sacerdotes. Esto le dejó una profunda huella en su corazón.

Años después ingresó a la Escuela Apostólica del Colegio Centroamérica, ya que debido a la decisión de su padre, no pudo viajar con otros compañeros a iniciar un noviciado en la Compañía de Jesús, en Santa Tecla, El Salvador.

Estudió la formación normal que pasan los jesuitas, dos años y unos meses de noviciado en El Salvador. Después sus superiores lo enviaron a Ecuador, donde estuvo seis años estudiando en la Universidad Católica, en estudios especializados, como Humanidades y Filosofía, y donde tuvo un contacto más directo con los pobres.

Sus etapas en la educación

Álvaro también fue maestro en el Centroamérica de Granada. Una segunda etapa que lo lleva a la educación fue cuando asumió la cabeza del Instituto de Historia de Nicaragua de la UCA. Otro período fue cuando su superior provincial lo envió a reforzar al actual Colegio Centroamérica, labor que desarrolló entre 1996 y 2004.

Son ex alumnos del padre Argüello, el ingeniero Antonio Lacayo, varios de los ministros de gobierno que presidió doña Violeta Chamorro, el ex vicepresidente de la República, José Rizo Castellón, entre otros.

Argüello durante el somocismo

Durante la lucha antisomocista, el padre Argüello vivía en una comunidad jesuita en un barrio que estaba junto a Bosques de Altamira. Llegó a Ciudad Sandino –que era el Open Tres- donde se involucró en las luchas populares y compartió experiencias con los padres Pedro Miguel Marciano, José Reyes y Valentín Martínez.

Después del derrocamiento de Somoza, en 1979, el padre Argüello fue delegado por el clero de Nicaragua para la integración del Consejo de Estado (Parlamento provisional), que operó entre el 4 de mayo de 1980 y 1985.

Argüello consultó con sus superiores jesuitas, quienes le dieron el permiso de representar al clero, así como el entonces cardenal Miguel Obando, quien al concluir la reunión le dijo tocándole el hombro: “Álvaro, muy bien, pero no perdás tu vocación”, y así representó a Aclen (Asociación del Clero de Nicaragua).

En el Consejo de Estado llegó a ser presidente de la comisión que elaboró la Ley de Partidos Políticos. Posteriormente se definió que el Consejo de Estado iba a desaparecer para dar paso a la actual Asamblea Nacional, producto de las elecciones de 1984.

Enfrentó la decisión del Vaticano que ordenó a los sacerdotes a abandonar cualquier actividad dentro del Estado en los años 80, pero un golpe de suerte le ayudó, cuando el entonces presidente del Consejo de Estado, el fallecido comandante Carlos Núñez, le pidió que lo apoyara en una asesoría de Relaciones Exteriores.

Lo consultó con sus superiores, quienes le dieron el permiso, y esto lo llevó junto al doctor Mariano Fiallos Oyanguren, a lograr que Nicaragua volviera a ser incorporada en la Unión Interparlamentaria Mundial, UIP. Se materializó en Manila, donde estaba sesionando dicho organismo. Nicaragua había sido expulsada de esa unión en tiempos del régimen de Somoza.

Morales Carazo y el dedo cortado

Álvaro fue compañero de clases de Jaime Morales Carazo en el Centroamérica y del que durante la entrevista que le hicimos hace dos años, nos narró la siguiente anécdota:
Mientras Álvaro le quitaba las ramas malas a un árbol, sus amigos estaban jugando a los bandidos y los vaqueros. “Se acercaron, me lazaron y yo me puse enojado y traté de quitarme la soga, la apoyé sobre el tronco del chilamate y quise cortarla con el machete en el momento que me jalaron la soga entonces perdí el blanco y me corté el dedo índice de la mano izquierda de un solo tajo”.

Al preguntarle al padre Álvaro quién le había jalado la soga, su respuesta fue: “Nada menos que el actual vicepresidente de la República, Jaime Morales Carazo, quien estudiaba en la Escuela Apostólica del Colegio Centroamérica”. En la entrevista Argüello dijo que “fue un accidente en juego de muchachos”.

El padre Argüello había cumplido 59 años de haber ingresado a la Compañía de Jesús. Cuando se ordenó como sacerdote en 1965 en Estados Unidos, en Mobile, Alabama, su padre muy enfermo y anciano fue a su ordenación sacerdotal.

“Me impresionó mucho. Después de mi ordenación me dio un abrazo, se arrodilló de frente y me dijo: dame tu bendición”, compartió el insigne religioso.

Los restos del padre Álvaro Argüello se estaban velando ayer en la capilla de la Universidad Centroamericana, UCA, con la Misa Campesina de Carlos Mejía Godoy.