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El Obispo de la Diócesis de Granada, Boaco y Rivas, monseñor Jorge Solórzano, manifestó que al país le espera un profundo caos, como consecuencia del grave rompimiento de sus instituciones. Lo anterior lo dijo en relación con la ilegal decisión de los orteguistas, de integrar a siete personas sin facultades jurisdiccionales para la trascendental tarea de administrar justicia.

A su juicio, el país cada día se aproxima más al peligro de la desintegración institucional y de la crisis permanente. “¿Cómo vamos a vivir? ¿Cómo vamos a gobernar? ¿Cómo vamos a estar en Nicaragua si las cosas están así?”, se preguntó ayer Solórzano al celebrar una misa en la iglesia de Xalteva.

Diversas voces se han alzado contra semejante pulverización de la Corte Suprema de Justicia, CSJ. Los conjueces que usurpan el cargo de magistrados, sustituyendo a los que se han negado a aceptar el “Decretazo” del presidente Daniel Ortega y el “resucitado” artículo 201 de la Constitución, estarán conociendo a partir de hoy casos y sentencias, promoviendo el colapso institucional y las causales de nulidad perpetua de cuanto se resuelva con sus firmas.

En ese sentido, Solórzano agregó: “La población debe tomar conciencia de quiénes son los responsables de esta situación, porque el pueblo lo que quiere es la paz”.

El Dragón y la Mujer
Durante la homilía que celebró en honor a la Virgen de la Asunción, el Obispo habló de la lucha que existe entre el Dragón y la Mujer, y comparó al primero con todo aquello que va contra la dignidad de la persona, e incluso contra la institucionalidad, “porque eso va dañando la libertad y la vida de un pueblo”.

La mujer, en cambio, está reflejada en la Virgen Santísima que representa a toda la humanidad. “El dragón quiere arrebatarle el niño a la mujer, y representa el daño (por tanto), tenemos que orar y hacer conciencia a nuestro pueblo de la situación que estamos viviendo”.

“Las instituciones se mueven por dinero”
Solórzano criticó también, el cobro de los 300 córdobas que el Consejo Supremo Electoral, CSE, está haciendo por la emisión de cédulas, pero, además, por causar la división entre aquellos nicaragüenses que tienen el privilegio de no pagar por su documento y quienes sí tienen que hacerlo.

“Es una situación muy difícil en medio de tanta pobreza. Según leí en las noticias, en ningún otro país cobran por la cédula, sólo aquí, parece que el Dios-dinero está al centro de todo esto, y la gente y las instituciones se mueven por el dinero, no por servir”, expresó.