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Buscar en la Biblia la solución que deben dar los gobiernos y la sociedad misma a problemas como la violencia, no es una decisión acertada, opinan líderes religiosos nicaragüenses ante la polémica desatada a raíz de que el Parlamento de El Salvador aprobara un decreto que busca imponer la lectura de la Biblia en los colegios públicos, como manera de contrarrestar la violencia que en ese país crece sin control.

Para monseñor René Sándigo, Obispo de Chontales, la iniciativa --además de “extrema”-- evidencia desesperación por parte de los políticos.

No obstante, dijo de forma enfática que la Biblia no es “un elemento mágico que va a transformar esa realidad”.

Monseñor Bernardo Hombach pidió precaución ante una medida de este tipo, porque la violencia no se “arregla ni con leyes... nació en la sociedad donde todos somos parte… todo esto se debe a una pérdida de valores”.

“En vez de buscar un remedio más bien están intensificando la violencia, porque como bien lo dice la Conferencia Episcopal de El Salvador, eso causaría rencor entre unos y otros”, declaró Sándigo, recordando que en el mundo debe predominar la libertad de culto, de modo que al tratar de hacer de la lectura bíblica una obligación se estaría violando ese derecho individual.

“La religión es un acto libre, tenemos que seguir libremente al Señor, el Señor nunca quiso gente que lo siga obligadamente, esa libertad hay que respetarla”, apuntó Hombach.

Pastor Marenco: por la laicidad del Estado

Por su parte, el pastor Augusto Marenco calificó como indispensable que los estados se mantengan laicos, situación que se ha defendido para garantizar la libertad de culto.

Agregó que aunque el trasfondo del decreto tenga una buena intención, no deja de ser una decisión “desacertada”, porque “las cosas espirituales o religiosas no pueden ser impuestas”.

Citando al arzobispo salvadoreño José Luis Escobar, monseñor Sándigo expuso que “para que la Biblia tenga eficacia, debe encontrar un ambiente propicio para su lectura y explicación, y probablemente en un salón de clases no todos tienen la capacidad receptiva”, y hasta se advirtió que la medida puede generar un “desprecio a la palabra de Dios”.

Religiosos de El Salvador en pugna

Pastores y sacerdotes mantienen una pugna sobre el decreto legislativo que obliga a leer la Biblia como medida para estimular el respeto y prevenir la violencia entre los niños y jóvenes.

Falacia, hipocresía, posiciones populistas e injerencia estatal son términos esgrimidos por ambos bandos para referirse a la normativa, que aún no ha sido sancionada por el mandatario, Mauricio Funes
Carlos Rivas, pastor evangélico, dijo que la lectura debe ser una decisión "consciente" y no obligatoria, y que los "primeros" en hacerlo deberían ser los diputados y no adoptar "posiciones populistas".

“La medida se vuelve conflictiva, nos enfrenta a todos y vuelve la solución en un problema, casi una torre de Babel, donde todos hablan diferente en torno a un libro común: La Biblia", enfatizó Rivas.

El Arzobispo de San Salvador, monseñor José Luis Escobar, tildó la medida obligatoria como una "falacia", argumentando que “la escucha de la palabra de Dios exige un ambiente de fe, el cual no existe en la escuela pública; la palabra de Dios exige explicación para ser bien entendida, y ese decreto prohíbe la explicación".

Rivas tildó de "hipócrita" la posición del arzobispo Escobar, "porque se pone en peligro el reconocimiento estatal de la Iglesia Católica como la única Iglesia oficial del Estado salvadoreño, el cual le provee recursos y ayuda directa para mantener el statu quo".

En tanto, el pastor de la Misión Cristiana, Mario Vega, manifestó reservas en torno “al tema de la injerencia del Estado en asuntos que competen a la Iglesia. Veo como un peligro, incluso un retroceso histórico, que en este momento se presenta como algo favorable, lo que implica la lectura de la palabra, pero de esta misma manera, en el futuro se podrían tomar otras (medidas) que no sean favorables".