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Aquella escuadra que irrumpió el Palacio Nacional en el que sesionaba el Congreso un agosto de 1978, celebra dividida un aniversario más de la gesta. Lo hicieron en nombre de una organización que hoy es gobierno con la mayoría de ellos en la oposición y líderes que bendicen las mismas prácticas que motivaron la acción.

En los años ochenta, la efeméride fue borrada del santoral gobernante, después de la rebelión de Edén Pastora. No era para menos, el famoso Comandante Cero era toda una leyenda, una figura principal del operativo, el rostro más conocido de la acción y un emblema de la guerra contra el régimen de los Somoza.

Hoy Pastora, acusado de traidor por sus ex compañeros de partido, volvió a sus filas y se le oye pregonar bondades de una forma de gobernar que él mismo combatió durante el somocismo y después desde una fracción armada que antes calificaron de contrarrevolución.

Dionisio Marenco, ex alcalde de Managua y una de las piezas claves en la planificación del histórico asalto, refiere que en los ochenta, esta celebración se hacía casi de forma clandestina con los miembros del comando. La idea era ir desplazando la figura de Edén Pastora, en ese momento en el movimiento armado ARDE (Alianza Revolucionaria Democrática), en la frontera sur del país. Hoy, 32 años más tarde, no duda que la conmemoración vuelva a la clandestinidad.

La acción que rayó en lo espectacular
La mañana del martes 22 de agosto de 1978, un comando que llegaba en dos vehículos diferentes, asaltó el Palacio Nacional, tomaron a unas dos mil personas, entre las que se contaban 60 diputados y senadores, periodistas y empleados del gobierno. Después el comando empezó una negociación con el dictador Anastasio Somoza Debayle y finalizada ésta, el comando logró salir hacia el Aeropuerto Internacional Las Mercedes, con 500 mil dólares, y los presos políticos liberados. Ésta es, en breve, la historia del asalto.

El aparato de seguridad del régimen prácticamente colapsó al no prevenir una acción de esta magnitud, sobre todo cuando los conspiradores dejaron rastros por doquier.

Incluso salieron de sus casas casi un mes después del hecho y nunca recibieron la visita de los oficiales de la Guardia Nacional. En menos de un mes estalló una insurrección popular en Managua y otros departamentos que desvió la atención del régimen hacia otras prioridades.

División interna

Después del asalto a la Casa de Chema Castillo en 1974, el régimen de Somoza desató una feroz persecución en contra del Frente Sandinista, eliminando a casi todos sus cuadros de dirección, lo cual en cierta forma, generó un excesivo optimismo en las esferas del somocismo.

Eso quizás explica en cierta forma la confianza que tenía el régimen de sí mismo, lo cual permitió que se organizara una acción de esta magnitud, superando incluso los ruidos de una división interna que amenazaba con abortar la operación.

Edén Pastora narra que los terceristas ya habían tomado la decisión de tomarse el Palacio Nacional pero tenían información de que la fracción GPP también realizaría una acción similar. De forma que se dieron a la tarea de buscar información sobre la magnitud de la operación que tenían planificada.

Es así que Óscar Pérez Cassar, uno de los jefes del Frente Interno de la fracción tercerista, decide entrevistarse con William Ramírez, de la GPP, para definir cuál sería la acción que realizarían. Sin embargo, ninguno de los dos soltaba “prenda” exacta de lo que harían, hasta que a Pérez Cassar se le ocurre decirle que la acción que harían los terceristas era la de secuestrar al Chigüin.

“En ese momento, Ramírez respondió que eso pondría en grave riesgo la operación que ellos harían, la cual se trataba de tomarse el Palacio Nacional”, relata Pastora.

Terminada la reunión, Pérez Cassar informa a la dirección tercerista que la GPP tenía planeado tomarse el Palacio y que la acción la dirigiría William Ramírez. Con eso se rompía el acuerdo y se dio la orden de hacer los preparativos para la acción, que se programó para agosto de 1978.

Se dice que la GPP se quedó vestida y alborotada, y que además ambos ya estaban preparándose. Finalmente, fueron los terceristas quienes la ejecutaron. Después de la acción, las fricciones entre las tendencias se hizo evidente, incluso con los prisioneros liberados, quienes asumieron posiciones de acuerdo con sus sesgos en la guerrilla.

“Yo tuve que hablar con Tomás Borge para decirle que los compañeros de la GPP habían asumido una actitud sectaria. No lo había notado, me respondió Borge, quien agregó que hablaría con ellos”, aseguró el general en retiro Hugo Torres, Comandante Uno del comando.

Los uniformes

Uno de los debates sobre la acción fue sobre los uniformes que se utilizaron para la acción, los cuales eran una réplica de los que usaban los soldados de la EEBI, grupo elite del régimen somocista.

Según los participantes fueron confeccionados por colaboradores del Frente. En ellos participó la esposa del más tarde vicepresidente de la República, Sergio Ramírez. Había una fuerte discusión con otros miembros del Frente Interno, como Joaquín Cuadra y el mismo Oscar Pérez Cassar.

Según Pastora, los dirigentes del Frente Interno eran del criterio de hacer la operación sin uniformes, lo cual fue considerado, según Hugo Torres, como un error grave, ya que se perdería el factor sorpresa. Finalmente, los uniformes llegaron y se pudo realizar la acción.

OSN tenía grave deficiencias

La “Operación Muerte al Somocismo, Carlos Fonseca Amador” se planificó en las narices del régimen, sin que éste se haya dado cuenta, o si lo hizo, no actuó para evitarla.

Según Dionisio Marenco, todo el comando se reunió en su casa ubicada en una colonia llamada Serranía, allí llegaron a estar hasta 40 personas, luego decidieron dividir el comando y enviar una parte a una finca en Tipitapa.

Edén Pastora estaba en Costa Rica y se traslada a Managua, donde la GPP, los terceristas y los proletarios (la otra facción del Frente) están trenzados en una disputa sobre los métodos para derrocar a Somoza. Durante la acción, dirigentes del Frente Interno sostuvieron conversaciones con los integrantes del comando dentro del Palacio, y el aparato de seguridad de Somoza no rastreó la llamada. Después de la operación, no realizaron ninguna investigación que los llevara a descubrir a los autores, ni siquiera investigaron de dónde salieron los vehículos.

“Yo salí de mi casa, la misma de donde había salido una parte del comando, hacia el norte donde estaba por iniciar la insurrección el 8 de septiembre de 1978”, afirma Marenco. Pero nunca llegaron a su casa, ni buscaron a nadie. ¿Sabía la OSN que el FSLN realizaría una operación de envergadura?
Según Marenco, la OSN no era lo suficientemente profesional como para dar seguimientos técnicamente a las informaciones que recibía. Trabaja con el garrote, agarraba a alguien le sacaban información y después iban y apresaban.

Hugo Torres asegura que la seguridad de Somoza no estaba bien desarrollada, y que, efectivamente, tenía muchas debilidades.