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Fue testigo del terremoto de Managua en 72 y de los golpes de Estado en Chile y en Argentina. Coronó una carrera profesional en teatro, siguiendo el talento de su padre por la declamación, y es miembro de una de las más estimables familias de Masaya.

Nos referimos a Leandro Aníbal Sánchez Aráuz, de 42 años, hijo del nicaragüense Rodolfo Sánchez Aráuz y María del Carmen Sosa, de nacionalidad argentina. Leandro, quien se define como un nica-argentino-guanaco lleva 24 años de bregar en el teatro, sin olvidar sus raíces nicaragüenses.

Presentó el jueves 19 de agosto en el Teatro Nacional “Rubén Darío” la obra “Marx ha vuelto”, y compartió con los lectores de END aspectos de su vida y sus experiencias teatrales. Leandro hizo sus primeros estudios en Argentina, Nicaragua y El Salvador. Es en este país donde reside.

“Mi atracción por el teatro comenzó desde que estaba muy pequeño, cuando presencié muchas obras de teatro, sobre todo en Santiago de Chile, país del que me acuerdo salimos corriendo porque nos agarró el golpe de Estado de Pinochet a Salvador Allende. Nos fuimos para Argentina”, contó.

Relata que desde muy niño lo atrajo la actuación. “En Argentina, mi mamá me llevó a ver muchas obras de teatro, y cuando tenía 17 años y cursaba el cuarto año de bachillerato, opté por ir a la escuela provincial de teatro de La Plata”, rememora Leandro.

Su vida ha transcurrido entre Nicaragua y Argentina
En 1986 regresó a Nicaragua y se matriculó en la UNAN para estudiar Medicina, pero en los festivales culturales que se hacían ahí redescubrió su vida artística. “Es que cuando había que animar o hacer una obra yo me ponía a la orden”, explicó. Eso lo llevó a preguntarse por qué estudiaba Medicina.

A mediados de 1986, en la UCA, se abre una escuela de teatro a cargo del salvadoreño Baltasar López. “El maestro Baltasar me entrevistó y me dijo: ‘Leandro yo creo que vos tenés talento para el teatro, y es más, no creo, estoy seguro’”.

Empezó a cursar en la UCA el taller de teatro, y en agosto de 1986 presenta su primera obra en una muestra de aficionados que organizó la entonces ASTC (Asociación Sandinista de los Trabajadores de la Cultura) y que se llamó “Como Greenwich”, de Mario Benedetti.

“Hice mis primeros pininos, y tuve tanta suerte que en 1987 comenzaron a hacer una serie de televisión y buscaron a actores, y me eligen a mí para hacer un papel en una producción que se llamaba Los Estradas”, dijo.

Pedro Navaja

En 1990, Leandro fundó el grupo de teatro de la UCA, y empezó a montar obras como “El león enamorado”, “El oso”. El Teatro Nacional “Rubén Darío” lo llama a formar parte de sus filas, en el sentido de que esa institución ya estaba haciendo producciones propias, y así participa en 1992 en la verdadera historia de “Pedro Navaja”, que dirigió el cubano Nelson Dorr.

En 1993 participó en la obra “Bodas de Sangre”, que dirigió Mario Pérez Calero, y de forma paralela Leandro seguía trabajando con el taller de teatro de la UCA, con el que recorrió toda Nicaragua y visitaron Colombia, donde presentaron una de las obras.

En 1996 hubo un decrecimiento en el teatro. “No teníamos estímulo para nuevas producciones, y recibí una llamada de El Salvador, de Baltasar López, quien se había ido a su país después de los acuerdos de paz. La llamada era para actuar”, recuerda nuestro personaje.

El salvadoreño le ofreció dos obras, dos personajes, y que se fuera tres meses a El Salvador para formar parte de un proyecto circulante (de teatro). Era un camión de mudanza que se había adaptado como un escenario móvil.

“Me fui por tres meses a El Salvador y ya llevo 15 años, así que ya en ese país surgió otra historia, porque después de ser parte del teatro circulante, después me llaman para impartir clases para niños. Desaparece el teatro circulante, pero ya estoy inmerso en el ambiente teatral de San Salvador”, dijo.

En 1997 montó la obra de teatro “Ñaque o de piojos y actores”, que es prácticamente la obra con la que debutó en Nicaragua en 1987. “Diez años después la vuelvo a montar con Baltasar López en San Salvador, e incluso la volví a presentar en 2008, porque es una obra que me renueva como actor”, relata.

En 1998 pasó a formar proyectos con distintos grupos de teatro de El Salvador, y salta a “Sueño de una noche de verano”, de Shakespeare:

“Los Sin Vergüenza”
Montó un sinnúmero de obras, y cumple 24 años de carrera artística. “Llevo en mi haber más de 45 espectáculos que se han llevado a cabo en El Salvador, Guatemala, Honduras, Nicaragua, Colombia, España y Suecia”, agregó.

A partir de 2007 y después de andar con diversas compañías y grupos de teatro, se dijo a sí mismo: “Hombré, voy a hacer mi propio grupo”. Cuenta que se asoció con un amigo de nombre Enrique Valencia, y vuelve a montar la obra “Ñaque”, porque quería celebrar sus 20 años de carrera profesional.

Es ahí donde nace su grupo de teatro “Los Sin Vergüenza”. Cuando le preguntamos por qué escribe separado el calificativo, Leandro dice: “Hay gente que me lo pone junto, pero la verdad es que hay muchos sinvergüenzas juntos, pero yo soy separado”.

Idea fija con un monólogo

Leandro siempre soñó con montar un monólogo. “Pero me daba como miedo y me decía: ‘tengo que buscar un buen texto, un buen director porque, yo no puedo dirigir y actuar en esa especialidad’. Hace cinco años me encontré con la obra que hice en Managua (en el Teatro Nacional “Rubén Darío”) el pasado jueves 19 de agosto”, contó.

La obra original se llama “Marx en el Sojo”, que es el barrio de Londres donde vivió Marx durante muchos años, donde se afilió a la Internacional Socialista, donde escribió El Capital, pasó penurias y creó su gran amistad con Federico Engels. Le cambió el nombre por el de “Marx ha vuelto”.

“Yo le hice a la obra (original del norteamericano Howard Zinn) una adaptación dramatúrgica. Hice la adaptación porque un día soñé con hacer un espectáculo donde quería tener todo en una maleta y recorrer varios países, y esto “es la gira que llevo a cabo, que abarcará siete países con más de 12 presentaciones”, añadió.

La obra “Marx ha vuelto” la inició en El Salvador el pasado 11 de agosto; el 14 de este mes la presentó en Tegucigalpa; el 19, en la Sala “Pilar Aguirre”, del “Rubén Darío”, donde no actuaba desde 2001.

Entre el 26 y el 29 de agosto llevará la obra a Panamá, donde también impartirá talleres y seminarios de actuación y de “Clown labor”, que hace con su hijo mayor Leandro Sánchez. Su hijo es un “Clown” profesional (una versión del payaso de una manera más estilizada).

Después de culminar la gira teatral está invitado a tres festivales internacionales, porque después de Panamá se dirige a presentar la obra a Argentina, donde también participará en dos festivales internacionales en la ciudad El Dorado, donde se llevará a cabo el undécimo encuentro de la Cultura Mercosur.

Luego bajará a la ciudad donde nació, La Plata, donde le tocará abrir el V Festival de Teatro y Danza de esa provincia de Buenos Aires, ciudad donde dejó el ombligo y donde soñó actuar. Esto vendrá a cerrarle un círculo en su vida profesional, en el lugar donde comenzó a gustarle el teatro.

Después subirá al Festival de la Asunción, en Paraguay, que se realizará del 26 de septiembre al 4 de octubre, para luego terminar la gira en Lima, Perú, el 7 y el 8 de octubre, siempre con la obra “Marx ha vuelto”.

El Marx de su monólogo

El autor hace en la obra un estudio biográfico de un Marx que muy pocas personas conocen, y “por eso me interesó la obra, porque puedo mostrar un Marx más humano, porque todo ha sido ideologizado, muy cuadrado, muy serio, filosófico y profundo”.

“Aquí --con mi adaptación-- vemos un contexto político sociohistórico, y todas las vicisitudes que él pasó para poder exponer su pensamiento, pero también vemos a Marx en su vida familiar; cómo fue su esposa Jenny, quien fue una mujer increíble que lo apoyó, estuvo con él, lo siguió en sus exilios y le parió seis hijos”.

La obra refleja un encuentro imaginario de Marx con el anarquista ruso Mijaíl Alexándrovich Bakunin. Aclaró que el no es marxista “--tampoco Marx lo era-- sino que como actor rescato a un hombre que se la jugó por sus ideas. Yo podría haber hecho un monólogo de la vida de Jesucristo, porque soy actor y estoy al servicio de aquellas cosas que pueden afectar a un público, al que, en definitiva, nos debemos los actores”.

En medio de golpes de estado

En 1968 llegó con sus padres a Managua procedente de Argentina; en 1972 “nos agarra el terremoto, mi papá se va a Chile y nosotros llegamos en abril de 1973, y tenemos que salir corriendo ese año cuando Pinochet le asestó el golpe de Estado a Salvador Allende”.

Al llegar a Argentina, en La Plata --en 1976-- se produce otro golpe de Estado ejecutado por el general Jorge Videla para derrocar el gobierno de María Estela Martínez de Perón, y se vienen para Nicaragua, donde le tocó ver el derrocamiento de la dictadura somocista.

En El Salvador no se ha escapado de esas sacudidas y ya ha pasado por dos terremotos.