•  |
  •  |
  • END

En Nicaragua hay un aproximado de 80 mil niños con discapacidad en edad escolar, de los cuales, se estima que apenas el 10% está integrado a la educación regular. La razón: nuestras escuelas no prestan condiciones físicas ni didácticas, el personal no está adecuadamente capacitado, y la misma familia en algunos casos, no los reconocen como sujetos con potencial para aprovechar la escuela.

A nivel mundial se promueve la educación inclusiva, entendida como la capacidad de los colegios regulares para absorber a los niños con discapacidad, y no limitar sus opciones de estudio a las denominadas escuelas especiales que en este país apenas son ocho.

Nicaragua está aceptando el desafío, no obstante, los avances son pocos sobre todo cuando la realidad evidencia que el nivel de educación inclusiva es el que menor índice de atención refleja de parte del Ministerio de Educación, Mined, señaló Jorge Mendoza, Director Ejecutivo del Foro de Educación y Desarrollo Humano.

Mendoza apuntó que el llamado a las naciones surgido a raíz de la Declaración de Salamanca, es a crear una cultura de educación inclusiva que elimine todas las barreras de discriminación, incluidas las referidas a la discapacidad.

Aclaró que no todo lo que limita el avance en la inserción de los niños con discapacidad a la escuela, está relacionado con las limitaciones que tiene el Estado para cumplir con la obligación de garantizar el derecho a la educación. La misma sociedad necesita sensibilizarse.

“El desafío mayor es eliminar las barreras culturales”, señalando que se debe comenzar porque la familia deje de ver a los niños con discapacidad como enfermos, que los críe como víctimas, lesionando su autoestima y menospreciando su potencial.

Para el Mined además de un incremento en la matrícula -cuyos últimos datos oficiales, correspondientes a 2008 hablan de un ralo 10 por ciento del total de la población- se plantea el reto de acondicionar las 15 mil escuelas del país con rampas, pasamanos, material didáctico especial, entre otros requerimientos para que el alumno con discapacidad no sólo se matricule, sino que permanezca en el centro.

Según José Antonio Gutiérrez, Presidente de la Asociación de Personas con Discapacidad Física Motora, las limitaciones de infraestructura de los colegios influyen en la frustración de los planes de aprendizaje de los discapacitados, resultando en la deserción.

Hay esfuerzos
Mendoza valoró positivamente que la Estrategia de Educación Inclusiva del Mined contemple que las escuelas especiales se dediquen a atender exclusivamente casos de necesidades educativas en grado extremo y convertir esas escuelas en Normales que capaciten al resto de maestros para que puedan atender de manera adecuada a esa población infantil. También consideró alentador que el Ministerio se esté apoyando en las organizaciones civiles para poner en marcha la campaña “Todos vamos a la misma escuela, que nadie se quede sin estudiar”, cuya meta este año era elevar de 10 a 16 % la tasa de matricula de niños con discapacidad, aunque “hay elementos que indican que se va avanzando en ese tema”. El Mined no revela cuál ha sido el impacto real aún.

Otro avance fue convertir la Dirección de Educación Especial en una Dirección de Educación Inclusiva.

“Lamentablemente cualquier programa de acción afirmativo, cualquier política pública que pretenda resolver problemas pasa inevitablemente por considerar la cantidad de recursos que tiene el Estado para responder… no puede haber otra solución a la problemática educativa que tiene el país si no es porque se resuelva el tema de la inversión”, concluyó Mendoza.