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Pakistán está sumido en el peor desastre natural de su historia, con 20 millones de afectados. Y cada día está más claro que lo peor puede estar por llegar. Una quinta parte de la superficie del país ha quedado bajo el agua tras casi tres semanas de fuertes lluvias e inundaciones.

La ayuda internacional está llegando, pero en poca cantidad, y no lo suficientemente rápido. Millones de personas todavía no han sido asistidas.

Ayer, el Banco Mundial se comprometió a dar 700 millones de euros (901 millones de dólares). La financiación provendrá del fondo del Banco Mundial para los países más pobres, la Asociación Internacional de Desarrollo.

“Estamos priorizando para hacer que los fondos estén disponibles de forma inmediata”, dijo la portavoz, Mariam Altaf. Por su parte, la ONU informó que tras la visita a las zonas afectadas de su secretario general, Ban Ki-Moon, las donaciones han aumentado rápidamente.

Entre lo entregado y lo prometido, ya se llega al 49.1% de los 356 millones de dólares que calculan necesarios para su plan de acción inmediata. España ha aportado un total de 3,629.464 euros (4.7 millones de dólares). A otras organizaciones y al Gobierno de Islamabad se le han dado unos 53 millones de euros (68.2 millones de dólares), según lo registrado por la ONU (podría haber más de lo que no se tenga conocimiento).

Poca ayuda y llega lentamente

La visita de Ban Ki-Moon tuvo un impacto positivo en la rapidez con que se han aumentado las ayudas (del 20 al 49% de lo requerido por la ONU en un par de días), pero. en general, hay consenso en que la comunidad internacional no está siendo suficientemente generosa ni rápida en la ayuda a Pakistán, dadas las magnitudes de la tragedia.

Aunque Islamabad no ha hecho una estimación de cuánto hace falta, asegura que no ha tenido la respuesta deseada. “Necesitamos mucha más ayuda y mucho más rápido para poder salir adelante en un desastre de magnitudes sin precedentes”, asegura a El País Ahmad Kamal, el portavoz de la Autoridad para el Manejo de Desastres (NDMA en inglés).

Las razones para la aparente apatía o lentitud en el socorro internacional al país surasiático son varias, explican los expertos.

“Puede ser que en agosto son vacaciones y la gente está menos al pendiente de lo que pasa. También que el tren de desastres en los últimos meses ha causado un cierto cansancio en los donantes”, cuenta Josep Prior, coordinador del proyecto de Médicos sin Fronteras en el valle del Swat.

Por otra parte, las imágenes de las inundaciones en los medios de comunicación son menos dramáticas que las de otros desastres, apunta. “A diferencia del tsunami o de los terremotos, en los que segundos de televisión explican lo que ha pasado, no es así con las inundaciones. Aunque no muere tanta gente, la calidad de vida de los afectados disminuye de una manera terrible”, asegura.

Tras las inundaciones, los organismos de ayuda temen una segunda oleada de muertes por las epidemias que se pueden transmitir muy rápidamente debido a las pésimas condiciones de salubridad en las que viven los afectados. Sin agua potable, sin comida, sin refugio y sumergidos en agua contaminada.

Por otra parte, con Prior coinciden otros expertos en que Pakistán tiene una muy mala prensa debido al terrorismo, la presencia de fundamentalistas islámicos y los talibanes. Además, sus gobernantes tienen escasa credibilidad ante la opinión internacional.

“Pero es muy importante que Occidente ayude a Pakistán en esta crisis, si no, habrá más pobreza, más militancia y más terrorismo”, asegura el reconocido experto en las relaciones entre Afganistán y Pakistán y los talibanes, Rahim Ullah Yousafzai.

Millones de personas lo perdieron todo y los extremistas pueden aprovecharse de la situación. De hecho, hay algunas informaciones que relatan cómo asociaciones caritativas islámicas, como Jamaat-ud-Dawa, están haciendo una labor en las áreas afectadas.

El mismo ministro de exteriores, Shah Mahmood Qureshi, reconoció en una entrevista a la BBC que la gente que está sufriendo podría estar tomando la ayuda de quien sea. “Alguien que tiene hambre o sed va a recibir la comida o el agua de quien se la dé, no le preguntará si es moderado o radical”, dijo.

Con Pakistán en medio de la tragedia y con el gran trabajo de reconstrucción que queda por delante, la estabilidad del país está en juego, según los analistas. “Si el Gobierno no maneja apropiadamente el trabajo de reconstrucción y rehabilitación, la ira de la gente se va a volver en su contra”, asegura el analista político y de defensa Hasan Askari Rizvi.

Para que el Gobierno salga a flote, debe cumplir con la promesa pública que realizó el primer ministro, Yusuf Raza Giliani, de que en los próximos días se formará una comisión independiente para manejar los fondos destinados a la reconstrucción. Las autoridades deben manejar con transparencia el problema para no perder la poca credibilidad que le queda, aseguran los analistas. 
Ofrecimiento histórico de la India.

India, la histórica enemiga de Pakistán (tras lograr conjuntamente la independencia de Inglaterra en 1946, el país se dividió, quedando India para los hindúes y Pakistán para los musulmanes, tras un trasvase de casi 20 millones de personas) ofreció 5 millones de euros en material de ayuda para la recuperación de las inundaciones. Una cifra muy criticada por lo poco que representa para la “potencia económica de la región”.

En un principio Pakistán dudó en aceptarla, pero finalmente lo hizo, siempre y cuando fuera dirigida a través de la ONU. “Recibir ayuda de India hiere su orgullo nacional”, comenta a El País un ex embajador de India en Pakistán, Gopalaswami Parthasarathy.

El ofrecimiento es histórico. “Porque por las dimensiones de la tragedia, hubiera estado mal si India no lo hubiera dado”, asegura el reconocido analista de las relaciones entre los dos países.

La última vez que India ofreció ayuda a Pakistán fue en 1978, cuando sufría de una fuerte escasez de trigo. En ese entonces Pakistán lo rechazó, y desde entonces no se había hecho otro ofrecimiento. Islamabad, por su parte, envió material de ayuda a Nueva Delhi tras el terremoto de Gujarat de 2001. “Pero nosotros sí lo aceptamos”, dice riendo el ex embajador indio.