Lésber Quintero
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Esclarecer los crímenes ocurridos en las áreas aledañas de la Frontera de Peñas Blancas, se ha convertido en una difícil tarea para la policía departamental de Rivas. Para evitar que estos crímenes queden en la impunidad, algunos familiares de las víctimas han acudido al Centro Nicaragüense de los Derechos Humanos (Cenidh), para denunciar la carencia de justicia y exigir el esclarecimiento de los asesinatos.

Una de las que buscó el apoyo del Cenidh es doña Mercedes Pavón Gutiérrez, quien desconoce quién y por qué asesinaron de seis balazos a su hijo, Edwin Ardiel Mayorga Pavón, cuando éste regresaba de Costa Rica.

El crimen ocurrió el 26 de julio de 2009, en el kilómetro 140 y medio de la carretera Rivas-Peñas Blancas, frente a la Finca Ostayo, cercana a la frontera con Costa Rica. Eso es lo único que sabe doña Mercedes, ya que en la Policía nunca le detallaron qué ocurrió con su vástago.

En su momento, la Policía confirmó a los medios de comunicación que el cadáver presentaba impactos de bala en ambas piernas, hombro izquierdo, glúteo derecho y costado izquierdo y que el deceso ocurrió entre las nueve y diez de la noche del 26 de julio.

Según doña Carmen, su hijo vivía con ella en el barrio Hugo Chávez, de Managua, y el 18 de julio salió rumbo a Costa Rica a buscar a su cónyuge, Carla de los Ángeles Alfaro Rojas, “pero estando en Costa Rica fue deportado por falta de documentos y regresó al país. Decide pasar visitando en Sapoá a unos familiares y el 27 de julio me avisaron que lo habían asesinado”, contó.

Agregó que ella como madre exige justicia y que como recuerdo de su hijo tiene bajo su custodia una niña de tres años y un niño de cuatro. A la vez manifestó que su hijo fue miembro del Ejército y que ella nunca conoció que anduviera en actividades ilícitas, ni que tuviera enemigos, los cual contradice lo que en su momento el informe de la Policía quiso concluir: pasada de cuentas.

Desde 2004 se contabilizan más de veinte

Este crimen es uno de los últimos que han quedado en la impunidad, ya que desde 2004 a la fecha, sobresalen 25 en el borde fronterizo y más de quince continúan impunes y en total misterio. En su mayoría tienen ribetes del crimen organizado.

La lista inicia con Rigoberto José González, de 17 años, asesinado a las siete de la noche del doce de febrero de 2004 por tres encapuchados que llegaron hasta su casa de habitación, localizada en Pueblo Nuevo Sur, en el municipio de San Juan del Sur. Los tres sujetos ingresaron con lujo de violencia revisando los cuartos y buscando a alguien apodado “El Bizco”, y al ver a González le quitaron la vida a balazos, golpearon a sus abuelos y se dieron a la fuga.

En tanto, en mayo de ese año se encontró en la comarca Cañitas, del municipio de Cárdenas, los restos de un hombre en completo estado de descomposición. El cadáver presentaba indicios de violencia y fuertes golpes en el cráneo. Al final ni siquiera la identidad del occiso se conoció.

El 14 de septiembre de ese año también fue encontrado en completo estado de descomposición el cuerpo de Eyner Bautista Palma Meléndez, de 17 años. El cadáver fue encontrado en un potrero de la finca “El Pleito”, de la comarca de Sota Caballo, y doña Alba del Socorro Palma había reportado a su hijo como desaparecido desde el ocho de septiembre.

Entre los crímenes de 2005 sobresale el de Olmedo José Aburto López, de 48 años, quien el 25 de noviembre de 2005 fue asesinado en el punto ciego de la frontera conocido como Las Torres Gemelas. En ese lugar el cadáver fue encontrado en estado de descomposición, y según la versión que brindó la Policía, Aburto López era un traficante de indocumentados.

Su cuerpo presentaba un impacto de bala que ingresó por la parte de atrás de su cabeza y otro en la parte izquierda de la espalda. El hombre era originario de Nandaime y en su momento la hipótesis del móvil es que fue asesinado por otro grupo de traficantes.

En mayo de 2006 fue encontrado dentro del pozo de una casa del área rural de Cárdenas, la estructura ósea de una persona cuya identidad nunca se conoció y mucho menos las razones y la manera en que fue ultimada.

Con todo lujo de violencia

En circunstancias también desconocidas fue asesinado atrozmente Walter José Acosta Jirón, de 29 años quien recibió cinco estocadas entre el abdomen y el tórax, y al caer indefenso, le golpearon la cabeza con piedras, hasta destrozársela.

El crimen ocurrió el primero de julio de 2007, por la noche, en el sector de La Guasimada, un punto ciego de la frontera sur. A la escena del crimen se presentó Marvin Antonio Acosta Jirón, quien tras identificar a su hermano se trasladó a la Policía, para presentar la denuncia.

Durante 2009, junto al asesinato de Edwin Ardiel Mayorga Pavón, sobresale el del tico Oliver Barquero, de 36 años, quien falleció el doce de octubre en la comarca de Colón, producto de dos escopetazos que le realizó en la cara un rivense.

Uno de los crímenes que sigue bajo el misterio es el del ex miembro de la Guardia Nacional, Mercedes Roberto Martínez Chávez, quien el diez de febrero de 2008 fue ultimado de varios disparos en el sector fronterizo de El Mancuerno, del municipio de San Juan del Sur. La víctima, de 66 años, se dirigía a suelo tico en un caballo y al ser emboscada pereció con todo y el equino. Presentaba 32 perdigones de bala.

Este año

En lo que va de 2010 fue ultimado con cinco impactos de bala, Elis Manuel Rodríguez López, de 26 años, quien habitaba en el sector fronterizo con Costa Rica. El cuerpo de Rodríguez López fue encontrado el diez de marzo frente a una puerta que está en la entrada a la finca “Cara de Guaro”, de la comarca Tortuga.

De la impunidad de estos y otro crímenes ha sido imposible conocer la versión actual de la Policía de Rivas.