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A pocas horas de ver rodar el balón en el SoccerCity y escuchar un rugido que estremecerá al planeta, lo único seguro en esta Copa del Mundo es la inseguridad. Medio mundo está asustado, inclúyanme por favor, que salí disparado de Johannesburgo para instalarme en el Holiday Inn Express de Roodepoort, pequeña ciudad dónde se puede respirar un poco, eso sí, sin cerrar los ojos.

La alegría, los desbordes, las expectativas que provoca una Copa, no han sido “confiscados”, pero el olfato de todos, capta el peligro, y eso frena, preocupa, provoca desajustes. Los únicos inmunes a todo esto, son “Los intocables” de la FIFA, que se mueven en otras esferas, que viven en otro mundo, que duermen en hoteles lujosos con costos encima de los 500 dólares diarios, y, por supuesto, los jugadores sujetados en sus concentraciones.

Los asaltos pistola en mano a diferentes grupos de periodistas quitándoles todo, esa alerta roja que se ve por las noches en ojos desmesuradamente abiertos como los que grafica en sus novelas Stephen King, el uso constante de advertencias como, “no por ahí”, “a esta hora no, es peligroso”, “tenga cuidado”, “chequee el vehículo y al conductor”, “cierre bien sus puertas en la habitación”, me hacen pensar que debí haber traído como compañero a un maestro del kung fu.

Les cuento tres cosas: en Johannesburgo, cuando solicité un taxi después de obtener la credencial, me quedaron viendo “elocuentemente” con ceños fruncidos; “no permita que alguien se le acerque”, me dijo uno de los responsables del segundo hotel en el que estuve, al ir a un supermercado a comprar un par de cosas; “mejor le pedimos la comida y la disfruta aquí, con calma”, me recomendaron aquí en el Holliday Inn, en una zona aparentemente tranquila. ¡Diablos! ¿Dónde hay una onza de tranquilidad?

La gente de las barras agitadas conoce de la inseguridad, pero dan la impresión de que les vale un pito. En el ruidoso hotel Fans Village, con baños compartidos, lleno de argentinos, chilenos, mejicanos y paraguayos, nada parece alterarles su agenda, pero están tan expuestos como cualquiera.

Se habla de un refuerzo de casi 40 mil efectivos en la Policía, lo cual no es suficiente. En “Invictus” vimos cómo llegó Mandela al Ellis Park para aquel juego de Rugby, quiero ver hoy el aterrizaje de Jacob Zuma en el Soccer City. Después de una etapa pre-Copa en que hasta las estrellas de los hoteles se perdieron, y aún sintiéndonos en un ambiente de “la bolsa o la vida”, no queda otra alternativa que coexistir con el peligro.

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