Jorge Eduardo Arellano
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EL PAÍS / Teherán
Al menos 73 personas murieron el viernes en Bagdad en dos ataques suicidas atribuidos a sendas mujeres con síndrome de Down y que también dejaron un centenar de heridos. El doble atentado convirtió el primer día de febrero en la jornada más sangrienta desde hace seis meses, pero sobre todo debilita la sensación de seguridad que había logrado el aumento de tropas estadounidenses.

A la vez, el recurso a mujeres discapacitadas parece indicar dificultades de reclutamiento o de movilidad entre los insurgentes.

La primera explosión, poco antes de las diez y media de la mañana, acabó con 46 vidas, según el recuento de las agencias de noticias, una cifra que puede aumentar dada la gravedad de algunos de los 80 heridos. La soleada mañana de invierno había animado a muchas familias a salir de paseo tras la oleada de frío de las últimas semanas.

En mercado de pájaros
Así que el popular mercado de pájaros de Al Ghazil, uno de los favoritos de los bagdadíes, se encontraba abarrotado a pesar de que había sido objetivo de los terroristas en tres ocasiones anteriores. Inicialmente, la Policía creyó que los explosivos habían entrado en una de las jaulas, como sucedió en el atentado del pasado noviembre que dejó 13 muertos.

Sin embargo, más tarde encontraron la cabeza de la presunta suicida. Un testigo citado por la agencia Reuters aseguró que la mujer entró en el mercado diciendo que tenía pájaros para vender, y en cuanto estuvo rodeada de un montón de potenciales compradores, saltó por los aires llevándose la vida de quienes la rodeaban. Los explosivos pasaron inadvertidos bajo la amplia túnica negra con la que se cubren muchas de las iraquíes.

Los equipos de rescate no habían terminado de recoger a las víctimas, cuando 20 minutos después, una explosión similar sembraba el pánico en otro mercado de animales en Al Yadida, al sureste de la ciudad. Otros 27 muertos elevaron hasta 613 los civiles que, según las autoridades iraquíes, han perecido víctimas de la violencia en lo que va de año.

Medio centenar más resultaron heridos de diversa consideración. ‘Los dos ataques han sido efectuados de forma coordinada, y en cada caso por una mujer kamikaze que llevaba un chaleco con explosivos’, según un comunicado del Ejército de EU, que atribuyó la acción a Al Qaeda en Irak.

Por control remoto
La implicación de dos mujeres resultó corroborada por las declaraciones del portavoz militar iraquí, general Qasim Musawi, quien además precisó que las responsables tenían el síndrome de Down, y que las cargas fueron activadas por control remoto. ‘Hemos encontrado los móviles utilizados para detonar a las mujeres’, señaló.

El recurso a personas discapacitadas degrada aún más los métodos que utilizan los insurgentes. Musawi también aseguró que una de ellas no era iraquí, aunque no explicó cómo se había llegado a esa conclusión. Los hospitales de Bagdad, desbordados una vez más con la emergencia, no veían un día tan sangriento desde el pasado 1 de agosto, cuando tres coches bomba dejaron 80 muertos y un centenar de heridos.

El macabro juego de los atentados simultáneos y los aniversarios (ayer se cumplían exactamente seis meses de aquel ataque terrorista) encaja en el estilo de Al Qaeda. Sin embargo, su frecuencia y efectividad se había reducido notablemente desde el pasado septiembre cuando empezó a notarse el aumento de soldados estadounidenses anunciado en primavera, y un nuevo sistema de trabajo en cooperación con las fuerzas de seguridad iraquíes.

A la sensación de seguridad que poco a poco había ido extendiéndose por la capital, no ha sido ajena la tregua anunciada en agosto por la milicia chií del Ejército del Mahdi y el giro dado por numerosas tribus suníes que han aceptado cooperar con los soldados estadounidenses contra Al Qaeda en Irak. Aun así, la violencia no desapareció, sino que se trasladó fuera de Bagdad. El pasado 23 de enero, un atentado atribuido a ese último grupo dejó 60 muertos en Mosul, al norte del país.