José Adán Silva
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La muerte del noveno comunicador en lo que va de 2010 en Honduras, encontró al periodismo de ese país atemorizado como nunca, y tan dividido como si el golpe a Mel Zelaya hubiese ocurrido ayer y no el 28 de junio de 2009.

El cuerpo del comunicador Israel Zelaya Díaz fue encontrado la tarde de ayer en un sector de las cañeras, en Villanueva, Cortés, al norte de Honduras. Presentaba heridas de bala en la cabeza, y según la versión oficial de la Policía, fue secuestrado en un taxi y su cuerpo tirado en el lugar.

Su muerte, al igual que la de ocho periodistas más y la de un locutor radial, generó tímidas reacciones de la prensa local, que aunque destacó el hecho en sus páginas y sitios web, lo trató de vincular, en algunos casos, con un crimen común y no como una acción generalizada contra los medios.

No le robaron

Las autoridades hondureñas informaron a los medios que tenían indicios del crimen del periodista sampedrano.

“En un tiempo apropiado y corto tendremos un panorama de qué sucedió, y vamos a dar a conocer a la opinión pública lo que no puede afectar la naturaleza del proceso investigativo”, dijo el jefe de la Policía Nacional en San Pedro Sula, Héctor Iván Mejía.

Mejía señaló que se habló con sus compañeros de trabajo, para “tratar de establecer si en algunos de sus comentarios pudo haber algo fuerte que hubiera generado un ambiente de enemistad con ciertas personas”.

La Fiscalía informó ayer que durante el reconocimiento del cuerpo se descartó el robo como motivo del crimen, porque se encontraron sus documentos, reloj y teléfono celular en su pantalón. El cadáver presentaba tres balazos.

Los 12 muertos

Zelaya, de 62 años, empezó su labor profesional a finales de los 60, y durante su larga trayectoria laboró como reportero de diferentes medios, incluyendo las dos radios más importantes del país con sede en la capital, HRN y Radio América, así como del diario La Tribuna.

Este asesinato se suma al de los periodistas Luis Arturo Mondragón (14 de junio), Georgino Orellana (20 de abril), Manuel Juárez y José Bayardo Mairena (26 de marzo), Nahúm Palacios (14 de marzo), David Meza (11 de marzo), Joseph A. Hernández Ochoa (1 de marzo) y Luis Chévez. Todos ellos muertos en 2010.

En 2009 murieron los comunicadores Bernardo Rivera Paz (13 de marzo), Santiago Rafael Munguía (31 de marzo) y Gabriel Fino Noriega (3 de julio).

Todos los hechos permanecen impunes a pesar de que organismos nacionales e internacionales de Derechos Humanos han exigido al Gobierno de Porfirio Lobo hacer una investigación exhaustiva de los crímenes.

Clamor mundial

El Colegio de Periodistas de Honduras se solidarizó con los familiares del periodista, y pidió al Ministerio de Seguridad establecer cuáles son los móviles de las nueve muertes de comunicadores que han ocurrido este año.

La organización Reporteros Sin Fronteras (RSF) denunció el asesinato del periodista hondureño, y reiteró su preocupación por el aumento de amenazas contra los reporteros que se opusieron al golpe de Estado en Honduras.

Reporteros sin Fronteras aún no quiere referirse a un patrón sistematizado de eliminación de periodistas en Honduras. “Sin embargo, ya hablamos de diez periodistas asesinados, y eso es mucho”, explicó a Radio Nederland, Hervieu Benoit, portavoz en París de RSF.

La organización subrayó en un comunicado que, aunque las causas de este nuevo crimen de un periodista hondureño son aún desconocidas, “no debe servir como pretexto para descartar desde un inicio la pista profesional o política”.

Infierno para periodistas

RSF denunció que “todavía no se ha hecho justicia por la hecatombe de la que es víctima la prensa hondureña desde hace catorce meses”, y subrayó que “la represión y las amenazas contra los medios de comunicación que se opusieron al golpe de Estado no han cesado”.

Otras organizaciones, como la Sociedad Interamericana de Prensa, Unesco y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, también han pedido una investigación de todas las muertes de los periodistas.

Ayer mismo el Instituto Internacional de la Prensa (IPI) advirtió mediante un comunicado que, en América Latina, Honduras es el segundo país del mundo más peligroso para los periodistas, después de México.

Prensa dividida

“Aunque el motivo del ataque al señor Zelaya no está aún claro, nos gustaría subrayar de nuevo que Honduras se ha convertido en uno de los países más peligrosos del mundo para los periodistas”, detrás de México, afirmó en un comunicado emitido en Viena, Anthony Mills, jefe del departamento de Libertad de Prensa del IPI.

En su nota, el IPI recuerda que ya el pasado marzo, tras el asesinato de tres periodistas en dos semanas, este organismo remitió una carta abierta al presidente de Honduras, Porfirio Lobo, para expresarle su preocupación por esta situación, una misiva “a la que el IPI aún no ha tenido respuesta”.

Contrario a la posición de los medios locales, que minimizan el hecho al vincularlo a un crimen común, la red mundial de editores de medios dijo que en Honduras todo hace indicar que las muertes han ocurrido “a causa de sus labores profesionales”.

A raíz del golpe de Estado, en junio de 2009, al ex presidente Manuel Zelaya, el gobierno de facto ordenó allanamientos, mordazas, persecución y amenaza contra medios críticos al nuevo régimen de ultraderecha.