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Una decena de tumbas en el cementerio de Boaco amanecieron profanadas ayer. Algunas con las cruces partidas en dos, otras con las imágenes religiosas quebradas, y más de una con la placa del difunto dañada.

El cuidador del cementerio, Ronaldo Loáisiga, quien labora solamente en el día, expresó a EL NUEVO DIARIO que la mañana de ayer cuando se presentó al camposanto encontró que algunas tumbas no tenían los Cristos o las vírgenes que les adornaban.

“No sé si es algún vándalo que se está aprovechando”, expresó el cuidador, quien agregó que hasta el mediodía de ayer ninguno de los familiares de los difuntos cuyas tumbas fueron profanadas se había presentado al sitio.

En la convulsión que se vive en Boaco por el intento de destitución del alcalde Hugo Barquero, quien permanece atrincherado en la municipalidad, la noticia fue reproducida de boca en boca rápidamente.

Aunque hasta ahora nadie conoce con exactitud quien realizó la acción, hay quienes aseguran que las tumbas profanadas son de difuntos que pertenecen a familias adversas al sandinismo, pero dicha especulación no fue confirmada por este diario.

Según Ronaldo Loáisiga, ya se han dado casos de robo en el cementerio, sin embargo, esta vez sólo hubo destrozos en las tumbas.

Boaco, entre la tensión y la calma

En tanto, en la Alcaldía de Boaco se duerme como conejo o se amanece jugando desmoche. Hugo Barquero, el alcalde que intentan destituir, hoy cumple seis días atrincherado en la municipalidad. Médico de la contra en los años 80, insiste en de ahí sólo saldrá muerto.

Poca gente lo acompañaba ayer en las cercanías de la alcaldía de Boaco, ciudad que este domingo permanecía entre la calma y la tensión.

Las calles vacías de un típico domingo contrastaban con el ajetreo en la estación policial ubicada a un costado del Parque Central de la ciudad, donde una decena de oficiales que hacen turno obligado, bromean entre sí y ven distraídos los juegos de fútbol, al tiempo que se organizan para hacer los recorridos en el pueblo.

Comida y ropa para Barquero

Cerca de la alcaldía, Silvia Mercedes López, esposa del alcalde destituido Hugo Barquero, lleva comida y ropa para el doctor, y a unos metros de ella, un conductor de camiones de la municipalidad, comenta “lo jodido que está la cosa”.

Para una joven morena que trabaja haciendo la limpieza en el mercado, la “cosa” parece estar entretenida. Ella, “arrecha a bailar”, se mueve al ritmo de la música que suena por los altoparlantes, y que trajo la discomóvil que apoyó a Barquero durante la campaña.

La morena baila en la acera hasta donde los antimotines la dejan estar, y dice que no ha dormido desde ayer, igual que otros tres señores con rostros fatigados que no bailan, pero fuman.

Marco Antonio Álvarez trabaja en los módulos de adoquinamiento, y ha dormido todas estas noches con Barquero. En la oficina del alcalde, el sábado a las 11 de la noche inició un juego de desmoche que se prolongó a las cinco de la mañana.

No se dio cuenta de la hora, dice Álvarez, quien vive en la misma cuadra de la alcaldía, y acaba de regresar de su casa luego de un pequeño descanso, ya que duermen como “el conejo, con un ojo abierto y el otro cerrado”, pues desconfían de la Policía Nacional.

“Está difícil (saber) los días que va a durar esto. Está en manos del gobierno. De ellos, los sandinistas. Ellos son los que juegan con las leyes”, dice Álvarez, ya golpeado por los días de desvelo que aguanta a punto de café y de cigarro.

A pesar del tedio que se vive dentro de la alcaldía, el edil destituido ha visto cada uno de los juegos del Mundial de Fútbol porque, dice Álvarez, “estos jodidos (los policías) no nos han quitado la televisión”.

La gente descansa

Hay poca gente respaldando a Barquero. Unas 15 personas platican entre sí y escuchan música bullanguera, desde el waka waka de Shakira hasta los corridos que se escuchan en esta zona del país. Los policías hacen lo mismo y la gente que ve de largo el conflicto también.

En el otro cerco policial, unos cinco policías secan su ropa interior, camisas, pantalones y calcetines a media calle y sobre el motor del bus Mercedes Benz que los llevó a Boaco.

“¿Me siente? ¿Verdad que estoy ‘jediondo’?”, pregunta uno de ellos. Este policía, moreno y chaparro, vino desde Managua el martes pasado, y aunque pone cara rabiosa para no dejar pasar a nadie cerca de la alcaldía, se toma el tiempo para conversar sobre la vida que están llevando en las calles boaqueñas.

Las críticas a los policías han sido duras. Los medios narraron 15 minutos de extrema violencia contra la gente de Barquero que se manifestó el viernes, pero ayer, bajo un sol tierno y con el rostro cansado, los antimotines prefieren platicar y justificar la violencia, argumentando las pedradas de la población que exigía la restitución del alcalde.

Entre la poca gente que recorre la ciudad está el doctor Armando Incer Barquero, ex alcalde del lugar. A dos casas de la alcaldía, llegó a revisar a un paciente, y se detuvo a darle un consejo al edil boaqueño que transmitió a través de los medios de comunicación: “Resista”.

Iglesia toma distancia

Las autoridades de la Iglesia Católica de Boaco tomaron distancia ayer del conflicto que atraviesa ese municipio desde hace una semana.

Mientras, el Obispo de la Diócesis de Granada, monseñor Jorge Solórzano, llegó al municipio sólo con el propósito de hacer una tarea “pastoral”, e hizo un llamado a los políticos a no “aferrarse al poder”; el Vicario Episcopal de Boaco, monseñor Juan Moreira, dijo que “es preferible sufrir injusticias antes que caer en la tentación de la violencia”.

Moreira calificó la situación en Boaco como un “enredo fenomenal”, y dijo que Juan Obando, quien fue designado alcalde de esa ciudad luego de la destitución de Barquero, se comunicó con él el sábado, pero hablaron de cosas “personales”.

Desde el sábado pasado no se ve a Obando en las calles de Boaco. En la alcaldía permanecían ayer Barquero y algunos de sus trabajadores más cercanos.

El martes pasado, el Concejo de Boaco se reunió para destituir a Barquero, quien así se convirtió en el cuarto alcalde removido, pero ha sido el único que ha resistido. Los concejales sandinistas lo acusan por corrupción, pero hasta ahora no han mostrado pruebas.

Los Tribunales de Apelaciones de Masaya y Juigalpa ordenaron la restitución de Barquero, no así el de Managua, que coincidió con una resolución del Consejo Supremo Electoral (CSE) y reconoce a Juan Obando como alcalde de Boaco.