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Raúl González se preparaba para dormir. Estaba cansado, pues aunque era viernes le había tocado pesado el día de trabajo. Antes de encomendarse a Dios como lo hace todos los días, sopló la candela que le ilumina “el ranchito” que levantó en uno de los terrenos que le cedió la Alcaldía de Managua, ALMA, en el barrio “Camilo Ortega”. Afuera llovía a cántaros.

No había terminado de acomodarse cuando sintió que algo chocó contra los tablones y el zinc que hacen de pared en su vivienda. “Al segundo del impacto, escuché el alarido como de horror de una mujer”, agrega. Sin pensarlo se lanzó de la cama, pensó en buscar el machete que guarda bajo la cama, pero el grito de otra mujer ya no le dio tiempo.

“¡Auxilio!”, gritaba la voz. “¡Hay que ayudar a Chico! ¡Apúrense!” Dice Raúl que la lluvia y la oscurana volvían más difícil imaginar que el llamado era para intentar salvar la vida de sus vecinos, una pareja y su hija, a quienes la vivienda que habitaban les había caído encima producto de las lluvias de los últimos días.

Nada estaba en pie
Al abrir la puerta de su casa, lo primero que observó fue que la casa vecina ya no estaba, no existía simplemente. Sólo se miraban escombros.

La gente que llegó primero que él, llamaba a sus vecinos por sus nombres, y nada… no había respuesta. Tablones, zinc, sacos con tierra que se deslizaron desde las viviendas más altas, terminaron soterrando al matrimonio.

Todo hacía indicar que la joven Floricela Valerio estaba amamantando a su niña, Jennifer Salazar, de 18 meses, cuando la casa se les vino encima. “Lo decimos por la posición en que las encontramos. Estaba una encima de la otra. En tanto Francisco (Salazar), permanecía todavía en la cama, en una esquina del cuarto”, contó don Raúl.

“Teníamos la esperanza de sacarlos con vida, pero no fue posible, y al desenterrarlos no tenían signos vitales”.

Agentes de la Policía junto a miembros del Benemérito Cuerpo de Bomberos llegaron al lugar, pero no pudieron ingresar con equipos de rescate, ya que había que subir 120 metros para llegar a la parte plana. Cada hombre de los que vivían en los alrededores, fueron los que sacaron los cuerpos de las faldas del cauce donde pereció el matrimonio.

CPC los ubicó en los terrenos
Según vecinos, las familias fueron ubicadas allí por el Consejo del Poder Ciudadano, CPC, del anexo “William Galeano”, con la aprobación de las autoridades de la comuna. Hace seis meses el coordinador del CPC, Carlos Sandino, recolectó una lista de las personas que querían ir a instalarse a esa zona.

Estando allá, la organización “Un techo digno para mi país”, llegó a construir algunas casas. “Somos más de 25 familias las que vivimos aquí, la necesidad tiene cara de perro, sabemos que es peligroso, pero no teníamos más que venirnos a este lugar, peor era nada”, lamentó Antonia Escobar, todavía muy consternada por lo ocurrido.


Promesas de “casa digna”
Tras la tragedia, la Alcaldía mandó a desalojar a las personas, y según los mismos afectados, la alcaldesa Daysi Torres llegó al lugar y les dijo que los ubicaría en una zona menos peligrosa.

Mientras, fueron llevados al Colegio “Jehová mi Proveedor”, que según dijeron funcionará como albergue, mientras les dan una solución. “Lo que queremos es un vivienda digna y vivir en un lugar donde nuestras vidas no peligren”, dijeron.

En horas de la mañana de ayer, dieron cristiana sepultura a Francisco, Floricela y Jennifer.