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Al contraponer las ambiciosas metas planteadas por el gobierno en materia de Educación, entre las que destaca lograr la universalización de la primaria en 2012, a la realidad macroeconómica del país, que marca una disminución en la inversión en este sector para el año próximo, queda en evidencia un doble discurso gubernamental.

Ése es el análisis que hace el economista Óscar René Vargas, argumentando que para lograr avances significativos a mediano plazo, se requiere destinar al menos el 7% del Producto Interno Bruto, PIB a Educación.

Según el especialista, en el horizonte de la educación se avizora un estancamiento en las niveles históricos de inversión, que rondan el 3.7% del PIB, y que no es fruto de la gestión de este gobierno, pero que debido “una visión miope de la clase dominante”, no se ha podido superar.

La principal falla radica en la carencia de un Plan Nacional de Educación, dijo Vargas, criticando a quienes en lugar de hacer proyecciones sostenibles a plazos de 10 ó 20 años, optan por desechar políticas y programas educativos ya encaminados.

“Todo el que llega piensa que va a descubrir el agua helada… no damos continuidad a las cosas”, dijo.

Un ejemplo reciente es la sustitución del Plan Decenal de Educación 2011-2021, propuesto por el ex ministro de educación Miguel de Castilla; por una Nueva Estrategia Educativa que, según declaró a EL NUEVO DIARIO Miriam Raudez, titular del Mined, lo que propone es “cambiar una política de exclusión educativa… universalizar la educación”.

Pero la propuesta ha sido fuertemente criticada por organizaciones civiles y sindicales, por considerarla alejada de la realidad y más enfocada en promover los llamados valores de gobierno.

Fuga de docentes calificados

Vargas también expuso como esencial la mejora del salario a los maestros para evitar la alta rotación de personal calificado que está migrando en busca de mejores oportunidades económicas.

Lo más grave es que eso abona a que el empirismo gane terreno en la planilla docente. Actualmente ya ronda el 40% del total, según Vargas. En promedio los maestros de primaria perciben al mes 3 mil 650 córdobas y los de secundaria 4 mil córdobas.

La profesionalización magisterial es esencial, dijo el economista, sin descalificar el aporte de las escuelas comunitarias, en las que se atiende principalmente a la primera infancia.

“Son importantes, pero no te van a dar la respuesta… la respuesta a la educación no es poniendo parches aquí y allá; es una reforma educativa que tenga como eje central la formación profesional”, sostuvo.

Hizo énfasis en la importancia de la oferta de formación técnica, pues al final de todo, el trasfondo de las limitaciones de la educación se reflejan en que el país carece de mano de obra calificada.

Educación estancada

Pese a que oficialmente se reportan mejoras en número de estudiantes matriculados (1 millón 611 mil 738) porque dejaron de cobrar, se mantienen las deficiencias en número de aulas, retención escolar y culminación del sexto grado.

La deserción histórica anda por el 30% no obstante el gobierno sorprendió reportando un 90.5 % de retención a mitad de año, dato que fue descalificado por los reportes de organismos civiles y sindicales que evidenciaron en algunas zonas el abandono de aulas entre el 35 y 40%.

Vargas concluye que si no se invierte al menos el 7% del PIB no se avanzará en educación, dejando claro que los Objetivos de Desarrollo del Milenio quedarán como parte de ese doble discurso gubernamental, porque es un hecho que no se alcanzarán. “En lugar de 2015 vamos a llegar al 2022 en el mejor de los casos”, apuntó.

Nicaragüenses condenados a la pobreza

Según análisis del economista Adolfo Acevedo, la falta de garantía de una educación suficiente y de calidad, “condenó al país a tener hoy una fuerza de trabajo de bajísima calificación”.

La estructura del mercado laboral nicaragüense muestra que casi 7 de cada 10 empleos en Nicaragua son precarios en el sector informal, que generan ingresos muy bajos y que mantienen a quienes los desempeñan, bajo el umbral de la pobreza.

Nuestro país, según Acevedo, presenta un enorme rezago educativo, tanto en términos de cobertura como de calidad. Sólo el 87% de los niños en edad de asistir a la enseñanza primaria se matriculan en este nivel, y apenas un 40 por ciento logran llegar al sexto grado.

En el caso de los jóvenes y adolescentes en edad de ingresar, apenas un 45% se matriculan y sólo un 44 % completan la secundaria.

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