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Entre decenas de devotos, curiosos y los ya infaltables borrachitos, Santo Domingo de Guzmán bajó de su altar en la iglesia de Las Sierritas. Con no más de 18 centímetros de altura, la estatuilla fue venerada por cientos de capitalinos que se congregaron en este santuario para iniciar las fiestas patronales de Managua.

Los feligreses llegaron al templo desde tempranas horas de la mañana, donde esperaron el inicio de la homilía que estuvo a cargo de Monseñor Silvio Báez, obispo auxiliar de la Arquidiócesis de Managua y Monseñor Carlos Avilés, vicario de la Arquidiócesis capitalina.

Una vez terminada la ceremonia, las trompetas y tambores de los filarmónicos empezaron a sonar, dando paso al baile de quienes cumplen una ofrenda ante algún milagrito hecho por la diminuta imagen, o bien, la danza de aquellos que al calor de los tragos y entre la algarabía generalizada, se animaron a participar al ritmo de las piezas musicales.

“Yo vengo desde hace 25 años cumpliendo una promesa que le hice a Santo Domingo para que me salvara a una hija que estaba en labor de parto y se miró con muchas complicaciones, pero ‘Minguito’ me hizo el milagro”, comentó la promesante Fátima Pichardo.

Tradición y vida en las fiestas
Entre los asistentes también se encontraban las hermanas Juana Tomasa y Josefa Inés Urbina Loáisiga. A sus 100 años, la primera es la más jovial de las dos y anima a Josefa, de 81 primaveras, “a bailar al son que le toquen”.

Ambas se declararon devotas de Minguito, así como de toda actividad que incluya filarmónicos de por medio. Después de bailarle unas cuantas piezas al santo, hicieron una pausa para comer un nacatamal acompañado por una cerveza bien fría. Según ellas, sólo es cuestión de agarrar fuerzas y seguir en la fiesta.

Además de la devoción que llevó a los managuas a presenciar la bajada de Santo Domingo, la ocasión fue aprovechada por comerciantes informales que acuden año con año a la popular celebración en busca de sacar algún beneficio económico.

“Ésta es una oportunidad para ganar unos realitos extras, porque la gente siempre tiene que comer o tomar alguito mientras están en la bulla”, expresó Cándida Hernández, quien desde hace tres años decidió cambiar su venta de sombreros, velas, llaveros, estampillas con la imagen del Santo y demás bisutería, por un puesto de comida y licor.

“Cuando uno está bien asoleado busca algo de beber, comer, por eso cambié lo que vendía antes por vigorón y cervecita, eso siempre da”, agregó.

Listos para la venida
En la actividad estuvo presente la alcaldesa de Managua, Deysi Torres, quien por segundo año consecutivo es mayordoma de una de las fiestas patronales más grandes de Nicaragua.

“Para mí es un honor tener la oportunidad de participar en esta experiencia donde soy testigo del fervor y el amor de los nicaragüenses”, expresó Torres.

La mayordoma de las fiestas agostinas, también bailó al ritmo del son de toros en el barrio San José Oriental, donde el comité organizador de las fiestas patronales de la Alcaldía de Managua apoya todos los años a sus pobladores para llevar a cabo una corrida taurina.

Por la noche, se llevó a cabo en Las Sierritas la tradicional vigilia de “Minguito”, donde los devotos esperaron el amanecer entre filarmónicos y bailes, para el día de hoy, participar en el popular recorrido que dura casi todo el día, hasta la iglesia de Santo Domingo en los escombros de Managua.