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La situación de riesgo como resultado de la pobreza extrema en la capital se puede ver reflejada en algunos lugares, donde se supone que ningún ser humano debería habitar. Pero existen. EL NUEVO DIARIO visitó dos de ellos: el anexo al barrio “18 de Mayo”, ubicado en un cauce, y el barrio Ayapal, donde en la ladera de un embalse inconcluso se han construido más de 20 casitas.

“A veces duermo y a veces no duermo, hermano. Cuando está lloviendo tengo que estar, como dicen, posteando, por mis niñas”. Así describe su situación un poblador del anexo al barrio “18 de Mayo”, en el Distrito V de Managua.

En realidad, el barrio --más que un barrio-- es un pequeño caserío de unas 80 casitas de plástico y ripios de madera, ubicados a lo largo del cauce del mismo nombre, y que cada vez que llueve viven un verdadero calvario, ya que las corrientes los mantienen en riesgo permanente.

Se vino de “Milagro de Dios”

“A la hora de la hora, pues, yo tengo que trepar corriendo (a la parte alta del cauce) y que se lleve lo que se lleve”, afirma el poblador que no quiso dar su nombre, quien llegó al barrio cuando se cansó de estar pagando 600 córdobas para alquilar un cuarto en el bario Milagro de Dios. “Vino un carajo y me dijo que me viniera para acá, que aquí las cosas eran difíciles, pero estaría más tranquilo sin pagar nada”.

El martes, la alcaldesa de Managua, Daysi Torres Bosques, al dar un informe de los daños provocados por las lluvias, se refirió a esta parte de Managua, expuesta a las corrientes, exponiendo el serio problema de la vivienda en el país.

Según Torres, no habían terminado de sacar a los pobladores cuando otro grupo llegaba a instalarse en el lugar que habían desocupado.

“Sí, yo sé que es riesgoso, pero donde estaba tenía que pagar un cuarto, el más miserable vale 800 córdobas”, aseguró Alba María Aguirre, una pobladora del lugar que espera que la alcaldía la apoye para salir de esta situación.

Ya la corriente va llegando a la casa, “la arena está subiendo y nos va a llegar. La primera lluvia de la semana pasada arrasó y se llevó unos palos al otro lado”, expone preocupada Aguirre, quien se dedica a lavar y a planchar, y ocasionalmente logra dedicarse al comercio informal en las calles de Managua.

Sacan a unos y llegan otros

Su casita está a metro y medio del nivel por donde corre la corriente del cauce, y afirma que no puede moverse, ya que no cuenta con los recursos.

Explica que la alcaldía, efectivamente, logró evacuar a unas 50 familias que estaban sobre el cauce. Esto fue en noviembre, sin embargo, el lugar está como si no hubiera pasado nada, ya que está ocupado por nuevas casitas de plástico y nuevas familias.

“Se están poniendo de nuevo, sólo nos hemos quedado nosotros, que nos dijeron que nos iban a ayudar, pero no alcanzamos allí. Eso fue en noviembre del año pasado. Quedaron como 80. Se llevaron 50 al barrio Grenada”, afirmó Aguirre.

Meylin Yaosca García Salazar es una jovencita que vive con su pareja y su hija en una casita de madera, en el lugar donde el año pasado estaba otra familia. Ella dice que le compraron el terreno a una señora.

Ella y su pequeña familia tienen pocos meses de estar en el lugar, lo mismo que otras personas que incluso apenas empiezan a construir el techo de las humildes viviendas.

Ayapal en riego doble

Ayapal ha sido conocido también por las inundaciones y por la represa inconclusa que con cada lluvia amenaza con rebalsarse sin que las autoridades de la Alcaldía hayan hecho nada, pese a que este año se destinaron 13 millones de córdobas.

Sin embargo, en la ladera de este embalse se han ubicado alrededor de 20 casitas que también están expuestas a las lluvias, aun cuando los pobladores dicen que no existe ningún riesgo.

“Hay una gran equivocación. Aquí no hay corriente, las corrientes que caen son las del techo de las casas, desde allá hasta la laguna”, afirma Dina María Puerta, pobladora del lugar, quien señala que en realidad el principal problema del barrio es que el embalse inconcluso y desatendido está recibiendo no sólo el agua de la lluvia, sino aguas negras provenientes de un manjol en mal estado.

Pobladores del lugar señalaron que con las lluvias del fin de semana, el embalse llegó casi al tope, por lo que según afirman, con un poco más de lluvias el barrio podría inundarse.

Este embalse fue diseñado para que permitiera la acumulación de las aguas de los barrios cercanos, y luego evacuarla gradualmente hacia los drenajes de la capital y evitar de esa forma las inundaciones en el lugar.

No obstante, y pese a que se destinaron millones de córdobas para su construcción y mantenimiento, el beneficio ha sido nulo, y más bien supone un grave riesgo de inundación y para la salud.