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Mientras las inmigrantes nicaragüenses, del Norte y Occidente del país, sólo logran en España trabajos por debajo de su calificación académica, la historia del español Germán Martínez, en Nicaragua, es al revés.

Martínez, originario de Cataluña, llegó a Masaya, ciudad ubicada a 30 kilómetros de Managua, hace tres meses, prácticamente con un contrato de trabajo en la mano que por fin le permitía desarrollarse en lo suyo: formulación de proyectos para conseguir financiación en el exterior.

Algo que no consiguió en su país de origen, España, por la falta de empleo en el ramo, pese a que maneja cinco idiomas aparte del nativo, entre éstos francés e inglés, y es experto en Antropología y Ciencias Políticas.

“Pasé desde mayo de 2008 a (mayo) de 2010 buscando trabajo en mi país. Primero en mi carrera como cooperante y luego en lo que fuera, en cualquier cosa, pero nada, no salía nada ¡ni de descargar camiones!”, rememora.

Cuenta que también intentó dar clases de inglés en una escuela pública, “porque tengo un certificado de actitud pedagógica, sin embargo, no conseguí nada porque no había cupo”, recuerda hoy ya relajado, sentado en una banca del Parque Central de Masaya, una ciudad famosa, entre otras cosas por su folklore.

“En los últimos dos años –reflexiona el catalán-- en las escuelas públicas de España, se opta por no contratar nuevos maestros y más bien utilizan a la bolsa de profesores que ya tienen porque no hay presupuesto. Si un profesor se enferma en vez de contratar otro, lo sustituyen con otro del equipo que ya tienen. En España el tirón en realidad es el turismo”, afirma.

Es decir, “es servir café y cervezas a los turistas, a los cheles. Hay gente que se acomoda a eso a pesar de que son profesionales, pero otros no lo hacen, yo no quise hacerlo, no quise conformarme con eso”, destaca.

Sin opciones y sin piso para vivir
Sin opciones y sin poder pagar un lugar para vivir, la situación empeoró. Tras quince años de haber estado sólo, sin depender de sus padres, al verse sin trabajo, no tuvo de otra que acudir a la casa de sus progenitores.

“Volví a la casa de mi madre ¡con 36 años de edad! Fue una pesadilla. Pero no tenía cómo pagar el piso (el apartamento). No tenía otra salida”, argumenta.

Pasó varios meses en casa pero tomando uno que otro curso vinculado a su profesión. “Adquirí una deuda de 10 mil euros (más de 12 mil dólares) incluyendo una que ya venía arrastrando antes de 2008 cuando vine a Nicaragua a realizar mis prácticas de maestría en Cooperación en el Bufete Popular Boris Vega, la cual totalizaba 4 mil euros (casi 5 mil dólares), ya me sentía asfixiado como todo el mundo y fue cuando apareció la oportunidad de trabajo en Masaya”, expone.

La gente del mencionado Bufete Popular, ubicado en la Ciudad de las Flores, lo contactó al encontrarse sin su formulador de proyectos.

“Me ofrecieron, claro, un pago nica, de 500 dólares al mes, en mi anterior trabajo mi sueldo era en promedio de 1,700 euros (un poco más de 2 mil dólares), pero entre no tener nada y tener algo que serviría para hacer currículo, opté por tener el algo: el trabajo”, subraya.

Aunque admite que su mamá no estaba muy convencida de la decisión por el salario que le ofrecían.

“Ella pensaba que no iba a sobrevivir con eso, pero unos amigos cooperantes le indicaron que con eso yo podría vivir bien en un país como Nicaragua pues el costo de la vida no es tan alto como en España. Allá tienes que conseguir con quien compartir el piso (el apartamento) porque el 60% del sueldo se te va en eso, y te queda un poquito para vivir, la vida allá es dura, es difícil. Aquí es más fácil vivir”, enfatiza.

Nicaragua: “acertada” opción
Hoy día tras una estadía de tres meses en Masaya, Martínez deja entrever que su decisión fue “acertada”. Del salario que recibe el 10% va para el pago del cuarto donde vive.

Relata que opta por comer comida casera y tomar refrescos. Aunque extraña comer pescado todos los días. Sale a divertirse de vez en cuando y hasta puede ahorrar 100 dólares al mes. “Ahorro lo mismo en relación a lo que ahorraba con mi sueldo anterior, así que estoy bien”, afirma.

A eso suma el hecho de que está realizando una labor que va con su perfil profesional, con los mismos derechos que gozan los trabajadores nicaragüenses: atención a la salud, derecho a vacaciones y a aguinaldo, entre otras cosas.

“Cuando me preguntan sobre mi trabajo en Nicaragua yo digo que estoy haciendo lo que me gusta: estoy plasmando las necesidades de la gente en un papel y las traduzco en un lenguaje que entienden los financiadores europeos”, dice.

Eso “permite darle continuidad a los proyectos. El Bufete apoya mucho lo relacionado a gobernabilidad democrática, lucha contra la violencia de género y sub registro civil así que mi trabajo tiene un valor agregado, me gusta”, refiere.

Aparte de eso nadie lo discrimina por ser español, contrario a lo que ocurre con buena parte de nicaragüenses que van a laborar a España en trabajos domésticos o bien cuidando abuelos.

“La gente me trata bien, me habla bien. Además vivo en una ciudad tranquila, que tiene un ambiente de pueblo. Esto también me gusta mucho”, agrega. Martínez siempre se moviliza a pie y viste casual, lo que denota a una persona sin presión.

Pero resalta que en Masaya hay pandillas y que no cree que Nicaragua sea más las segura de Centroamérica porque a su juicio hay un sub registro en las denuncias ciudadanas. Sin embargo, al preguntársele si siente inseguro enfatiza de inmediato que “no”.

Incluso adelanta que prevé residir por varios años en el país. “La crisis en España durará entre cuatro o cinco años, así que prefiero estar en Nicaragua haciendo carrera en lo mío, adquiriendo experiencia, porque vengo sin prisa a Nicaragua”, apunta.

Parte del 8.6% de catalanes exiliados
En ese contexto está claro que no podrá visitar su país durante dos navidades. “Las navidades no las pasaré allá, no podré ir, pero no pasa nada. Me comunico con mi familia siempre. Pienso que lo que quiero es desarrollarme en mi profesión y Nicaragua es el país que me brinda esa oportunidad”, admite.

Martínez forma parte del 8.6% de españoles de Cataluña, situada al nordeste de la Península Ibérica, que están laborando fuera de España y de la Unión Europea, UE, como tal.

“Soy un exiliado económico porque en mi país no hay trabajo para mí ni para muchos profesionales. En España están formando licenciados, profesionales, que el mercado laboral no está absorbiendo. Es una gran debilidad. La gente se está asfixiando, entonces hay que salir para buscar un empleo que vaya de acuerdo a lo que uno estudia”, insiste.

Lo único a lo que no se acostumbra en Nicaragua es al horario laboral. “Allá en España, como cooperante podía entrar a las nueve o diez de la mañana, pero en Nicaragua tienes que entrar a las 8 de la mañana o a las 8:30 de la mañana, aquí tienen que verte entrar”, indica.

“Yo no entiendo mucho eso porque en trabajos como el mío lo importante son los resultados, si formulas los proyectos las 40 horas laborales de la semana eso está bien, si lo haces antes también… no tienes que apagarte a un horario como lo hacen en Nicaragua, pero yo estoy intentando adaptarme: llegar a las 8:30 de la mañana al bufete aunque salgo a las siete de la noche”, menciona entre risas.

Inclusive dice que algunas veces dedica algunos sábados al trabajo. “Pero no pasa nada con esto. Me gusta mi trabajo, me gusta Nicaragua y se la recomendaría a los catalanes, a cualquiera”, manifiesta tras resaltar que, en cambio, no aconseja a los y a las nicaragüenses optar por España.

“Allá la vida es dura, está muy mal, pero muy mal, la situación económica, y en realidad los trabajos que ellas consiguen son muy mal pagados y sufren atropellos, esa es una realidad, ojalá no se enrumben para allá, es mi consejo”, puntualiza.

Ticos lo maltrataron
El español Germán Martínez refiere que hace dos meses en la frontera de Costa Rica, lo maltrataron. “Uno de los funcionarios me rompió el pasaporte, yo reclamé, él no lo admitió, y yo reclamé, parece que quieren sumisa a la gente pero yo reclamé y por eso casi me apresaron”, comenta.

“Fue un ultraje. No sólo lo hicieron conmigo también con otros nicaragüenses. Me asusta la impunidad que hay en la frontera tica, allí los funcionarios hacen lo que quieren, y se sienten intocables. Nadie puede quejarse allá”, destaca.

Martínez ya ha puesto la denuncia a través de la Embajada de España en Nicaragua y espera una acción diligente de parte de sus funcionarios y con ello una pronta repuesta.