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Edin Ramírez había pasado los últimos 15 años tratando de ganarse la vida como locutor de radio en la emisora ABC Estéreo, desde donde informa el acontecer a los pobladores de la brumosa ciudad de Estelí.

Su mayor preocupación es que no les falte la comida y el abrigo a su esposa y a sus tres hijos. Pero el costo de la vida empezó a acorralarlo, y en 2008 se aventuró al éxodo que más de millón y medio de nicaragüenses ha emprendido: emigrar.

“El único objetivo es ese, por otra cosa no sería”, expresa Edin, de 38 años, acomodado en una silla plástica en el patio de la humilde casa de su madre.

La última gran crisis económica mundial dejó en Nicaragua 42 mil nuevos desempleados, según el Informe “Nicaragua en Cifras 2009”, presentado por el Banco Central el pasado abril. Según el documento, el desempleo incrementó de 6 a 8%, es decir, que actualmente, unos 180 mil nicaragüenses se encuentran sin trabajo.

Para especialistas como Bertha Fernández, representante de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en nuestro país, Nicaragua no cuenta con una política de generación de empleo, principal causa de la migración.

“Crear trabajo no es fácil. Hasta conseguir lo que buscamos, es importante tener una política migratoria realista, basada en datos estadísticos y en la realidad del país”, afirmó.

El Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh) confirma esta dura realidad: según su informe de 2009, más de un millón de compatriotas viven en el extranjero.

“Un viaje seguro y placentero a USA”
Decidido a llegar a Estados Unidos, Edin se contactó con Santos Orlando Reyes, conocido en Estelí como “El Zurdo”, quien se dedica a ofrecer “viajes” hacia ese país.

Edin aún conserva la tarjeta de presentación con los datos del individuo, lee el eslogan: “Un viaje seguro y placentero”, adornado con la bandera de la Unión Americana, un señuelo perfecto para los desesperados.

Acordaron tres intentos para cruzar la frontera por 5 mil 300 dólares. Edin ajustó con la liquidación que recibió por renunciar a la emisora, con la venta de su carro, y con un préstamo por 2 mil dólares.

Todos los caminos conducen a EU
Hay varias rutas para llegar a Estados Unidos. La oficial, y por la que todos aspiran: la visa que emite la Embajada. Pero no todos logran obtenerla.

Y en la mayoría de los casos, “ni siquiera les explicaron por qué se las negaron” afirma Heidi González, miembro de la Red de Migrantes y abogada del Cenidh.

En el caso de los nicaragüenses, pueden llegar hasta Guatemala mostrando en las fronteras su cédula de identidad, gracias al acuerdo conocido como CA-4. Pero ahí concluye la travesía legal y comienza la migración irregular.

Una vez ahí, el próximo punto es la ciudad de Arriaga, en el estado sureño mexicano de Chiapas, donde se toma el “Expreso de la Muerte”, un tren de carga --que ha dejado mutilados, muertos, mal heridos y sueños sin esperanza--, que bordea todo el territorio azteca por la costa oeste, y cuyo destino final es la ciudad de Tijuana, al norte, a más de 3,300 kilómetros de distancia, en la frontera con California.

Las otras rutas no son menos crueles: una travesía igual de extensa es la que espera a quienes cruzan todo el territorio mexicano para llegar a Ciudad Juárez, en el estado de Chihuahua; Ciudad de Reynosa, en el estado de Tamaulipas; o peor aún, retar a una muerte casi segura, emprendiendo el viaje por el desierto de Sonora.

En la búsqueda de esa tierra prometida, una madrugada Edin Ramírez partió de Estelí. A los pocos días ya se encontraba en Guatemala. En el departamento de Petén, se lanzó en panga junto con otros 30 migrantes y dos “guías” contratados por los “coyotes”, para navegar las aguas del lago Peten Itzá, que limita con México.

En el Distrito Federal, el grupo fue dividido. Sin noticias de su familia, en suelo extranjero, pendiente del dinero en su bolsillo, y escondiéndose de las autoridades, Edin esperó por más de una semana hasta la próxima señal de los “guías” para proseguir el viaje al norte.

Setecientos kilómetros más adelante, el esteliano locutor de radio llegaba a Monterrey. Pero en la garita de seguridad, la suerte le cambió. Uno de los contratados por el “coyote” no pagó la “mordida” a las autoridades en la zona.

“Si yo hubiese sabido que me iban agarrar por eso, le hubiese dicho al federal: “Tomá 50 dólares y yo cruzo. Pero al guía se le ocurrió no pagar mi mordida”, narró Ramírez.

Edin y sus compañeros quedaron detenidos. El guía no regresó a negociar su liberación. Sin más dinero en la bolsa, y sin nadie a quien recurrir, descubrió que entre los “guías” en el lugar, el nombre de “El Zurdo” no significaba nada. Nadie lo conocía.

Los temibles Zetas
“Cruzar todo ese territorio lleva muchos días y meses, y ahí es donde han crecido grupos como Los Zetas, que se dedican a secuestrar a migrantes para luego extorsionar a sus familiares en Estados Unidos”, explicó Heidi González.

Según ella, cada día son más frecuentes las historias de nicaragüenses víctimas de robo, de extorsión por parte de las mismas autoridades, casos de mujeres y niños violados, que quedan impunes por el mismo temor de ser deportados, reportados en el informe de Amnistía Internacional “Víctimas invisibles: Migrantes en movimiento en México”, publicado en abril de este año.

Este informe revela, además, que de cada 10 migrantes, nueve son centroamericanos, y que la miseria, la inseguridad y la falta de oportunidades en sus países de origen, siguen siendo los mismos factores que provocan esta situación.

De vuelta a casa
El grupo de detenidos, entre ellos Edin, fue trasladado al estado indígena de Chiapas. Tras quince días de espera, las autoridades mexicanas de migración llegaron con otros 25 capturados, de manera que ya estaban los cupos suficientes para ser subidos a un autobús y ser deportados a sus países. “Y de ahí (de Chiapas) nos trasladaron en bus a El Guasaule (Chinandega)”, relata el esteliano.

Segundo Intento de Edin
En septiembre de 2008, Edin Ramírez logró entrar por el estado de Texas, asumiendo los riesgos y el hambre. Tras varias semanas, en compañía de otros migrantes, llegó a la ciudad de McAllen, condado de Hidalgo. Un operativo de la patrulla migratoria obligó al grupo a dividirse. En la fuga, Ramírez se escondió junto con otro compañero en un pantano en las afueras de la ciudad. “Estábamos hasta el cuello de lodo. Esperamos dos horas para salirnos. Nos estaban esperando”, relató.

“Ahí nos tocó más duro. Pasamos como tres días retenidos de una cárcel a otra. Como a los cinco días nos fuimos a bañar. Mal comidos al inicio, un sándwich y agua. Me imagino que sería de castigo”, detalló.

En la famosa “Hielera”
Edin conoció “La Hielera”, cárcel cuyas condiciones para los presidiarios le hacen honor a su nombre. “Es la famosa “Hielera” que le llaman, porque uno aguanta mucho frío. Imaginate, uno joven, con condiciones físicas que puede (soportar). Imagínate en el caso de mujeres embarazadas o de personas adultas que no tienen la misma condición de uno”, expresó.

Luis Rocha, coordinador del Servicio Jesuita para Migrantes, confirmó que a los migrantes que son sometidos a un proceso de deportación, se les da un atuendo con tres colores, los cuales indican su “grado de peligrosidad”: rojo para los “más peligrosos”, amarillo para un “nivel medio”, y verde “si no hay ningún problema”.

Redadas y grilletes, la receta antimigrantes
A pesar de que el presidente Barack Obama prometió durante su campaña priorizar el tema migratorio, las redadas son cada vez más consecutivas.

Una de las más impactantes ocurrió en agosto de 2008, en la fábrica de Howard Industries, Inc., en Lauren, Misisipi, donde la mayoría de obreros (450) eran latinos irregulares.

Tres meses atrás, el 12 de mayo, unos 389 migrantes que trabajaban en la procesadora de carne AgriProcessors, en Postville, Iowa, cayeron en una redada.

Fue para esa época cuando la Agencia de Inmigración y Aduana puso en práctica un nuevo mecanismo de control: grilletes electrónicos ajustados al tobillo de los procesados, que funcionan con el sistema de posicionamiento global (GPS, por sus siglas en inglés).

Los “aliens” en el planeta tierra
Después de firmar su deportación voluntaria, Edin fue trasladado al Willacy County Processing Center. Este sitio cuenta con un férreo sistema de seguridad, y tiene capacidad para 3,000 detenidos. Dicho centro está ubicado en Raymondville, estado de Texas.

La identidad de Edin fue registrada en un carné: nombres y apellidos, país de origen, código de barra, y un número de registro. Le ajustaron un brazalete de plástico en una de las muñecas --otra medida de control-- y le extendieron una declaración oficial, que le prohíbe el ingreso a Estados Unidos por cinco años.

Un oficial del Departamento de Seguridad Nacional entrevistó al “alien” (término establecido por las leyes estadounidenses para referirse a los extranjeros en situación irregular) Edin Ramírez: ¿Dónde nació? ¿Por qué dejó su país? ¿Cuándo fue la última vez que entró a Estados Unidos?
Mientras estaba detenido, al nicaragüense le garantizaron atención médica las 24 horas todos los días, y le informaron qué tipo de atención podía recibir.

Luis Rocha confirmó durante una gira a una prisión en Texas, que los detenidos tienen a su disposición los números telefónicos de los consulados de los países de donde provienen, y de abogados e instituciones de derechos humanos a las que pueden acudir.

Pero a Edin Ramírez esto no le sirvió: “Ahí no vale mi presidente, ni el uno, ni el otro. No hay autoridad”, relató Ramírez.

Edin fue finalmente deportado. Todavía tiene un intento pendiente con el coyote… pero no está seguro de querer intentarlo nuevamente.


(*) Unidad De Producción Informativa Conexiones / Uca