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El Vaticano ha decidido mantener en sus cargos a dos obispos auxiliares de Dublín que en diciembre pasado se vieron obligados a dimitir, contra su voluntad, tras ser criticados en un informe sobre los abusos sexuales a niños en Irlanda ocurridos en los últimos 40 años.

La decisión de Benedicto XVI, que en el pasado había aceptado otras dimisiones en la Iglesia irlandesa, se interpreta como un duro golpe para el arzobispo de Dublín, Diarmuid Martin, partidario de la mano dura con la jerarquía eclesiástica acusada de colaborar en el encubrimiento de sacerdotes pederastas.

Martin fue quien forzó la dimisión de los obispos auxiliares Eamonn Walsh y Raymond Field, que se resistían a ofrecer su cabeza pese a haber sido criticados en el informe publicado en noviembre del año pasado sobre los abusos. Su dimisión fue anunciada en una carta conjunta leída a los feligreses de Dublín en la misa de Navidad de diciembre pasado.

El rechazo del Vaticano a esa dimisión ha sido anunciado de forma muy discreta. El arzobispo Martin la ha hecho pública aprovechando una larga carta enviada a todas las parroquias de Dublín en la que aborda el tema de la preparación de los fieles para la comunión y, en particular, para el acto de la confirmación.

En un momento dado, el arzobispo señala que los obispos deberían administrar la confirmación al menos una vez cada cinco años.

Y, sin que parezca venir a cuento, escribe: ‘Tras la presentación de sus dimisiones al Papa Benedicto, se ha decidido que el obispo Eamonn Walsh y el obispo Raymond Field sigan siendo obispos auxiliares y se les van a asignar nuevas responsabilidades dentro de la diócesis.

Eso significa que estarán disponibles para administrar la confirmación en cualquier parte de la diócesis el año próximo’. La existencia de la carta, que lleva fecha del 10 de agosto, fue desvelada primero por el diario The Irish Catholic.

El diario The Irish Times publicó luego una copia de la carta en su página de Internet y la veracidad de esa misiva y de su explosivo contenido fue confirmada por ayudantes del arzobispo Martin.

Roma vino a confirmarla por pasiva al recordar su portavoz, el reverendo Federico Lombardi, que el Vaticano nunca anuncia públicamente que una dimisión ha sido rechazada y sólo informa cuando ha sido aceptada.

Informe confirma ocultamiento

Las ahora frustradas renuncias son consecuencia de un informe del Gobierno irlandés que concluyó que la jerarquía de la Iglesia ocultó a la Policía las acusaciones de pederastia contra 170 sacerdotes desde los años setenta hasta mediados de los noventa.

Los líderes eclesiásticos de Dublín no empezaron a informar del problema hasta 1995, pero luego siguieron manteniendo el asunto en secreto hasta la llegada del arzobispo Diarmuid Martin en 2004.

Como consecuencia del informe dimitieron los obispos de Limerick, Donal Murray, y de Kildare, James Moriarty, ambos antiguos obispos auxiliares de Dublín. Su renuncia sí fue aceptada por Benedicto XVI.

El obispo de Galway, Martin Drennan, siempre se ha negado a dimitir a pesar de las presiones que ha recibido para que deje el cargo. Los obispos Eamonn Walsh y Raymond Field también se resistieron a presentar su renuncia, pero lo hicieron al ver que el arzobispo Martin no les respaldaba en público.

Desde que en 2004 lidera la diócesis de Dublín, Martin ha renegado de la política de sus predecesores de ocultar los abusos sexuales de sus sacerdotes y limitarse a trasladar a los responsables o sospechosos de abusos a otras diócesis en Irlanda, Reino Unido o Estados Unidos.

Para los sectores más liberales de la Iglesia, la decisión de Benedicto XVI de desautorizarle ‘significa una bofetada al liberal y reformista obispo Diarmuid Martin, un hombre que tiene tanto apoyo popular que podría ganar las elecciones presidenciales del año que viene’, según Garry O’Sullivan, director de The Irish Catholic.

Pero no sólo es una bofetada al arzobispo, sino sobre todo una bofetada a la política de mano dura con los encubrimientos que Martin representa.