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Cientos de discapacitados desfilaron esta mañana para pedir una reforma legislativa que amplíe el acceso a una pensión estatal, que sólo cubre a 600 inválidos en un país donde se calcula que medio millón de personas tiene algún tipo de discapacidad.

Durante su recorrido, con motivo de la semana del discapacitado, también pidieron la aprobación de un proyecto de ley que busca facilitar su acceso a la educación y al trabajo, y a mejorar sus condiciones mediante la construcción de rampas en los edificios.

"Cuando reconoces mis derechos, somos iguales", rezaba una de las pancartas que llevaban cientos de personas con todo tipo de discapacidad. "Luchamos por una educación exclusiva", se leía en otro de los carteles enaborlado por los manifestantes entre los que había niños, jóvenes y adultos con síndrome de Down, cuadripléjicos, microcefalia, paralíticos y sordomudos.

El desfile estuvo encabezado por cadetes del ejército y 'palillonas' (bastoneras). Los participantes desfilaron a pie y en carrozas con coloridos trajes folklóricos, disfraces alusivos a la naturaleza y rústicas sillas de rueda.

"Yo bailo, hago chapas (aretes) y cadenas" artesanales, explicó Ester Morales, una joven de 30 años con microcefalia, que forma parte del grupo de danza folklórica de la Asociación de Padres con Hijos Discapacitados "Los Pipitos", que conmemoró sus 23 años de actividades.

Esta organización atiende 22.000 inválidos de todo el país con programas de rehabilitación para ayudar su acceso a la escuela y el trabajo.

El grupo está integrado por mujeres con retraso mental que han encontrado en la danza una actividad que las hace sentir "muy felices", sostuvo Indira Arteaga, quien contrajo una lesión cerebral a raíz de una caída cuando era pequeña. "Ahorita tenemos un grupo de danza, a veces bailamos la comadre (una pieza folklórica), bachata o reague", relató por su parte Gabriela Avellán, de 25 años.

Cerca de ellas, Graciela Ramírez, una menuda cuadripléjica de 17 años, se abría paso con su silla de rueda adornada con globos con ayuda de su madre. Graciela depende del cuidado de su madre, Digna Montalbán, quien vive en la extrema pobreza en un barrio de la capital, donde con ayuda del vecindario y una pequeña asistencia que le brinda Los Pipitos compra comida y los medicamentos para su hija. "Somos muy pobres, todavía no me explico cómo he logrado pasar toda esta travesía con mi hija", expresó la mujer con lágrimas.

Se estima que más de medio millón de personas en Nicaragua -un país con menos 5,5 millones de habitantes- sufre algún tipo de discapacidad congénita o adquirida.