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Están continuamente vigilados por un grupo de comisarios políticos, uno de los cuales graba todo lo que sucede en el hotel donde residen, en la aséptica urbanización de Midrand. Vienen de Corea del Norte, un país que, según la ONU, tiene más del 20% de desnutrición infantil y cada año conmemora la muerte de Kim Il-Sung, declarado presidente a perpetuidad, con una manifestación multitudinaria de plañideros que lloran durante diez días seguidos por imposición legal.

Para estos chicos el fútbol debe ser una extraña bendición, aunque al verles entrenarse el lunes en Ellis Park, taciturnos y cabizbajos, más bien parecían unos condenados. Este martes debutan contra Brasil.

El seleccionador, Kim Jong-Hun, se presentó a la conferencia acompañado por un funcionario de la FIFA y por un comisario político. “No se aceptan preguntas políticas”, advirtió el empleado de la FIFA. “Sólo deportivas”.

--¿Quién hará la alineación contra Brasil? ¿Usted o el presidente de la República Democrática del Pueblo de Corea (RDPC), el señor Kim Jong-Il?
Al oír la cuestión, Kim Jong-Hun miró a su comisario político en busca de aprobación, pero halló una mirada confusa. El comisario político miró al funcionario de la FIFA y el funcionario de la FIFA interpretó que aquella era una pregunta política. “¡Sólo preguntas deportivas!”, exclamó.

Agradecimientos al “gran líder”

A continuación, Jong-Hun habló de su equipo, y a cada comentario añadió referencias a Kim Jong-Il: “Para que nuestro gran líder sea muy feliz…”, “…gracias al apoyo de nuestro gran líder…”, “…con la contribución de nuestro gran líder…”. Mientras el seleccionador hablaba, un miembro de su comitiva filmaba a cada una de las personas que le interrogaban.

“Si somos fuertes ganaremos mañana (por el martes”, dijo Jong-Hun, “y le brindaremos una gran felicidad a nuestro gran líder. El pueblo de la RDPC, con su poderosa mentalidad, es nuestro fundamento básico. Por eso creo que prevaleceremos sobre Brasil”.