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El Plan Nacional de Desarrollo Humano elaborado por el gobierno del presidente Daniel Ortega, plantea mejorar la calidad de la atención en salud, a través de proyectos que distan mucho de las posibilidades reales de inversión y recursos de nuestro país.

El plan plantea una disminución de la mortalidad materna y e la infantil, un aumento de las cirugías y de las consultas hospitalarias, el funcionamiento de casas maternas, ampliación de la cobertura en el área rural, incremento de la cobertura del INSS, exámenes de laboratorio y medicamentos gratuitos.

Según el sociólogo Cirilo Otero, estas transformaciones en el sector salud no son viables, ya que requieren una inversión de capital que no se está dando.

“Para hacer cambios reales en el sector de la salud se requiere una inversión sistemática y creciente, no impulsar proyectos tapagoteras, como las brigadas de médicos sandinistas. Si hacemos una revisión, la población sigue recibiendo los mismos medicamentos que en gobiernos anteriores, porque el monto en salud per cápita es apenas de 9.70 a 10.20 dólares, que divididos entre doce meses al año da sólo para recibir un suero y un par de pastillas”, explica.

Otro problema radica en que a medida que la población aumenta, crece la demanda de los servicios de salud, por tanto la necesidad de este año es superior a la de años anteriores, pero el monto destinado a la salud decrece por el deslizamiento monetario.

¿Y los “nuevos” nicaragüenses?

La tasa de crecimiento de la población en Nicaragua es de 2.7%. Esto significa que 110 mil personas nacen anualmente en Nicaragua, o sea 110 mil niños y niñas van a demandar salud cada año. Sin embargo, el gobierno no ha aumentado los recursos en la misma proporción.

Otero explica que esto se debe al estancamiento de la economía. “Si el producto interno bruto, las exportaciones y la economía no ha crecido en relación con años anteriores, pero mantenemos una población en crecimiento, es imposible que el gobierno tenga dinero para cumplir las metas del Plan de Desarrollo Humano 2009-2011. Esas metas son puro discurso”, asegura.

Por otro lado, el problema de la salud es un asunto estructural que tiene cimientos no sólo en el presupuesto sino en la salud preventiva. “Como no existe medicina preventiva, los costos en salud que se invierten anualmente per cápita son salvajes, y el gobierno no tiene capacidad para cubrirlos, porque con el deterioro de la tasa cambiaria y la caída de los precios internacionales de todos los productos, Nicaragua enfrenta una seria crisis económica”, añade Otero.

El infaltable Estado-Partido

El otro inconveniente a tomar en cuenta es el desvío de recursos destinados originalmente para el sector salud, hacia otras actividades, como los gastos publicitarios o el pago de combustible para acciones partidarias- movilizativas.

“Aunque las autoridades del Ministerio de Salud no lo digan públicamente por el bozal institucional que se les ha impuesto, existen gran inconformidad con el Ministerio de Hacienda ante continuos desembolsos no presupuestados. Esto significa que aunque en el presupuesto se destine una gran cantidad para el sector salud, la realidad es otra”, comenta Otero.

En otras palabras, aunque el discurso orteguista luce muy bien en el papel, dista mucho de la verdad a la que se enfrentan miles de nicaragüenses, quienes día a día se ven obligados a usar un servicio cada vez más ineficiente.